ENCUENTROS NOCTURNOS #3
Pasó al lado de su hermana y la dio otro beso rápido en la cabeza sin detenerse, a la par que esta le acariciaba el brazo sin querer soltarlo. No obstante lo hizo y su hermano al de pocos minutos ya estaba montado en el taxi.
La fiesta se fue un poco de las manos y cuando se quiso dar cuenta los recuerdos de buena parte de la noche habían sido borrados de su memoria.
Más o menos recordaba todo en general, tomar copas, más chupitos, bailar y cantar como loco con sus amigos.
Hubo un momento de bajón propio del alcohol, en el que trató de mandarle un mensaje a su novia, pero desistió en el último momento.
Siempre recordaba una frase de uno de sus amigos que le saltaba como una alarma en esos momentos, “borracho y de madrugada, los mensajes no llevan a nada”.
Ya en el taxi de vuelta, fue recobrando un poco más la compostura, se encontraba bien, aunque seguramente lo pagaría al día siguiente en forma de resaca, casi podía vislumbrar el peaje que iba a pasar.
Sin embargo todavía quedaba por hacer una cosa.
Con el móvil en la mano y cerciorándose que su amigo de la derecha estaba dormido (estaba desnucado y roncaba con la boca abierta), encendió la pantalla y abrió el Instagram.
—Voy.
—Estoy en casa, acabo de llegar. —respondió Alicia al de un minuto. Añadió acto seguido— ¿Te apetece hacerme compañía?
—Dame la dirección.
La dirección llegó y justo el taxi entró por el pueblo, faltaba poco para que por fin pudiera desatarse. Sin embargo había pasado por alto el mensaje que tenía en la pantalla, lo abrió sin saber quién podría ser, era Laura.
—Voy para casa, ¿por casualidad no vendrás ahora? Para no ir sola.
El taxi justo paró en el lugar indicado donde le había comentado y con la mano se despidió de sus amigos, dejando su parte correspondiente del viaje.
El coche arrancó y vio cómo se perdía dirección a la siguiente casa de sus amigos.
Entre las luces de las farolas que iluminaban la solitaria calle, el joven se vio solo y… libre.
Sergio echó un vistazo a la calle, era de noche y no había nadie. Caminó con el viento frío golpeándole el rostro y las manos en los bolsillos para mantenerlas calientes. No pensaba en nada, solo su cerebro se activó al llegar al cruce donde debía girar.
Había más de una calle, pero a él solo le interesaban dos, a la izquierda la pendiente que le llevaría a su casa y a la derecha una cuesta en dirección al hogar de Alicia.
Se quedó de pie embobado, el aire helado le dio un poco de sensatez a su atrofiada mente y ahora la imagen de Marta aparecía en su cabeza.
¿Para qué iba a hacerlo? La chica solo le gustaba para un rato, nada más ¿iba a fastidiar una relación por un simple coito?
Las preguntas le comenzaron a comer la cabeza y por un momento se sintió mareado, cruzó la calle hacia la izquierda, donde el camino de la sensatez y la moralidad se encontraba.
Se sentó en uno de los portales acurrucándose por el gélido tiempo y miró de nuevo el móvil, abriendo el mensaje de su hermana y viendo que estaba en línea.
Hacía muy poco que se lo había escrito, quizá todavía estuviera por allí.
Volteó sus ojos hacia arriba, la larga calle se extendía hasta una rotonda que conectaba casi con su casa, estaba tan cerca.
Observó con nitidez, su buena visión pese a lo ebrio que estaba le hizo divisar una silueta en la lejanía.
La chaqueta de color rosa que llevaba y los andares tan conocidos la delataban, era Laura.
Su hermana caminaba sola hacia su hogar, encorvada por las bajas temperaturas haciéndola un infierno el llegar.
Tragó saliva al verla, incluso la sintió desvalida, su hermana pequeña no necesitaba su ayuda, pero quizá si un brazo para hacer más llevadero el viaje.
Se sintió mal, muy mal, ver a lo lejos a su pequeña hermana, sumado a los sentimientos que le provocaba Marta era un cóctel que en cualquier momento iba a explotar.
Se decidió a hacer lo correcto, por una vez encerraría al Sergio “caliente”. Correría a donde su hermana y al día siguiente hablaría con Marta para ver lo que hacían, o darse una nueva oportunidad o dejarlo, pero no sería infiel.
La garganta se le atoró, las manos le sudaban y el calor que le nacía en el vientre, al menos le proporcionaba cierta comodidad.
Se alzó del portal como un hombre nuevo, mirando como su hermana a lo lejos todavía era muy alcanzable, la acompañaría a casa y si ella quería incluso la arroparía en su cama después de una canción de cuna. Sería un buen hermano mayor.
Sacó el móvil con la intención de que Laura le esperase en lo más alto, que esperase por su hermano mayor, que él la cuidaría hasta llegar a casa. Vio de nuevo el mensaje de su hermana, le pareció tan tierno… se puso a escribir y cuando vio la frase terminada, le dio a enviar.
—No voy a poder, Laura, aún estoy de fiesta. Lo siento, te quiero mucho.
Se guardó el móvil en el bolsillo y haciendo caso omiso a todo lo meditado, corrió como un loco cuesta abajo hacia la casa de Alicia. El Sergio “caliente” había poseído su cuerpo, descendiendo a la casa de su amante, o más bien al ardiente infierno.