ENCUENTROS NOCTURNOS
Terminaron de beber las botellas cerca de la una de la mañana. La última antes de marchar, la iban a tomar en el casco viejo, por supuesto a petición de Sergio, concretamente en el “Matraka”, bar donde se encontraba su hermana.
Antes de bajar, su mente sorprendentemente hábil después de haber ingerido la mitad de una botella de ron, pensó en lo descolocada que estaría su hermana al verle.
Aquello no haría que quedase bien delante de los amigos, porque habría algún cabo suelto que no encajaba y después de eso, llegarían las preguntas.
Justo cuando se estaban levantando, sacó el móvil mientras algunos tiraban las botellas a la basura y abrió la conversación con su hermana.
Apenas hacía unos minutos que se había conectado, lo más seguro que estaría atenta al móvil, siempre lo estaba, lo que al joven le hacía dudar si tendría novio.
—Laura, me parece haberte visto entrar en el “Matraka”, ¿estás ahí?
Lo leyó, pero no contestaba. Por un momento el joven pensó que su plan se iría al garete y que tendría que ingeniárselas para verla primero y explicarle que la iba a visitar, más extraño todavía. Sin embargo, cuando comenzaron a andar, esta le contestó.
—Sí. ¿Qué quieres?
La sequedad con la que le preguntaba se podía notar a través del teléfono. Cuando quería su hermana podía ser insoportable. Aunque esta vez se lo permitiría, ya que sus fines eran otros.
—Voy a pasarme con mis amigos por allí, así te veo.
—No.
—Sí.
—Sergio, como vengas a vacilarme no te vuelvo a hablar en la puta vida, ¿me entiendes?
—No te voy a vacilar, Laura, solo quiero ver a mi hermana pequeña e invitarte a lo que quieras. Nunca hemos coincidido de fiesta.
Laura se encontraba rodeada de sus amigas, con el rostro confundido y mirando el móvil sin entender las palabras de su hermano. Cada día parecía más amable y estaba mejor con él, quizá fuera también por ella misma que estaba madurando, pero aquello no le dejaba de sorprender.
—¿Qué pretendes?
Sergio se rio por dentro mientras uno de sus amigos le pasaba un vaso con los últimos posos de alcohol y pensó “mi hermana es bien lista”. Se tambaleó ligeramente por un adoquín suelto y se llevó alguna burla por su estado, algo que le hizo meditar si debería estar más fresco para la noche.
—No pretendo nada, solo quiero verte y pasar tiempo contigo. Un rato de nada y me voy.
—Vale, pero solo un rato.
Volvió a introducir su móvil en el bolsillo y se encaminó hacia los bares a la par que se unía al cántico que sus amigos muy ebrios entonaban.
Mientras tanto, Laura extrañada miraba su móvil, su hermano desde verano había cambiado, tanto con ella, como con su madre…
sobre todo con esta última. La intentaba ayudar en la casa incluso de vez en cuando hablaban más de la cuenta, no comprendía cuál podría haber sido el detonante para tal transformación, pero le gustaba ver a su hermano más maduro.
—Laura, cariño, ¿Qué pasa? —le sorprendió Alicia de pronto.
—No, nada. Estaba justo pensando, me has pillado fuera de todo.
—Sí, parecía que estabas un poco ida. —le señaló el móvil que sujetaba con ambas manos y le añadió— ¿Has hablado con algún chico?
—¡¿Qué dices?! Estoy seca de tíos. —ambas se rieron y después la joven siguió— Era mi hermano, que va a pasarse por aquí para verme, o eso me ha dicho.
—¿Ah, sí? Qué bien, ¿no?
—Sí, bueno… mientras no se meta conmigo, cuando está normal es muy majo.
—Yo te defiendo, no te preocupes. —con un punto de alcohol más de lo habitual en sus venas, Alicia le comentó— Es muy majo, me cae muy bien, bueno desde siempre. Además me parece guapísimo…
—Alicia —cortó veloz la joven—, por ese camino no me vayas que nos conocemos.
—No lo digo con ningún objetivo, —sus ojos brillaban en la oscuridad del bar debido al alcohol y las luces de colores— solo que es muy guapo. Pero no tranquila, hermanos de amigas no se tocan, te lo prometo. Además que Sergio tenía novia, ¿no? La chica aquella que vino el otro día.
—Marta, sí. Es una chica muy maja y guapísima, la verdad que no sé cómo se las ingenia para estar con una chica como ella.
—Porque está muy bueno. —visiblemente ebria y sonriendo de forma maliciosa para picar a su amiga.
—¡ALICIA! —le acabó golpeando uno de los brazos para después reírse ambas y acercarse a la barra.
Mientras las dos jovencitas conversaban, a Sergio le había dado tiempo a recorrer en 7 minutos la distancia que les separaba del Matraka.
Entró el primero de su grupo, poniéndose de puntillas tratando de hacer un reconocimiento rápido del lugar.
A lo lejos en la barra, entre el gran tumulto de gente que se formaba, divisó a su hermana, que casualidad… estaba con Alicia.
