La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) ENCUENTROS NOCTURNOS #2
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ENCUENTROS NOCTURNOS #2

La adrenalina se le disparó, el calor le subió al cerebro y por un momento atrajo con mucha más fuerza a la chica hacia su cuerpo.

La quería poseer, lo deseaba, era lo único que quería en el mundo.

Por un fugaz momento estuvo decidido a subirla a la barra arrancarla las medias y regalarle su entrepierna para que gozara de los dieciocho centímetros que tenía, uno por cada año que cumplía.

Solamente le detuvo la presencia de su hermanita. Le hubiera importado un pimiento que sus amigos estuvieran allí o que las amigas de Laura le vieran, hubiese cogido del brazo a Alicia y se la hubiera llevado a su casa. El Sergio “caliente” estaba imparable, debía frenarlo.

Alejó su mano de la cintura de la joven donde su vestido se arrugaba debido al puño cerrado con ganas sobre la tela, ahora comenzaba a abrirse volviendo a su lugar.

Sergio no perdió la ocasión para desahogar un poco esa parte suya tan sexual y por sorpresa, mientras recogía su brazo, soltó un ligero azote en la nalga derecha.

Alicia no dijo nada, solo sonrió y dio un paso hacia atrás, sabedora de que el límite se había roto por completo.

—Pues pediré unos de licor de Melón, que está bastante bueno.

Ambas asintieron y rápido el camarero los puso en la barra. Le sentó bien tomar algo frío, le serenó el pensamiento no obstante a la larga el alcohol siempre trae la factura de vuelta. Sin embargo para eso todavía quedaba mucho tiempo.

Volvieron los tres al grupo, mientras sus amigos hablaban con las de Laura. Sergio vislumbró alguna esperanza de poder quedarse allí, era lo que deseaba, pero sabía que esa pequeña posibilidad era muy nimia, pronto se irían a la discoteca.

Bailaron un rato entre todos, la verdad que se lo estaba pasando genial, incluso Laura bromeaba de vez en cuando.

A la más pequeña de la familia, por primera vez le gustaba que su hermano estuviera con ella, algo impensable días atrás.

Algunas veces le parecía demasiado infantil y poco maduro, con demasiadas chorradas en la cabeza, pero desde hacía un tiempo, la cosa había cambiado.

Por primera vez le comenzaba a ver como un hermano mayor.

Sin embargo todo tiene su punto final, y después de media hora, los chicos se tuvieron que ir.

Uno de los amigos de Sergio había llamado a los taxis y en cinco minutos estarían esperándoles.

Comenzaron todos a despedirse y Laura sintió verdadera pena porque su hermano se tuviera que marchar.

No es que fuera a llorar, pero quería seguir disfrutando junto a él.

—¿No os quedáis más? —comentó Laura a su hermano evitando que se le notara lo que realmente deseaba.

—Que va hermanita, nos vamos ya, que se nos hace tarde. Así ya no hay posibilidades que me ría más de ti.

—Eres un bobo. Hoy me lo he pasado muy bien. Otro día podéis venir… si os apetece.

—Espero que no me lo digas porque te gusta alguno de mis amigos. —solo bromeaba, aunque lo siguiente fue más serio y también contradictorio— Porque si es así, me lo cargo.

—No, Sergio. Me ha gustado… que estuviéramos juntos… nada más. —de no estar borracha ni se le hubiera ocurrido decir algo así.

—¡Ay mi hermanita bonita! —los grados de alcohol en su cuerpo habían aumentado y ya no controlaba su amor— ¿Sabes que te quiero mucho?

—¡Anda, tira ya! Que ahora sí que me vas a poner en evidencia —lo dijo tratando de no reírse por la vergüenza. No lo consiguió.

Sergio la envolvió en sus brazos y la dio un beso en la frente mientras la apretaba contra su pecho.

Laura se sintió segura y arropada, como siempre debe sentirse una chica con su hermano mayor.

Se le olvidaron las disputas domésticas, las broncas en casa, el cómo llamaba a su padre cada vez que podía para ganar una batalla, estaba por fin con su hermano.

Se separaron y vio como los ojos de su compañero de casa le miraban fijamente. Jamás le había mirado de esa forma, con cariño y ternura, seguramente debido a todo el ron que corría por su cuerpo, no obstante le gustó.

—Tienes los ojos de la tía y de mamá. Sin embargo, los tuyos son los más preciosos.

Laura se separó y agachó la cabeza avergonzada como nunca.

Se sintió feliz y a la vez con una timidez que su cuerpo no podía soportar.

Le hizo gestos para que se marchara porque apenas podía mirarle a la cara, estaba roja como un tomate y no era ni debido al alcohol, ni al calor, sino al halago de su hermano.

Se giró para dar dos pasos y ver como los chicos acababan de despedirse de ellas mientras Sergio lo hacía con la última de las chicas, Alicia.

Laura no se dio la vuelta para mirar, porque no quería que le viera su ruborizado rostro, quizá en la oscuridad era muy difícil apreciarlo, pero mejor prevenir.

Mientras la joven pensaba que era igual que su madre en muchos aspectos, tanto en los ojos como en la personalidad, no se daba cuenta de que a su espalda, Sergio y Alicia conversaban.

—¿Ya te vas entonces? —Sergio asintió y se agachó levemente para darla dos besos muy cerca de los labios— Se me ha hecho a poco.

—Luego vete a casa sobre las cinco —el joven no se cortó y se lo dijo sin titubeos—. Lo más tarde posible y si quieres, te hablo cuando este por aquí.

—Háblame. —fue una orden, no una sugerencia.

Lanzándose una mirada más que penetrante, Sergio se dio la vuelta con rapidez para no asaltarla allí mismo. Las ansias le podían y debía de estar más tranquilo, la noche era larga, pero las horas pasarían rápidas.