La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) SOLO UN OBJETIVO
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SOLO UN OBJETIVO

Bajó de casa casi a la carrera, entre ducharse y prepararse, se había entretenido demasiado y el tiempo se le echó encima.

Sus amigos ya le esperaban cerca de un parque con botellas en mano para comenzar con el desmadre.

Las ganas de fiesta no habían hecho acto de presencia en su cuerpo, más que eso, su interior estaba repleto de ganas…

de ver a Alicia. Esperaba que valiera la pena todo su plan.

Lo había pensado después de la ducha, en verdad, no la amaba, ni sentía nada más allá de algo sexual por ella. Es más, después de salir de la ducha con menos fluidos corporales dentro de los genitales, por la cabeza le volvió a revolotear la idea de dejarlo todo y no salir.

Una parte le decía que llamara a Marta, que le pidiera disculpas y se olvidase de la amiga de Laura.

Pero la otra, le gritaba que quedara con la chica, su novia ya esperaría, se lo merecía, debía pasárselo bien.

Era curioso un factor que se repetía casi siempre, cada vez que se daba una alegría masturbándose con Alicia en la cabeza, los pensamientos posteriores eran de culpabilidad.

En ese momento después al placer, siempre se acordaba de su novia y la culpa le comía por dentro sugiriéndole que no hiciera nada.

Sin embargo, a cada minuto que pasaba esa idea se iba esfumando y las ganas de retozar con la joven le llenaban de nuevo.

Era bastante curiosa la relación entre los pensamientos sexuales sobre Alicia y el volumen de esperma que habitaba en sus genitales.

Sacó el móvil del bolsillo mientras sus amigos hablaban, se seguía sintiendo culpable por lo que le había dicho a Marta.

En realidad él no era así, la ira acumulada y el sentimiento erótico que tenía le habían nublado el pensamiento.

Meditó si debía mandarla un mensaje en ese momento, incluso abrió la pantalla donde tenía la conversación, pero no pudo, solo observó la foto de perfil donde se la veía sonreír y volvió a bloquearlo.

Sin embargo, al de nada, tuvo que volver a sacarlo. Una vibración en su pierna le alertó de que un mensaje había llegado. Dispuso el móvil para que nadie pudiera ver con quien hablaba y encendió la pantalla. Antes de ver quién era, ya se lo imaginaba, Alicia le había escrito.

—¿Al final sales?

—Ya estoy bebiendo, o sea que sí. —Sergio estaba más que animado y tecleaba con ansia.

—¡Qué bien! ¿Te veré hoy? Aunque no sé si le haría mucha gracia a Laura que aparezcas por aquí.

—Solo la vacilaré un poco, tengo que dar buena reputación a los hermanos mayores. —la presencia de su hermana no chafaría sus planes— Pero creo que sí, vas a ser afortunada y seguro que me ves.

Sus amigos habían decidido que irían a la discoteca y no al casco viejo, había sido unanimidad y bueno, la democracia mandaba en el grupo. Sin embargo, había conseguido convencerles para bajar un rato antes de irse y así, poder ver a su hermana. Al menos, esa era la excusa.

—Quizá tú seas el afortunado por verme a mí.

Leyó de nuevo en la conversación y… qué ridículo se veía cuando trataba de ligar, ese Sergio “caliente” que se apoderaba de los mandos de su cuerpo y decía cosas sin mucho sentido, era tan extraño.

Aunque parecía que al menos a Alicia sí que le gustaba, a Marta en cambio, la discusión con ese “yo caliente”, la había aborrecido.

—Es verdad, que uno no se encuentra todos los días con una cumpleañera.

—¿Traes algún regalo para mí?

El muchacho paró sus dedos para no escribirle las ordinarieces que estaba pensando, solo veía un único regalo y lo tenía entre sus piernas.

—Puede ser. —trató de serenarse un poco y se quitó del rostro la sonrisa boba que su madre tantas veces le había visto— ¿Sobre qué hora te sueles ir a casa?

—¿Pues?

—Porque cuando estéis en el casco viejo, bajamos un poco, pero luego marcho a la discoteca, quizá a la vuelta también te pueda ver.

Su corazón dio una vuelta de trapecista y retumbó en su pecho.

La frase escondía una cita clara y concisa, Sergio sabía que Alicia aceptaría, como sabía que si ella se lo hubiera propuesto, diría que sí sin ningún tipo de dudas.

Bloqueó el móvil para tomar un trago y humedecer su garganta, estaba algo atorado, ya no se acordaba de Marta, solo tenía cabeza para Alicia.

Mantuvo alguna que otra conversación con sus amigos, pero la mano le temblaba en dirección al móvil, quería verlo, quería leer la respuesta.

Recordó ese sentimiento en otro instante algo similar, cuando en el colegio o en el instituto, un pequeño trozo de papel circulaba en la clase hasta una chica.

“¿Quieres ser mi novia?” rezaban aquellos papeles y aunque esta pregunta para nada era similar, la espera se le estaba haciendo igual de angustiosa.

No pudo más y sintiendo lo mismo que cuando era pequeño y le pasaban el papel con la respuesta, abrió el móvil. Tenía la notificación de haber recibido un mensaje en Instagram, no dudo y con una gota de sudor recorriéndole la frente mientras un viento frío la azotaba, miró el mensaje.

—Seguramente sobre las cinco o así, aunque hoy no tengo hora.

—¿Cómo que no tienes hora?

Le respondió lo más rápido que pudo porque la frase de Alicia invitaba a ello, quería que se lo preguntara y el joven no la iba a dejar con la miel en los labios.

—¿No te lo había comentado? Mis padres este fin de semana se han ido.

—¿Entonces estás sola en casa?

—Sí. Estas fechas siempre se van para celebrar cuando se conocieron, ayer marcharon y hasta mañana a la tarde no vienen.

Claro que no se lo había dicho, Sergio trató de pensar en ello, pero algo tan importante lo hubiera retenido en la mente como una lapa. Aquello le descolocó, pero para bien. La muchacha lo había hecho a propósito, estaba claro. Quería sorprenderle y vaya si lo había conseguido.

Se pasó la mano por la frente para limpiarse esa dichosa gota de sudor que con ganas iba en dirección a su mejilla.

Estaba nervioso, tanto como lo estuvo en casa de su tía.

Miró a sus amigos y pensó en darles puerta, correr donde su amante y llevársela a casa como un cavernícola.

Sin embargo, de un portazo aprisionó en su mente a ese Sergio caliente y pensó con una mente más racional.

El objetivo que se había planteado estaba cumplido, si quería tener algo con Alicia lo tendría, podía esperar al final de la noche. Antes que ella, estaban sus amigos, con los cuales hacia mucho que no disfrutaba.

—¡Qué bien! —le escribió— Pues no me lo habías contado. Está bien, así tienes toda la casa para ti. Ahora tengo que dejarte un momento, cuando baje a los bares te aviso.

—¿Tienes planes?

Sergio miró sonriente la frase clave que tenían entre los dos. Era tan infantil todo aquello que no se reconocía, quizá se le pegaba la personalidad de Alicia, al final era una chica de 18 años recién cumplidos. Aunque… ni que él fuera tan mayor.

—No, esta vez son mis amigos.

Acabó por mandarle un icono con un beso, algo que nunca había hecho y la amiga de su hermana viendo que otra barrera se había roto, le envió un corazón bien grande.

Sergio silenció el móvil y se introdujo en la conversación que los otros cinco amigos mantenían, en un rato bajarían, pero de mientras, tocaba reírse un poco.