La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) MENSAJE SORPRESA
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MENSAJE SORPRESA

El día siguiente fue sábado y Sergio se desperezó algo más tarde de lo normal, no tanto como su hermana que hasta pasado el mediodía no dio señales de vida. Daba la sensación de que se lo había pasado bien.

Lo curioso del día sucedió pronto, nada más mirar el móvil mientras seguía tirado en la cama.

Tenía un mensaje de su novia, el último te quiero antes de meterse en cama, más por cortesía, que por amor, o eso era lo que pensaba, aunque no se desencaminaba de la realidad.

Sin embargo, otra cosa le llamó mucho más la atención que ese pobre mensaje.

Era una notificación de Instagram, alguien le había comenzado a seguir.

Entró en su perfil y acercando la vista de la foto, confirmó lo que el nombre de usuario le delató, era Alicia.

Con un movimiento rápido de dedos, antes de pensarlo la aceptó y la siguió.

Tampoco tenía ninguna razón para no hacerlo, pero su mano fue más rápida que su mente, sobre todo a las mañanas tenía las de ganar.

A los pocos segundos, ella le confirmó la petición y Sergio, aún tirado en la cama envuelto entre las sabanas, comenzó a ver las fotos de la muchacha. La vista no le desagradó, tenía diecisiete años, la misma edad que su hermana, si la memoria no le fallaba, era su amiga desde preescolar.

Había un montón de fotos de fiesta, de vacaciones, disfrazada, de “postureo”…

incluso alguna en bikini en la que Sergio se detuvo un poco a cotillear.

Lo que veía no estaba nada mal, un cuerpo menudo, pero en forma, con unos senos bien puestos que se notaban algo voluminosos dentro del bañador, seguramente del mismo tamaño que los de Marta.

Justo al salirse de esa foto, algo le sorprendió de una forma que casi le hace saltar en la cama. Una notificación de mensaje le había llegado, ¡Alicia le había escrito!

—Holaaaaa.

—¿Qué tal? —contestó Sergio pensando a que vendría ese saludo.

—Nos hiciste pasar ayer una noche entretenida.

—¿Y eso?

—Laura sufrió unos cuantos vaciles, todo fue unas risas.

—Me alegro, aunque no por mi hermana, igual lo pasó mal.

—No, si acabó riéndose y todo. —envió ese mensaje y mientras la chica escribía Sergio pensaba en su pobre hermana “¿igual me pasé?”— Eres muy enrollado, bueno siempre lo has sido.

—¿Sobre todo cuando jugábamos a tomar el té?

—Jajajaja me encantaba cuando te ponías a jugar con nosotras.

—Pues apenas me acordaba. Cuando me lo recordaste ayer me vino más a la memoria, pero que va. Es más si no me dices que eres tú, no te hubiera reconocido, estás muy cambiada.

—Espero que para mejor.

—Sí, sí, claro. Aunque bueno es normal, tenía tu imagen de niña y has crecido. —el tono de la conversación daba la sensación de ser muy distendido.

—Suele pasar… la gente crece. —le añadió un icono sacando la lengua y Sergio sonrió ante la pequeña broma que rememoraba su propia frase.

—Está bien que me lo recuerdes… ¿Qué tal ayer, os lo pasasteis bien?

—Muy bien, había bastante fiesta.

—Qué envidia, hace como un mes que no salgo, estoy ahora estudiando para los exámenes e imposible.

—Pues oye, eso no está bien, tienes que salir.

Así te relajas y coges fuerzas para estudiar —Sergio recordó como en su época de instituto eso sería posible.

Sin embargo en la universidad, salir equivalía a perder un valioso día de estudio.

Alicia siguió en otro mensaje— La próxima vez, te quedas con nosotras, igual a tu hermana le da algo.

Sergio sintió que su experiencia y los años de ventaja con la jovencita, le hacían saltar un pequeño aviso dentro de su cabeza.

Aquello podía ser un pequeño coqueteo, todavía no tenía pruebas, pero la situación se encaminaba hacia ello.

Unos pequeños temblores se apoderaron de su cuerpo y se tapó aún más, casi quedando por completo debajo del edredón.

—No estaría mal… pero es verdad, no creo que a Laura le haga mucha gracia. ¿Por dónde soléis salir? —le preguntó mientras su mente le decía “no le estás mintiendo a Marta, no lo haces…”.

—Por el pueblo, que aquí podemos entrar en todos los bares.

—Nosotros, también. Raro que no hayamos coincidido, aunque últimamente con lo poco que salgo…

—Pues la próxima vez a ver si nos vemos ¿no? —“si mi instinto no me falla, esta pregunta es menos inocente de lo que parece” decía con un cosquilleo que le comenzaba a rodear los genitales.

—No estaría mal.

Contestó dejando el móvil en la cama, su corazón golpeaba con dureza y su miembro comenzaba a recibir sangre de todos los lugares. Había sido una respuesta simple, sin dobles interpretaciones, una conversación normal, entre dos conocidos, ¿o no?

La respuesta de la chica fue un guiño en forma de icono.

Las pistas que veía una mente calenturienta como la de Sergio, le podían hacer pensar que la jovencita pretendía algo más.

Sin embargo, lo que más le preocupaba era que algo en su interior le hacía sentirse realmente mal.

Todavía tenía el mal sabor de la traición muy reciente, esa penosa sensación de haber sido engañado por alguien a quien quieres.

Su cabeza le decía que si la amiga de su hermana quería algo, no debería ni pensárselo y rechazarla en el acto. Pero su cerebro situado entre sus piernas, le hablaba de otra manera, diciéndole todo lo contrario.

