La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) FELIZ NAVIDAD #2
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FELIZ NAVIDAD #2

Ayudó a sacarse esa parte de su ropa, con ansias logró bajarlo hasta los tobillos donde quedó aprisionada sin salir debido a sus zapatillas, daba lo mismo, lo mejor estaba más arriba.

Su miembro, duro como una roca, estaba listo para lo que Sergio se imaginaba que sería una ducha de saliva.

Quería más que ninguna otra cosa un buen lavado dentro de la boca de Marta.

Se recostó colocando su trasero cerca del final del sofá y Marta agarró con cuidado el miembro totalmente duro de su pareja.

—Se ve que estabas listo —puntualizó Marta comenzando a subir y bajar la piel del pene.

—Lo espero con ganas.

Marta le sonrió con dulzura y le volvió a besar con fogosidad a la vez que subía y bajaba la piel del pene. Fue entonces que soltó sus labios después de un pequeño mordisco y le miró como nunca le había mirado. Su novia quería sexo.

Sin embargo no iba a ser como el chico esperaba.

Levantando una pierna la colocó al otro lado de las del joven, dejando el pene de este apuntando a su vagina aún tapada por la tela rosa.

Introdujo su dedo índice por la zona baja de la braga y con su uña pintada de rojo, la retiró, dejando paso a la parte más dura de Sergio.

La entrada fue limpia, algo raro. Casi siempre tenía que hacer trabajos orales en el sexo de la chica para que aquella herramienta fluyera de forma cómoda. Pero esta vez, quizá debido a la calentura por el alcohol la cosa había cambiado.

Los movimientos de Marta no se hicieron esperar, primero de adelante a atrás para coger ritmo y cada vez más rápido. Sergio agarró con algo de fuerza sus caderas para que imprimiera más velocidad y darle un apoyó, así no se cansaría demasiado rápido.

—¿Qué te pasa hoy, mi vida? —soltó Sergio contemplando el precioso cuerpo que le montaba como buena amazona.

—No sé, quizá el vino se me ha subido a la cabeza. —Marta no le miraba, es más, no miraba a nada, tenía ambos ojos cerrados.

—¿Habrá que tomar vino más veces? —Marta sonrió y después dibujó una O con sus labios— ¿Te gusta?

Muy pocas veces hablaban cuando tenían relaciones, se limitaban a ordenar si querían más rápido o más lento, y si estaban al borde del orgasmo, de allí no solían pasar. Sin embargo a Sergio era una cosa que le gustaba y vio que ese día podría tener una oportunidad que no debía desperdiciar.

—Sí. —la joven seguía sin abrir los ojos.

—¿Te entra bien dentro?

Los ojos de Sergio no perdían detalle de como los pechos menudos de su pareja botaban dentro del sujetador y como la jovencita apoyada en sus hombros hacía lo mismo.

—Sí, muy dentro.

Su voz sonaba algo artificial, era la primera vez que mantenía una conversación tan extensa mientras lo hacía y no era su modus operandi.

Pero cierto es que el pene de Sergio la horadaba tan profundo como de costumbre, a la joven le encantaba y esa pizca de alcohol en su cuerpo la estaba haciendo que lo notase mucho más.

—Creo que ya… —dijo de pronto Marta.

—¿Cómo que ya? ¿Te…? —no solía usar esta palabra, sino frases como “te vas”, “terminas” o similares, pero sintió que podía hacerlo— ¿Te corres?

—Sí, eso es…

La velocidad de Marta se aceleró. Comenzó a botar con muchas ganas sobre el pene del joven que estaba calado como hacía mucho que no lo sentía. “Esta sensación me recuerda a Carmen” pensó al notar una humedad sin igual en el tronco de su miembro.

Marta se aferró con fuerza al cuello del joven y apretó sus dientes conteniendo lo que llegaba, pero era imposible. La marea la golpeó con fuerza y ahogó un grito en su garganta gracias a unas venas que de hincharse más podrían explotar.

Se estremeció como nunca y dejó caer su trasero insertando todo lo que su pareja le ofrecía, moviéndola después en círculos para completar su maravilloso orgasmo. El líquido fluía de su interior y se sorprendió al notar que la zona de la cadera del joven estaba totalmente bañada.

—Estuvo bien… —miró a Sergio con un rostro enrojecido y con unos ojos brillantes y le añadió— Faltas tú.

—¿Quieres seguir? —Marta asintió y volvió a moverse encima de su novio— Si lo tuyo no se ha dilatado mucho… no creo que tarde.

—No hables de mi cosita, que me da vergüenza. —sonrió más desfogada mientras volvía a besarle.

Algunos minutos pasaron, el movimiento lento de su pareja había cambiado demasiado y su orgasmo, como solía ser habitual dejó demasiado dilatado su zona sexual. El roce ya no era el mismo y el pene de Sergio necesitaba un cambio de aires para poder llegar al clímax.

—¿Marta te importa si cambiamos?

