FELIZ NAVIDAD
ASergio le encantaban las fechas navideñas, el decorado en las calles, en los balcones…
era fantástico y por algún motivo la gente parecía más alegre y amable que de costumbre.
El día de Navidad siempre había sido el más especial junto a su cumpleaños, fue así desde que tenía uso de consciencia.
Aquel día el joven también estaba feliz, aunque se sumaba otro motivo.
Desde el primer día que le habló, había mantenido una más o menos fluida conversación con Alicia.
Sabía que no debía, sin embargo, le era imposible no hablar con ella.
A diario se preguntaban cosas de su día a día, hablaban de casi todo, salvo un tema, ni Alicia ni Sergio hablaban de sus amoríos.
En el caso de la chica había poco que contar, solo había tenido una relación “seria” con un chico y hacía meses que lo había dejado.
En el caso de Sergio, siempre que iba a quedar con Marta, le mencionaba a su amiga que tenía planes, era una especie de lenguaje secreto con el que no tenía que mencionar la palabra novia.
Aquella tarde como solía ser tradición, Sergio quedó con sus amigos a tomar algo, para que más tarde se uniera Marta y estar un poco por la zona de bares. Entre cerveza y cerveza, hacía parones en las conversaciones con sus amigos, para intercambiar mensajes con la amiga de su hermana.
—¿Vas a salir después? —le comentó Sergio.
—Qué va. No me gusta salir en Navidad, prefiero Año Nuevo. Hoy me quedaré en casa con la family. Nos ponemos guapos y fiesta. —contestaba Alicia casi en un suspiro.
—Eso está bien. Nosotros nada, mi padre trabaja. O sea que estaré con Laura y mi madre.
—Estás muy bien rodeado.
—Pues sí —Sergio se tentó a escribir algo como “solo faltas tú” o “contigo mejor”. No obstante sus dedos no obedecieron sus primeros impulsos. Menos mal— Si te parece, ¿hablamos luego? Ahora tengo planes.
—Entiendo. Háblame luego cuando puedas, estaré atenta al móvil.
Era casi la hora en la que Marta le dijo que se pasaría, por lo que prefería no arriesgar.
Como siempre borró la conversación, en parte por un leve sentimiento de culpa y otro, por si en algún momento a su pareja le daba por espiar.
Se sentía fatal cuando lo hacía, porque aunque no se dijeran nada inapropiado, sabía que los mensajes ocultaban otras intenciones y eso le hacía que el estómago le diera un vuelco.
Al de dos minutos Marta apareció cerca del grupo de amigos.
Saludó uno a uno a todos y les felicitó las fiestas.
Siempre había sido una chica muy agradable y a sus amigos les caía bien, también porque no les había contado lo de los cuernos, simplemente que le había dejado y después, había empezado con otro.
No quería que sus amigos le preguntaran queriendo obtener más detalles, aunque vistas las buenas sensaciones logradas al hablarlo con Carmen y con su madre, lo mejor hubiera sido confiar en ellos.
—¿Qué tal, cariño? —le dijo Sergio después de saludarla con un beso en los labios.
—Bien, he acompañado a mis padres donde mis abuelos, ¿al final tu padre trabaja?
—Sí, pero bueno, estamos Laura, Mari y yo, fiesta asegurada. —sabía que no— ¿Te pido una cerveza?
—No. Mejor un vino, que ya he tomado dos con mis padres y por no mezclar.
—¡Qué sofisticada! —bromeó Sergio adentrándose en el bar, mientras Marta se incrustaba en conversaciones que surgían en el grupo de chicos.
La primera copa de vino Marta se la terminó volando y después de la segunda, Sergio notó como su pareja seseaba levemente. El alcohol había hecho mella en ella, aunque sin estar borracha, lo bien llamado “el puntillo” lo había conseguido.
—Cielo, —se acercó Sergio a su novia para hablarla— ¿vas bien?
—Me pediría otra, pero creo que me voy a emborrachar. —rio mostrando su dentadura blanca ahora manchada levemente por el tono rosado del vino.
—Por mí no te cortes, lo decía por si vas perjudicada luego a cenar con tu familia.
—No, no, así está bien. Como te preocupas por mí.
Marta se acercó hasta su pareja, rodeando su cuello con ambos brazos y delante de sus amigos con una calle abarrotada, le dio un beso de lo más pasional.
Las muestras de afecto no solían ser muy comunes, aunque cuando tomaba alguna copa la cosa cambiaba.
Sergio lo recibió con mucho agrado, quitándole el mal sabor de boca que le había dejado borrar la conversación con Alicia.
La lengua de la joven revoloteaba con frenesí dentro del chico, que la seguía a la velocidad que podía. Le había pillado de tal sopetón, que puso ambas manos en el cuerpo de Marta y la apartó con cuidado, dándose cuenta de que no podían encontrarse en un sitio más público.
Uno de sus amigos les lanzó una mirada jocosa, incluso alguno que otro hizo un movimiento de cejas insinuando cosas que podrían pasar a posteriori.
Marta se limpió los labios porque algo de saliva le rondaba resbalando por una de sus comisuras, se rio e hizo gestos para que la dejaran de mirar mientras sonreía a los amigos de Sergio.