Abrió de nuevo el móvil, dirigiéndose a alguien que de seguro podría ayudarle, porque él en su momento hizo lo mismo con ella. Comenzó a apretar los botones de la pantalla y en un momento, estaba en la conversación con su Tía Carmen.

—¿Te pillo bien, tía?

—Por supuesto. Tú, siempre.

—Tengo una cosa que me acaba de asaltar, no es que sea realidad del todo, es una suposición hipotética.

—Demasiadas vueltas… dime, Sergio, ¿Qué pasa?

—Una chica creo que ha comenzado a coquetear conmigo.

—Entiendo con lo que me vas a venir. ¿Qué tal con Marta?

—Muy sin más, apenas hacemos cosas, paseamos casi sin hablar o solo de los estudios. Fueron unas buenas semanas, nos reíamos y tal… pero ha vuelto todo a lo mismo.

—Hijo, ¿Qué se te ha pasado por la cabeza?

—Si esa chica me dijera para quedar, ¿Qué debería hacer?

Lo que Sergio buscaba en esta ocasión, aunque él no lo reconociera, era el beneplácito de alguna persona.

Su tía era la idónea, habían hablado de un tema similar y ella había engañado a su marido con el joven, no podía haber mucha diferencia en lo que hacía ella a lo que pretendía Sergio.

Además que solo eran suposiciones, Alicia no quería nada con él, aunque la posibilidad de que “sí quisiera” aumentaba en su cabeza a cada minuto. Su subconsciente quería que así fuera.

—Primero háblalo con tu novia y segundo, si crees que esa chica te gusta, pues inténtalo.

—No me gusta, tía. Digamos que está en mi clasificación, pero no en el 5% que te conté.

—Jajajajaja tus clasificaciones… qué buenos recuerdos…

—Carmen hablando desde su cocina, miró al jardín recordando los pocos días de verano que pasó con su sobrino.

En ese momento, un escalofrío muy sentido le recorrió toda la columna teniendo que respirar hondo para serenarse— Si solo es para una noche, ¿crees que merece la pena cortar con Marta?

—No lo sé… quizá si lo hago sin que ella se entere…

—No. Eso no lo hagas. Si se acaba enterando habrá mucho dolor y no creo que te guste.

—Tía, al fin y al cabo ella me lo hizo primero.

—No estás con ella para devolverle las cosas —su tía tenía mucha razón, aunque el joven quisiera creer más lo que le gritaban sus partes nobles. Acabó por sentenciar— para eso, no haber vuelto.

—Carmen, pero no hay nada de malo en que lo haga. —a este punto quería llegar, donde su tía seguro que se ablandaba y convertía lo que rondaba por su mente en algo más… “Legal”— Tú lo hiciste conmigo y no creo que te sientas mal.

—Eso, Sergio, sabes que estuvo mal. Nos lo pasamos de maravilla y lo volvería a hacer porque te amo. Sin embargo, no quiero que copies mis errores, una cosa es lo que yo haga, pero tú no te tienes que escudar en mí para pensar que querer engañar a tu pareja está bien.

El joven cerró los ojos con el cuerpo algo agitado. Su calentura mañanera, le había hecho cometer el error de querer a toda costa la “bendición” de su tía. Esperaba ganarse el sí, sin embargo, su contestación había sido un portazo en los morros.

—Tienes razón, tía. Siento si te moleste, perdona.

—Nunca molestas, cariño. Yo ya cometí el error, tú puedes elegir.

—Carmen sintiendo que la conversación podía dar lugar a un cambio de opinión en Sergio, le dejó una cosa clara— Eso sí, una cosa te digo.

Si tienes pensado hacer algo como engañar a tu pareja…

solo te lo permito si coges el coche, vienes aquí y pasas la tarde conmigo, de ninguna otra manera, ¿entiendes?

—O sea… —Sergio escribía mientras se reía— ¿contigo sí, pero con otras no?

—Exacto, ¿algún problema? —paró para volver a escribir— Por cierto, me compré una taza de café nueva, le dije a Pedro que me la habías regalado, ¿te gusta?

La foto llegó y Sergio contempló una taza de color negro con unas letras en dorado que decía “para la mejor tía del mundo”.

Aunque la frase era lo de menos, la camiseta básica que llevaba como pijama, había sido bajada por debajo de los senos y uno de sus pechos escapaba.

Se veía tan magnífico como el joven los recordaba, tan perfecto, tan redondo, tan mullido.

La taza de café de la mujer echaba humo sin parar debido al ardiente café y a kilómetros de distancia, Sergio también estaba que ardía.

—ME ENCANTA. Te echo tanto de menos.

—Y yo a ti, cariño. Hablamos ¿vale? Tengo que vestirme.

—Yo voy a la ducha que necesito pensar en ti.

—Dios… Sergio… Te amo.

—Y yo.

El joven cumplió su palabra y en la ducha, gracias a la foto de su tía y los recuerdos vividos de sus vacaciones, descargó con unas ganas que le dejaron tembloroso.

Tuvo que pausar su cuerpo bajo el agua caliente, y sintiendo que todo volvía a la normalidad, se duchó con calma recordando lo mucho que quería a su tía.

La conversación con Carmen le había tranquilizado en sus pensamientos de infidelidad, “total solo son suposiciones” se decía una y otra vez en su cabeza.

“Solo eran palabras que malinterpreté, quizá por la falta de buen sexo…”.

Sin embargo, otra cosa luchaba desde lo profundo de su cuerpo, esa foto en bikini que tanto le había gustado.

Alicia posaba con gafas de sol para una cámara deseosa por más instantáneas, y en su plena juventud era todavía un fruto por abrir, “la niña… no está nada mal…”.