La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) ¡CORRE, CARMEN ESPERA! #3
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¡CORRE, CARMEN ESPERA! #3

Carmen se puso las manos como le había mostrado antes al chico y este se colocó de pie como un rayo, con la mano en su pene para masturbarse con fiereza.

La tía veía de rodillas como su sobrino parecía un titán con aquello en la mano moviéndola a la velocidad del rayo.

Estaba excitada de por sí, pero verse así por primera vez, alteró todo su ser.

El calor la inundaba, una sensación de erotismo salvaje se apoderó de ella, solo quería ver salir aquella masa viscosa de semen de la punta del joven pene.

—Vamos, cariño, sácalo. —le animó de forma improvisada sin creer lo que decía. Su ardiente cuerpo le rogaba por más, que terminara ya, necesitaba eso que su sobrino le iba a dar, no entendía por qué estaba tan deseosa de recibirlo. Incluso su boca le hizo saber al joven que lo necesitaba— Córrete.

—Ya va, sí, tía, sí.

El pene de Sergio se colocó muy cerca de los pechos.

Con su mano, detuvo por un instante las atroces ganas de expulsar el orgasmo que llegaban como una estampida.

Esperó menos de un segundo, conteniendo todo dentro de su hinchado sexo, quería abundancia.

Su tía de mientras, sin pestañear siquiera, esperaba con las manos debajo de sus pechos para alzarlos lo más que pudo.

El primero salió, comenzando de nuevo a mover su piel de arriba y abajo.

Carmen lo esperaba con los ojos abiertos, pero no estaba preparada, puesto que era la primera vez que le disparaban el semen fuera de su vagina.

Su pecho derecho fue el objetivo, un impacto que le hizo sacar un pequeño grito de sorpresa, ¡y placer…

! “¡Alucino!”. El calor que desprendía, la textura, todo el morbo…

le envolvió en tal pasión que su respiración se agitó aún más.

Una masa abundante de líquido blanco golpeó su seno formando una mancha de volumen considerable.

Recibió el segundo que era igual de abundante que el primero, pero esta vez, por iniciativa propia dispuso el otro seno.

La sensación fue la misma, aunque esta vez soltó solo un único y comedido gemido de placer al notar como todo el semen le llenaba el pecho izquierdo.

La visión era terrible, a la mente le vinieron los sobres de mayonesa de comida rápida que alguna vez le traían.

“Es como si me hubieran lanzado varios a las tetas”, su mente sonrió con tal imaginación, aunque su rostro seguía con el mismo rictus y los ojos fijos en el miembro de Sergio.

Un tercero se deslizó por la punta mientras Sergio soltaba un interminable.

—Aaahhh.

Que a Carmen, incluso le hizo gracia. Sin embargo, evitó reírse por no estropear tal momento de pasión. El líquido que salió en esta acometida, llegó al seno derecho de la mujer, que levantó estos aún más recogiendo la pequeña cantidad que salía.

Sin poder soportarlo más, el joven se sentó en la cama, recostándose finalmente sobre el mullido edredón, sin ninguna fuerza y con el ritmo cardiaco por las nubes. Había quedado igual que su tía escasos minutos atrás.

Carmen se miraba aún los pechos sujetados por su parte inferior “esto… no… no ha estado… nada mal” pensó al ver como esa sustancia blanca le recorría casi completamente sus senos.

Levantó la cabeza solo para ver a su sobrino agotado, pero con el vigor de su miembro aún recto como el mástil de un barco.

No pudo soportar quedarse quieta, la punta del joven esta morada, lubricada todavía con alguna que otra saliva suya que la dejaba brillante y en un arrebato, le pasó la lengua.

Sergio se estremeció como nunca y puso las palmas en alto para que parase, pero su tía ya se había levantado en dirección al baño.

Debía limpiarse a fondo, aunque, tampoco le hubiera importado disfrutar un rato más de la sustancia caliente y espesa sobre sus senos.

Se quitó el sujetador limpiándose con agua para dejarlos impolutos, perdiendo unos segundos contemplándose en su desnudez, viéndose radiante, bella, espléndida.

“¿Será gracias a la excitación que tengo?” Pensó antes de darse la vuelta.

Lo que más la sorprendió de camino a donde su amante reposaba, era el gran tacto que le dejaron y el tono brillante que habían adquirido “¡mejor que mis cremas!”.

El orgasmo le había quitado varios años de encima, caminada flotando por la alfombra sin dejar de mirar al joven que seguía tumbado en la cama.

Estaba pletórica, pero el clímax del chico…

esa… corrida, había sido algo que aún le hacía vibrar todo su cuerpo.

Carmen que de nuevo estaba lista y con la llama de la pasión bien encendida, se quedó totalmente desnuda enfrente del joven. Sergio había conseguido incorporarse y le esperaba apoyado en la cama sobre sus manos y sin la camiseta… los dos estaban desnudos.

Caminó hasta donde él y puso sus manos en sus hombros, este pasó las manos por sus muslos llegando hasta su trasero donde lo palpó con cariño.