—¿No estás bien?

—Sí, cariño, pero ya sabes roza poco. ¿Te pones aquí y yo detrás?

—Bueno… Vale.

Cambiaron de postura colocándose Marta “a cuatro patas” sobre el sofá y Sergio detrás, dirigiendo su poderosa herramienta a la abertura de su pareja.

—Tranquilo. ¿Vale, cariño? —le soltó la joven al notar como entrada toda en su interior.

—Sí, sí, tú me dices.

Sergio no comenzó unos movimientos rápidos como habría hecho si fuera Carmen la que estaba en el sofá, si no unos más lentos que su pareja prefería.

El roce era mayor y algún que otro gemido salía de la boca de la muchacha, pero el chico no conseguía su tan ansiado orgasmo.

Aceleró un poco el ritmo, cogiendo con fuerza la cintura de Marta e introduciendo más de lo normal su pene en el interior.

—Cuidado, Sergio, más despacio.

—Es que a este ritmo no sé si me voy a ir…

—Seguro que sí, cariño.

El joven prosiguió, pero aquello no había manera de poder terminar. Quería acabar, no obstante su sexo no llegaba al límite deseado. Entonces algo sucedió.

Su móvil vibró, notándolo en el tobillo como el pequeño aviso delataba un mensaje.

De pronto algo le vino a la mente, “¿quizá sea Alicia?”.

En su interior un sentimiento de placer le recorrió, pensar en aquella chica le ponía la carne de gallina.

Mirando la espalda color blanquecina de Marta, volvió a sujetar con fuerza la cintura, pero esta vez, cerró los ojos.

La foto que tenía la muchacha en bikini apareció en su mente, aquel cuerpo delgado y escandaloso que parecía tallado en mármol.

Se imaginó que intercambiaba papeles y la que estaba postrada ante él no era su pareja, sino su “amante”.

Aquella idea le sacudió por dentro, se estremeció al pensar en tal posibilidad y de pronto un estallido resonó en sus partes bajas.

—Me corro —dijo con un tono elevado al notar tal sensación.

Incrementó algo el ritmo de penetración y en su cabeza, el cuerpo de Alicia era el que recibía el ataque. Escuchó de fondo como de la boca de Marta, alguna que otra respiración acelerada se escapaba sin remedio, sin embargo para Sergio su pareja no estaba allí, sino la amiga de su hermana.

La cabeza de la muchacha se giraba en pleno coito y le preguntaba si era mejor follársela a ella o a Marta. Sergio bufó al imaginarse tal cosa, jamás hubiera escuchado esa frase de los labios de su pareja, ese no era su estilo, pero Alicia… era un mundo nuevo por descubrir.

Sintió la contracción de su zona genital e introdujo todo lo que pudo su miembro para descargar en el interior de Alicia…

bueno, de Marta. Esta dio un grito al sentir como los dieciocho centímetros de su novio la alcanzaban una zona que poco le gustaba y después desparramaba todo su jugo en el interior.

Sergio se dejó caer hacia atrás una vez completada su tarea y retorció su espalda dejando que los espasmos camparan a sus anchas por su cuerpo. Había sido glorioso, de los mejores orgasmos desde el viaje con su tía, y todo… gracias… ¿A quién?

Cuando se pudo rehacer se vistió solo en la sala, mientras Marta lo hacía en su cuarto, poniéndose la ropa que allí había dejado. Bajaron en silencio por el ascensor y ya en la calle, mientras el joven aún pensaba en lo bueno que había sido su eyaculación, su pareja le dijo.

—Al final, te has venido muy arriba.

—¿Por qué lo dices? —Sergio que volvió a la realidad estaba perdido.

—Has entrado, muy a dentro… ya sabes que eso no me mola mucho.

—¿No te gustó? Si has gemido ¿no?

—No. Me ha dado un poco de impresión, es una sensación de dolor y placer y no me va, pero como estabas a punto no te dije nada.

—Lo siento. Perdóname, no me he dado cuenta. —Sergio no lo veía para tanto, apenas la había metido entera y ya. Pero si a ella no le gustaba, tenía que pedirla perdón y punto.

—No pasa nada, solo que… no lo hagas otra vez… y cariño, no me digas que te vas a correr, qué vergüenza…

Ambos sonrieron, pero Sergio se sintió mal.

Era la sonrisa más falsa que había puesto nunca.

Su cuerpo había viajado al paraíso no gracias a su novia, sino por una tercera, aquello le hacía sentirse fatal.

Pero más aún, saber que su relación no podía tener mucho futuro, no compaginaban, tenían una distancia insalvable, y sobre todo en el sexo, no conectaban.

Marta anudó su brazo al de su novio y ya sin ese puntillo de alcohol en el cuerpo caminaron hacia la casa de su abuela. Esta vez, a Sergio el paseo se le hizo tan rutinario como eran todos los demás. La sensación especial, junto con la sensación de haber estado con Alicia, había desaparecido.