CONFIDENCIAS #3
Llamaron a la puerta de la entrada y Carmen les abrió de manera efusiva. Durante toda la tarde les había echado de menos, aunque quizá algo más a su sobrino al que abrazó con fuerza, reprimiendo las ganas que tenía de llevárselo a “otro lado”.
—¿Qué tal os lo habéis pasado? —preguntó Carmen a su hermana.
—Bien, ha sido más que relajante.
—Oye… —le dijo fijándose en como los pómulos de la mujer estaban algo rojos. Se acercó para oler el aliento que emanaba de su boca— tú… ¿Has bebido? ¿Sin mí?
—Quizá sea una nueva Mari —dijo su sobrino subiendo las escaleras para ponerse el pijama.
—¡Vaya sorpresa! —rio Carmen haciendo que su hermana se avergonzara levemente— Vamos a cenar anda que he hecho una tortilla. Oye, si quieres, ya que vienes así… y me lo pides con tantas ganas… Podemos abrir una botella de champán, mira ¡qué buena idea has tenido, hermanita!
—No, Carmen, de verdad, ceno y me voy a cama, estoy molida.
—Anda, anda… —le dijo mientras la cogía del brazo— vamos a disfrutar, cariño.
Sergio bajó de su habitación cuando las mujeres estaban en la mesa de la cocina cuchicheando, a la par que acompañaban la cena con sendas copas de champán.
—Cariño, siéntate, lo que queda es para ti —Mari le señalaba la media tortilla que sobraba.
—Es demasiado, no creo que me la termine…
—Come. Que Carmen ha hecho mucho —replicó su madre.
—Haz caso a tu madre.
Añadió Carmen lanzando una mirada más que descarada delante de su hermana, cada vez se cortaba menos.
Los tres cenaron en la mesa y el chico se acabó su plato a regañadientes, eso sí, después se sintió más vital, había repuesto energías.
Las dos mujeres hablaban y hablaban, centrándose en cosas de la familia y cotilleos varios sin mayor relevancia.
Sergio en cambio, nadaba en sus pensamientos mientras miraba el móvil sin hacer nada realmente, contestar algún mensaje ocasional y echar una ojeada a las redes sociales.
—¿Hablando con tu amiga? —le preguntó su madre, algo que Sergio le costó entender. Su tía reaccionó antes.
—¿Qué amiga? —sorprendiéndose realmente.
—Mi hijo, que tiene una “amiga”. Al parecer esta hecho un Don Juan.
—Pues no me había dicho nada.
—Nada, no cotilleéis sobre mí, por favor…, cambiando de tema… ¿Te ha contado mamá que me ha intentado ahogar en el río?
—Sí, sí, cambia de tema, canalla —saltó su tía con una sonrisa felina. Entendió a la primera quien era la “amiga”—. No me ha dicho nada… o sea que Mari, ¿me quieres dejar sin sobrino?
—La verdad —Mari comenzando a reír— que nos lo hemos pasado realmente bien. Aunque luego el agua estaba un poco fría y ya nos hemos salido, el río nunca está caliente del todo.
—Ahora una ducha y como nueva, cielo —le contestó Carmen.
De pronto una luz se encendió y su mente a la velocidad del rayo caviló un plan que no se le había ni pasado por la mente— o…
podemos hacer otra cosa. —la mujer creó unos segundos de intriga mientras los otros dos la miraban expectante— Mari, ¿has estado alguna vez en un jacuzzi?
—ella negó con la cabeza— ¿Te apetece meterte en uno?
No supo que decir, aunque las burbujas del champán ya le habían subido a la cabeza y no vio ningún impedimento para decir que no a esa proposición. Nunca había estado en uno y de no aprovechar el de su hermana, quizá jamás volvería a disfrutar de ese placer.
—¿Por qué no? —ambas brindaron y rieron a la vez mientras Sergio pensaba “de vez en cuando qué raras son las mujeres…”.
—Bueno… entonces con vuestro permiso marcho a cama que estoy muy cansado.
—Oye, no, no, no. No puedo permitir que mi sobrino se vaya sin probar el jacuzzi.
—No sé, Carmen, estoy realmente cansado.
—Tranquilo, hijo, si no vamos a tirarnos toda la noche, es solo un rato. —le sorprendió que su madre dijera aquello. La Mari habitual, le hubiera dicho que lo mejor era ir a cama y descansar. Su “nueva madre” le gustaba.
El joven movió los hombros sin saber lo que iba a hacer. Aún estaba con el cerebro algo lento debido a la comida y al cansancio, pero mientras ambas mujeres subían al cuarto con las copas de champán lo vio claro.
Su mente rápida carburó una frase del todo real “voy a ir a un jacuzzi con mi madre y mi tía. Con esta última he tenido sexo y estará en bañador, bueno… mejor dicho, las dos lo estarán. Es surrealista”.
La elección era obvia, al menos para una mente más calenturienta que de costumbre.
Ir con ambas mujeres y compartir las burbujas del jacuzzi era del todo tentador, pero claro, el factor que le desequilibraba era su madre.
Se propuso buscar alguna excusa, sin embargo, a su cerebro, tampoco le apetecía, lo que deseaba era meterse.
Al tiempo que pensaba vio cómo su madre se metió en su cuarto.
Sergio no lo hizo, aprovechó los pocos minutos que su madre se entretuviera, si es que tenía alguno, para ir primero donde su tía.
Llegó solamente un minuto después de que Carmen traspasara su habitación, pero la mujer se había dado prisa, justo la pilló en el baño metiendo la primera pierna en el agua.