—Veo que sigues listo.

—Ni siquiera bajó… increíble.

—¿Gracias a mí? —preguntaba al tiempo que empujaba a su sobrino, tumbándolo en la cama— Qué halago…

—Te los mereces todos.

Carmen sonrió esta vez de felicidad, las palabras de Sergio en verdad hacían que su corazón saltara de alegría.

Se colocó ahorcajas otra vez encima de él, aunque esta vez ambos sin nada de tela que separase sus sexos.

Llevó el aparato reproductor de su sobrino hasta el suyo y allí lo dispuso en la entrada, para después dejarse caer con calma para que nada doliera.

Aunque… los 18 centímetros entraron sin restricción.

—¡Jesús! Me llena entera. —no lo dijo para que Sergio lo supiera, aunque este le contestó.

—Eso está bien… —Sergio se sentía más liberado y sujetó las caderas de su tía para ayudarla— ¿Sabes que todavía son las siete y cuarto?

—¡Qué maravilla! Nos va a sobrar tiempo. —seguía moviéndose con parsimonia, notando que la vergüenza inicial se disipaba— No creo que aguante mucho rato… estoy mayor… —añadió una pequeña mueca de burla.

—No tan mayor —Sergio le guiñó el ojo y movió su cadera, acoplando el movimiento de su tía al suyo e insertando cada uno de los centímetros de su pene de una sentada.

—Caaa… bron… —Su garganta lo soltó al sentir como su vagina se abría de forma abrupta por el grosor de Sergio hasta llegarle al fondo. Donde nadie antes había llegado— ¿Esas… tenemos?

Carmen subió el ritmo progresivamente, su cadera ya se movía sola a un ritmo que no recordaba practicar desde hacía muchos años, “quizá la que tuvo retuvo, será como montar en bici, nunca se olvida”.

Sergio abría y cerraba la boca notando como en el interior de su tía, los jugos de esta daban un baño satisfactorio a su pistola.

Estaban comenzando a desatarse, habían roto la barrera de la vergüenza y comenzaban a sacar sus verdaderas personalidades.

El pelo rubio y bien peinado de Carmen comenzaba a volar adelante y atrás, y Sergio no podía dejar de mirar los pesados pechos de su tía, se movían como locos siguiendo el baile de la penetración.

Pocos minutos pasaron así, hasta que Carmen volvió a abrir la boca intentando respirar grandes bocanadas de aire, parecía que ninguna la llenaba por completo.

Sergio se veía aún con mucha resistencia, su miembro había descargado hacía poco y el fin ni lo vislumbraba.

Viendo como la mujer comenzaba a emitir sonidos más y más elevados.

Posó sus manos en ambas nalgas, agarrando con relativa fuerza, cogiendo una gran parte de carne sin querer que sintiera dolor.

De seguido, subió sus piernas, alejando sus pies del suelo y colocándolas en la cama, estaba listo.

Ayudó a su tía primero en la tracción, aunque era demasiado, Carmen no podía seguir ese ritmo.

Por lo que dejó sus manos en la cama y abrió las piernas todo lo que pudo alzando su trasero en dirección al cielo.

Las manos de Sergio separaron lo que pudieron las nalgas y con su cadera, ahora él era el que se movía a un ritmo muy elevado.

Carmen apenas podía cerrar la boca, los ojos en cambio, no podía abrirlos al sentir un pene enorme introducirse en ella una y otra vez.

Estaba siendo penetrada sin parar y con una profundidad sorprendente.

El ritmo era endemoniado y el sonido de los genitales de su sobrino chocando contra el trasero de la mujer resonaba en toda la habitación.

—Sigue, sigue…

Comenzó a decirle a su sobrino, la mujer estaba totalmente desatada.

El aire entraba en su cuerpo de forma acelerada dado el éxtasis del coito y el esfuerzo realizado.

El joven que estaba poseído por un placer incalculable, aceleró cuanto pudo, escuchando para su deleite tanto los gemidos (demasiado sonoros) y los sonidos acuosos de su pene entrando y saliendo.

La pasión le pudo y escuchando como su tía ya comenzaba a gritar, no pudo reprimirse. Alzó su mano derecha y recordando lo poco que le gustaba a Marta, la bajó con fuerza, propinándole a Carmen un sonoro azote que hizo que sus nalgas temblaran.

—¡SÍ! —gritó Carmen al recibirlo— Sergio…, me corro… me corro… —en el tono se percibía la aceleración de su cuerpo. No obstante apenas era más audible que un susurro— ¡Ay, madre mía! Ya viene… ya viene…

Carmen gritó la vocal “a” sin parar, hasta que de pronto, le sorprendió como su sobrino había logrado amarrar uno de los grandes senos con su boca.

Succionaba el pezón de manera afanosa, como si tratase de robarle aquel pecho que la pertenecía.

La mujer que a cada décima de segundo notaba mucho más placer, acabó por agarrar la cabeza de Sergio contra su pecho y gritó terribles maldiciones, que cualquier vecino podría haber oído, de haberlos tenido…