—¿Y eso? —comentó el joven para que solo su novia pudiera escuchar.
—Me apetecía, ¿te parece mal? —lanzándole una mirada pícara que pocas veces había visto.
—Me encantó, pero tú y los besos en público no soléis ir de la mano.
—Pues hoy sí… ¡Oye! Se hace algo tarde. —sacó el móvil de su bolso, eran las siete y media de la tarde— ¿Me acompañas?
Por una parte no le apetecía ir hasta la casa de los abuelos de Marta, quedaba lejos e implicaba que ya no volvería donde sus amigos.
Sin embargo, otros factores pesaron más.
Primero el motivo de que su pareja había bebido un poco más de la cuenta y segundo, que la culpa aún le comía, tenía que quitársela del todo.
Felicitaron las fiestas a todos de nuevo y marcharon poco a poco saliendo de la tan transitada calle.
En verdad el paisaje era especial para dar un paseo.
La gente reía, los niños saltaban y las parejas, como ellos, paseaban bajo luces navideñas de lo más variopintas.
En ese momento, Sergio se dio cuenta de lo mal que hacía, de lo estúpido que era, no debía tratar de engañar a su pareja ni aunque fuera con mensajes.
Cambiaron de ruta mientras Sergio la admiraba. Con la lengua algo suelta, Marta a la par que caminaba, hablaba sobre los estudios, sobre los amigos de Sergio, un poco de todo, cuando tomaba par de copas cambiaba radicalmente.
Los ojos del joven se habían posado en ella y no dejaban de mirarla.
Bajo esas luces artificiales, se veía realmente hermosa, su cabello sedoso al viento gélido era magnífico.
Incluso podía ver a través del abrigo de color beis que tenía, “¿Por qué conectamos tan poco?” Pensó el joven.
Ese parecía el principal problema entre ambos, se querían, pero su química no era la de antes.
La belleza de Marta era innegable, sus piernas delgadas dentro de las medias que llevaba, al muchacho le hacían perder la cabeza.
Sin embargo, la mentalidad de ambos era diferente y los cables que tenían que conectar no lo hacían. Se lo podían pasar bien en días sueltos como estos, pero los demás, solían ser tardes aburridas en las que no hacían nada más que comer pipas.
Cuando Marta se cayó un momento, Sergio perdió el hilo de sus pensamientos y vio donde estaban. Habían llegado caminando a la casa de la joven, donde no debían estar, se habían desviado de la ruta hacia casa de la abuela. El joven le miró extrañado, no le había comentado nada de parar allí.
—Sube un momento, cojo una cosa y vamos —“como se tenga que arreglar, llegó justo para la cena” pensó.
Subieron a la casa y Marta le dijo que le esperase viendo la tele, no tardaría nada, solo era una cosa y ya.
Sergio ajeno al motivo de porque estaba allí, se sentó y puso los deportes.
Se quedó mirando embobado un partido de futbol en diferido de la liga alemana, en su casa no tenían canal de pago, por lo que aprovechó.
De pronto un sonido le sorprendió, era Marta que estaba en la puerta y le había llamado por su nombre. Todavía mirando el partido sin saber si ya estaba lista o no le contestó con un simple.
—¿Dime, cielo?
Unos pasos de los cuales ni se percató cruzaron la sala. Entre la televisión y su visión algo se interpuso, era una persona, más bien… una chica en ropa interior. Alzó la vista tan rápido como pudo, Marta estaba delante de él con la cabeza ladeada y los brazos en jarra, mirándole fijamente.
Había aparecido en ropa interior, una de color rosa que no conocía. Parecía de encaje, de un tacto sedoso que solo el verlo le hizo que el vello se le pusiera de punta.
—Cielo… ¿Qué haces? —Sergio abrió los ojos de par en par, no se podía mover de la sorpresa.
—He pensado que podría felicitarte la Navidad.
La cara de Marta no era la habitual. Sergio no reconocía esos ojos de pasión, su novia no era la de siempre, aunque cuando lo pensó bien, solo unas veces contadas habían bebido juntos y menos tener relaciones sexuales.
La joven se lanzó al sofá, quitando la tele y abrazando a su novio.
Un beso rápido encontró los labios de Sergio que todavía sorprendido abrió la boca por la actitud decidida de su pareja, nunca la había visto así.
Una mano felina descendió por el jersey navideño del chico para llegar a su pantalón y aferrar el bulto que de una forma pasmosa estaba ya erecto.
En este último mes, no se le había puesto ni una vez así de rápido en el estado óptimo, últimamente incluso… le costaba. Al final los coitos solían ser algo pobres en su opinión, en algunos sin llegar al orgasmo, al menos siempre trataba de que Marta los alcanzara.
Su pareja ladeó su cabello dejando su vista clara y trató de soltar el dichoso botón del pantalón con ambas manos.
Sergio lo vio esperanzado, apenas desde la vuelta solo había tenido una única felación y le apetecía otra.
Ver a su novia a su lado, arrodillada con las piernas posadas en el sofá, las manos en su pantalón al tiempo que se apartaba el pelo le dio pistas de que se avecinaba lo inevitable.