Señaló a sus amigos el camino y todos le siguieron cuáles aventureros hacia su destino, donde las amigas de Laura esperaban.
Se acercó primero al grupo donde se encontraban las otras cuatro chicas que habían salido de fiesta, las saludó y presentó a sus amigos.
Dos se quedaron con las chicas hablando, los demás parecían sedientos y se acercaron a la barra.
Con estos fue Sergio, pero bifurcándose como el afluente de un río, ya que su hermana estaba más a la izquierda.
Llegó hasta donde las chicas, que se encontraban charlando ajenas a que el joven las había encontrado.
Con rapidez posó ambas manos en la espalda de su hermana, moviendo los dedos con velocidad para hacerla cosquillas y darle un pequeño susto.
Cosquillas no le hizo, pero la chica sí que se dio un buen susto, tanto que si llega a tener en la mano la copa que le estaban sirviendo se la hubiera tirado por encima.
—¡Sergio, estúpido! Casi me matas del susto.
—No será para tanto. —con soltura debido al alcohol en sangre, agarró el rostro de su hermana y le plantó un beso en la mejilla.
—Quita que me dejas las babas… —se quejó como una buena hermana pequeña y añadió señalando a su amiga— Te acuerdas de Alicia, ¿verdad?
Sus ojos delataban que la estaba analizando de arriba abajo.
Como un escáner, la mirada de Sergio primero pasó por sus piernas, esbeltas y escondidas tras unas medias negras.
Después subió hasta el vestido ceñido que le llegaba hasta el muslo y para finalizar su análisis, pasó por los pechos que no se mostraban en ningún escote.
En el rostro de Alicia, una sonrisa muy coqueta no se escondía.
—Pues no me suena de nada —dijo Sergio sin evitar lanzar una mirada cómplice a la joven.
—Sabes de sobra quién es, no te hagas el tonto.
—Pues entonces, ¿Por qué me preguntas si me acuerdo de ella?
—¡Ay chico! De verdad… no empieces con tus cosas.
—No vaciles a tu hermana, Sergio. —Alicia le miró con muchas ganas, tantas que de estar atenta, Laura podría haber notado algo— Hoy la he dicho que la iba a proteger de ti.
—Está bien saberlo. Pero bueno, no tendrás mucho trabajo, vengo en son de paz. Solo quiero invitar a mi bonita hermana a que tome algo conmigo.
—Te podrías portar también con Alicia —saltó de pronto Laura—. Hace nada fue su cumple, te lo comenté, pero como a veces no me escuchas.
—Sí te escucho, es más, me dijiste que hoy salías por eso y yo te dije que si podía, te vendría a ver. —Laura comenzó a recordar y tenía toda la razón— Y añadiré, que me dijiste que era el 3 de enero, ¿me equivoco, Alicia?
—No, para nada.
Laura se quedó pensando en si aquello era verdad o no, recordaba haber tenido esa conversación mientras cenaban en Navidad, sin embargo, lo del día del cumpleaños no conseguía acordarse. Lo dio por perdido, si lo sabía sería porque se lo habría dicho, no tenía otro modo de saberlo.
—Bueno, vale, lo siento —dijo poniendo una cara de pena mientras las copas ya estaban servidas en la barra.
Su hermano la volvió a dar otro beso a lo que esta no se negó.
No conocía a su hermano borracho, pero tampoco le desagradó esa faceta tan amorosa que tenía con ella.
El joven se hizo un hueco entre ambas y acercando el rostro al camarero que tendría su misma edad, le comentó que añadiera tres chupitos a la barra.
Se dio la vuelta, primero donde su hermana y le comentó que quería, ella movió los hombros haciéndole ver que le daba lo mismo. Sergio hizo un rápido análisis de las bebidas posibles y omitiendo las más duras como el tequila, el whisky o el jagermeister, las demás eran serias candidatas.
Volvió a girarse, pero esta vez al otro lado.
Alicia le esperaba con una sonrisa y le preguntó lo mismo que a su hermana.
Encorvó un poco su cuerpo para acercarse aún más a la muchacha y escuchar de forma nítida su respuesta.
La joven dio un ligero paso hasta donde se encontraba y posó su mano en el vientre de este, con cuidado, como si lo fuera a romper.
Estaba tan cerca que el perfume con un ligero toque a vainilla llegó al sistema olfativo de Sergio embriagándose al instante, olía de maravilla.
Sus labios rozaron el lóbulo del chico, casi dándole un mínimo beso que por la posición, que estaba Laura no podía ver.
Subió algo más su boca hasta colocarse en el odio del joven y que este notara el aliento caliente que desprendía.
No estaba caliente, sino que quemaba como las brasas del mismo infierno.
Rápido pasó la mano rodeando la cintura de la chica y se la atrajo hacia donde estaba, logrando pegar un cuerpo con el otro.
Sintió sus pechos sobre su costado, su cadera golpeando por poco la suya y menos mal que estaba de lado, si no sus sexos hubieran entrado en contacto.
Fue entonces, estando tan juntos y notando los labios cosquilleándole la oreja, que Alicia le dijo lo que quería.
—A ti.