EL REENCUENTRO #2
Sin embargo, con la chica delante y sus preciosos ojos mirándole con aquel brillo tan especial que se incrementaba por su acuosidad, sumado a la fragancia que desprendía…
iba a caer. Lo único que pensaba el joven era en besarla.
Ella alzó la mano hasta encontrar su rostro, lo acarició y él se dejó hacer.
Sentía el calor de su mano, quizá podría creer sus palabras, darla otra oportunidad, ¿Qué diría su tía? ¿Y su madre?
No llegó a pensarlo, los labios de Marta se habían abalanzado sobre los suyos y sin poder evitarlo…
o sin querer apartarse, se juntaron en un beso que le dejó con los ojos abiertos.
La pequeña barrera de negación que le quedaba sobre su exnovia se había derribado con un fuerte estruendo.
Había caído con tanta violencia que el primero en abrir la boca e introducir la lengua en busca de la opuesta fue Sergio.
La rodeó con sus brazos por la cintura, apretándola con fuerza mientras ella hacia lo mismo en su cuello.
Sintió el calor, la pasión, las ganas… la falta del uno del otro por casi un año les hacía sentir un ardor irrefrenable.
La boca se abría dando paso a una virulenta lucha de lenguas en la que la humedad lo era todo.
Ninguno cedió, ambos siguieron por par de minutos sin parar de besarse, agarrándose con fuerza hasta que Marta soltó una de sus manos.
Sin abrir los ojos, encontró el pomo de la puerta que tenía el chico a su espalda, ambos sabían que conducía a un retrete individual vacío.
Antes de que el joven se diera cuenta, estaban dentro.
Por un instante los dos labios se separaron solo para que Marta lograra poner el pestillo con cierto nerviosismo, pero instantes después ya estaba en los brazos de su exnovio brindándole los mejores besos que sabía.
Sergio por inercia se sentó en la taza que permanecía bajada, para al momento siguiente, notar como Marta hacia lo mismo pero encima de su sexo y sin parar de besarlo. Tras el vaquero ceñido, podía notar como una parte antaño muy conocida para él, hacía de nuevo contacto con su miembro.
La erección era inevitable y también su desenfreno.
Bajó ambas manos al unísono desde la cintura a las posaderas de la chica que aspiró con fuerza al notar la dureza con la que le apretaba.
Sus pómulos estaban rojos y la pasión se había adentrado en su cuerpo, las lágrimas ya se le habían secado y ahora sus ojos solamente brillaban por el amor, la pasión y el deseo que desprendía.
Una de sus ágiles manos serpenteó hasta llegar al botón del pantalón de muchacho, que seguía palpando cada nalga pensando en si era posible que hubieran crecido.
En un instante fugaz, Marta había conseguido abrir el pantalón e introducir una mano que agarró con fuerza el miembro erecto del joven.
Sergio saltó al notar el agarre y como salido de un sueño le dijo.
—Marta… —los labios de su exnovia trataron de acallarle— aquí no… que nos pueden… pillar.
—Me da lo mismo… te he echado tanto de menos. —miró hacia la entrepierna del joven y acabó por añadir con una sonrisa que mostraba su perfecta dentadura—A ti también.
Con eso, el muchacho se dejó llevar. Marta se puso de pie y con un temblor visible debido la ansiedad y los nervios que le provocaban el éxtasis sexual se bajó los pantalones junto con la ropa interior.
Solamente una pequeña capa de vello cubría aquel órgano reproductor que a Sergio tantas buenas noches de placer le dio.
Sentado en la taza del baño, esperaba rememorar esos días.
Sin perder más tiempo, el muchacho copió a la chica que tenía en frente.
Bajándose tanto los pantalones como el calzoncillo, provocó que su miembro diera dos botes la mar de graciosos contra sus piernas.
Estaba tan erecto… tan duro, que no se lo podía creer, en unos segundos había adquirido el tamaño óptimo.
Aunque a Marta no le hizo gracia los curiosos botes que daba el pene del joven. Si no ver de nuevo el mástil que tenía su exnovio y que no recordaba tanto como deseaba. Verla después de casi un año hizo que su cuerpo comenzara a hervir.
Sentándose sobre Sergio, se introdujo lo mejor que pudo el pene. No estaba lubricada del todo, fue todo tan rápido que apenas le dio tiempo. Pero sí que estaba lo suficiente como para que de la primera sacudida, el pene del muchacho entrase casi al cien por cien.
—Te necesitaba… —dijo al notar como aquel cacho de carne duro como el acero la atravesaba su sexo y le abría todas las paredes. Si Sergio lo hubiera meditado, no podría asegurar si se lo decía a él o a su gran amigo…
—No hagas ruido, que puede entrar cualquiera.
—No creo… no hay apenas gente…
Dobló sus piernas haciendo que por fin todo lo que Sergio la ofrecía entrase tan dentro de ella como bien recordaba. Gimió sin control, algo que el joven jamás había visto y después, comenzó un coito lento, pero profundo, con un ímpetu sin igual.
Su cadera se movía con fogosidad, pero poco a poco.
Aunque cada vez que llegaba al final, imprimía una fuerza mayor para introducir todo lo que ponía del poderoso pene.
Sergio colaboró a su manera, con ambas manos en el trasero de la joven ayudaba en el movimiento dejando marcados sus dedos en ambas nalgas.
—Me voy a correr —trató de decirle Marta con los ojos a medio cerrar y la voz que se perdía en el gozo.
Apenas habían pasado unos dos minutos. Escuchando esas palabras, Sergio entró en un estado de frenesí.
Desde agosto que no tenía relaciones, cierto que las últimas que había tenido con su tía habían sido extremadamente satisfactorias.
Sin embargo, todo el sexo del año se podía concentrar en esa semana, lo demás días…
cada uno de esos largos días, había estado a “pan y agua”.
Sujetó con fuerza la cintura de la mujer, no pretendía que siguiera moviéndose adelante y atrás. La elevó con cierta fuerza, la mujer lo entendió e hizo el mismo movimiento proactivamente botando en las piernas de su exnovio.
—Es… estoy ya… —soltó Marta lo más bajo que pudo sin poder contenerse.
El orgasmo se acercaba, estaba a punto. La espalda se le encorvó y los preciosos ojos verdes se le cerraron para abrir la boca y que el cuello se le tensase hasta casi la rotura.
Sergio la miraba extasiado, sin saber cómo podía haber pensado siquiera en resistirse a semejante placer.
Sintió como en el interior su pene era apretado por todas las paredes para después notar la relajación de la mujer y… la humedad.
Marta se mordió el labio para sofocar el grito que luchaba por escapar, un grito que se guardó en su interior mientras disfrutaba del clímax perfecto, salvo porque algo la interrumpió. Alguien había abierto la puerta del baño y unos tacones resonaron contra la fría baldosa del suelo.