TENSIÓN EN EL BAÑO
Unas botas o quizá unos zapatos resonaban en el baño. Los dos se quedaron paralizados. Aunque Marta no podía sostener lo que dentro le explotaba y mientras los pasos se acercaban al lavamanos y lo accionaban, ella seguía corriéndose sobre el pene de su exnovio.
La mano rápida de Sergio, fue hasta la boca de la mujer, tapándola por completo y haciendo que esta le mordiera presa de una lujuria y placer que de algún modo tenía que evacuar.
Se sintió mejor con aquel mordisco, pasándole después la lengua por la marca, como un perro limpiando una herida.
Al momento vio como el joven que tenía su pene dentro de ella soltaba sus labios y se llevaba el dedo índice a la boca para que no hablara.
El grifo había parado y la chica que debería estar allí, recorrió la distancia hasta el baño individual adyacente. Los dos lo escucharon y en sumo silencio, Sergio la sacó del interior de Marta por pura coherencia… aunque la sensatez del joven cuando se trataba de sexo, brillaba por su ausencia.
Haciendo el menor ruido posible, todavía con unas ganas terribles de seguir con el coito, el chico se puso enfrente de ella dándole unos generosos besos, que terminaron cuando Marta tuvo que resoplar.
La asió por la delgada cintura girando todo su cuerpo para que la chica le diera la espalda.
Después la llevó paso a paso hasta el retrete en un lento caminar a la par que silencioso.
Los pantalones de ambos estaban por los tobillos y la maniobrabilidad era nula, aun así, lograron que ningún ruido llegara a los oídos de la intrusa.
Un chorro se comenzó a oír, algo nauseabundo para ambos, pero que ahora les daba lo mismo.
Sergio con las riendas tomadas, hizo que la chica colocara las rodillas en la taza y con un leve empujón en su espalda, la encorvó para que su trasero se alzara justo a la medida perfecta.
Exactamente para que su pene se volviera a introducir en ella.
No dudo al ver el húmedo sexo de su ex amante.
Agarró con todos los dedos de la mano derecha su poderoso miembro y lo introdujo sin piedad.
La espalda de la joven rubia se arqueó por completo mientras sus piernas pegadas vibraban por el placer.
Apretó sus dientes con fuerza, el generoso miembro del joven lo conocía, pero tenía olvidado todo lo que la llenaba.
Se dio la vuelta para mirar al chico que la sujetaba por la cintura, se veía titánico a su espalda y moviendo los labios sin hacer ruido le dijo “¡Qué grande…!”. Sergio no lo aguantó y mientras en el cubículo de al lado, la mujer terminaba de hacer sus necesidades, él comenzaba con otras.
Marta se tuvo que llevar la mano a la boca para no gemir en voz alta.
Entre sus dedos solo dejaba pasar el aire que de manera apresurada entraba y salía por los pequeños resquicios que asomaban.
Sergio sin llegar a meter todo, no paraba de practicar el sexo sin llegar a hacer ruido, solamente se escuchaba un sonido acuoso inaudible para oídos que no quisieran escuchar.
El lavamanos volvió a accionarse y después el secador.
El fuerte ruido permitió al joven introducir del todo su pene de forma ruda, haciendo que Marta no pudiera evitar gemir lo más bajo que su alma la permitía.
Era imposible no sentir placer al notar todos los centímetros de su exnovio en el interior, era algo que iba contra las leyes de la naturaleza.
Sergio agachó un poco su cuerpo mientras la chica se alzaba para escucharle.
El aliento caliente golpeaba la oreja de la muchacha cuando Sergio abrió su boca y le dijo.
—He pensado tanto en esto…
Sin dejar de mirarle la mujer aspiró tanto aire como pudo, estaba ardiendo igual que un horno industrial.
Volver a notar el pene de Sergio en el interior era una cosa que había olvidado y necesitaba recordar.
Habían sido varios meses con el otro chico, pero no se podía engañar, había echado de menos a Sergio. Esa era la realidad.
Por fin escucharon la puerta, ambos estaban de lo más calientes, jamás lo habían hecho en un baño y menos con alguien que les pudiera pillar.
El muchacho que no paraba estaba a punto de terminar y no perdía de vista el trasero de su exnovia, que ahora tenía la certeza de que había crecido.
Todo el cuerpo de la joven comenzó a mecerse de adelante a atrás mientras se apoyaba en el retrete.
La imagen del sexo a Sergio le volvía loco, volver a saborear la dulce mil del coito le parecía delicioso.
—Voy a terminar —soltó en un sonido animal el joven poseído por el amor.
—Hazlo fuera, ahora no estoy con la píldora. —el volumen de su voz se alzaba demasiado.
—Joder, menos mal que me lo has dicho. —pensó que igual la calentura del momento le daba una oportunidad y probó— ¿Me corro en algún lado?
—¿Cómo? —Marta jadeaba de placer.
—Si me corro sobre ti, ¿en tu culo? —no quería tentar más a la suerte, pero hacerle lo mismo que le hizo a su tía en los senos, le hubiera encantado.
—No, no, échalo en el baño. No me des a mí.
Algo decepcionado, pero igualmente caliente, sacó su miembro del interior de Marta.
El sonido semejante a una botella de champán descorchándose trajo consigo primero un gemido de la mujer y después un “ruido vaginal” que solía hacerle bastante gracia.
Salvo que ese momento al joven no le importaba lo más mínimo.
Agarró sus dieciocho centímetros lubricados por el líquido interno de la chica y se masturbó al tiempo que Marta recuperaba el aliento.
El semen salió como loco disparado y su mano izquierda lo paró mientras la diestra no se detenía en el empeño de dar placer.
Se estremeció de un modo que solo recordaba con Carmen y se tambaleó hacia atrás topando con la puerta mientras trataba de recobrar el aliento y sus ojos se perdían en la fluorescente del techo.
Limpió su mano cuando se vio preparado para moverse, Marta con un rostro enrojecido le sonreía con coquetería como si no hubieran hecho nada. La joven tenía el rostro como si solo se hubiera dado unos besos de adolescentes después del instituto.
Salieron de uno en uno, primero Sergio y en segundo lugar la chica, que se tuvo que humedecerse la nuca y después, lavarse el rostro para quitar la coloración que demostraba lo que había pasado.
Mientras el joven trataba de disimular mirando sus apuntes a la espera de que su compañera de estudios regresase, vio al final como Marta atravesaba la zona de estanterías de vuelta a la mesa.
Una sonrisa tonta salió en su rostro cuando se dio cuenta del extraño caminar que portaba su exnovia… de lo cual, se sintió orgulloso.