¡CORRE, CARMEN ESPERA! #2
Veía con unos ojos a medio cerrar como su sobrino se deleitaba con su sexo rasurado.
El placer la estaba inundando, abrió todo lo que pudo las piernas para recibir el máximo de gozo.
En menos de un minuto, quizá no habían pasado ni treinta desde que Sergio se lo había tomado en serio, todo el calor se concentró en una sola zona.
—No… no… no me lo creo —Sergio la miró sin dejar de desempeñar su tarea— me… voy… me voy a… a… a… a correr.
Los gemidos ahora eran más sonoros, las bromas se habían acabado, ahora llegaría el clímax que tanto ansiaba.
Los primeros retazos de orgasmo aparecieron, pero Carmen los aplacó, sabía que luego los multiplicaría.
Aunque tal era la suma de placer que le daban aquel dedo y aquella lengua, que le era imposible retener todo aquello un segundo más.
Sabiendo que era inevitable, avisó a su sobrino.
—Cari… cari… ño…, no me aguanto, me corro…
—Córrete tía… a eso hemos venido… —dijo sacando por primera vez su boca del clítoris.
—Pero, sa… saca… saca… tu lengua… que la… me… me… me…
Los sollozos eran más altos, convirtiéndose en verdaderos alaridos.
Carmen no se acordaba de lo que era un verdadero orgasmo, aunque no quería expresarse de manera tan sonora, le era imposible ceder ante tales sensaciones.
Sintió como se electrificaba su cuerpo, como la espalda se arqueaba contra la cama y como el interior de su sexo ardía como si del mismo infierno se tratara. Logró recordar lo que era el placer.
—No… no me quito —dijo su sobrino llamando su atención— córrete.
—¡DIOS!
Carmen ante la puerta abierta que le dejó el joven, no dudó en aceptarla.
Puso un antebrazo en la cama y se erigió levemente no quería perderse ni un segundo.
Colocando la otra mano en el pelo de su sobrino, le aprisionó ante su sexo, mientras este seguía moviendo su cabeza al tiempo que lamia.
La explosión estaba allí, aquella situación le provocaba un morbo inexplicable, era la primera vez que iba a hacer algo como eso, iba a terminar mientras alguien le devoraba su sexo.
El calor se había concentrado y ya reventaba la salida, por lo que con un grito clamando al cielo, Carmen lo dejó salir.
Las piernas temblaron frenéticas y se movieron poseídas por el demonio, su brazo quedó sin fuerzas casi haciéndola caer en la cama, pero aguanto.
La presión le hizo cerrar los ojos, sin embargo quería ver el momento, el instante en el que su sobrino, recibía el orgasmo que su tía le ofrecía a su boca.
En su interior se sentía más liviana, más desatada, su cara ardía y en las partes bajas de su cuerpo parecía haberse metido en la piscina.
Los pulmones trabajaban al máximo de su capacidad mientras dentro del sujetador sus senos parecieran que iban a extrañar de la presión.
El placer que le recorría todo su cuerpo tenía el epicentro en su vagina.
No supo cuánto tiempo paso, pero más de un minuto estuvo gimiendo con un hilo de voz, el gozo seguía y seguía mientras observaba como su sobrino le limpiaba todo lo que emanaba de ella.
—Pa… para…, mi vida, para… —le consiguió decir en un momento que pudo— no lo soporto más, dema… demasiado placer.
Sergio retiró su boca del sexo y esta observó que toda humedad que tenía en su interior ahora manchaba la mandíbula del joven. Pequeños trozos de sus fluidos se posaban tanto en labios como en los pómulos de este y una gota traviesa, reptó desde su barbilla recorriendo su cuello.
—Menuda… corrida, Carmen… —Sergio no podía creerse semejante despliegue de fluidos mientras se pasaba la mano por el pómulo. En un arrebato de pasión le añadió— Estás deliciosa.
—¿Te… te…? —a la mujer todavía le costaba recuperarse— ¿Te lo has comido?
—Lo que pude…
—¡Jesús…! ¡Jesús! Me… has matado.
Carmen se quedó tirada en la cama con la respiración a toda velocidad y el corazón dando latidos desbocados, sentía que en cualquier momento podría sufrir un infarto.
Intentó llenar todo lo que pudo sus pulmones, para serenarse aunque fuera un poco, pero le costaba más que nada en el mundo.
El orgasmo había sido perfecto, o quizá más que perfecto, sin embargo la excitación y la pasión, todavía seguían allí.
Sergio había ido al baño a limpiarse un poco el rostro, estaba demasiado mojado para seguir con la tarea. Apenas tardó unos segundos en volver que su tía ya trataba de levantarse para conseguir sentarse en la cama.
—Aún me tiemblan las piernas —habló en un susurro, todavía pensando en lo que su cuerpo no paraba de sentir.
—Espero… que sea el comienzo… de algo mejor. —ambos sentían algo de vergüenza por estar el uno frente al otro, las cosas habían cambiado mucho para Carmen sin estar borracha.
—Lo es. —se sentó al borde de la cama y miró desafiante al bulto que su sobrino escondía enfrente de sus ojos— ¿Esto… está listo?
—Estoy demasiado caliente, no sé si voy a aguantar siquiera 10 segundos.
—Sería todo un halago para mí —sacó el primer botón y bajó los pantalones para ver el pene solo tapado por el calzoncillo— sí que… sí que estás listo, madre de dios. —adentró sus dedos por el calzoncillo y una mano sacó lo que dentro reposaba.
Carmen no pudo evitar contener el aliento cuando la vio de frente y sin estar ebria.
Sus ojos se posaron después en los de su sobrino, buscando saber si aquello era real, sí que lo era.
En su mano, rodeándola con sus dedos, el pene de su sobrino era acero, estaba tan dura…
tan ardiente… y a la vez tan suave, le pareció magnifico.
Aquello confirmaba lo que se veía en la foto y en directo, parecía muchísimo mejor.
—Por favor, Sergio… ¿Eran dieciocho? —su voz apenas salía en un susurro. Mientras con la mano diestra sujetaba el sexo del joven, con la otra le quitaba los pantalones dejando únicamente en la parte de abajo los calcetines.
—Sí… —contestó después de un resoplido notando como su tía tiraba la piel de su prepucio hacia atrás— 14 de perímetro.
La mujer miraba como hipnotizada el músculo que tenía en las manos, le parecía increíble, “¿dónde has estado todo este tiempo?” pensó.
—¿Va a ser rápido? —dijo Carmen casi por no mantenerse en silencio.
—Muy… rápido… —las piernas del joven comenzaron a estremecerse.
—Siéntate, cariño. —volvió a obedecer y ella se arrodilló entre sus piernas— ¿Te apetece algo en especial?
—le preguntó mientras se quitaba la bata del todo y echaba su pelo hacia atrás.
Pero Sergio no entendía, apenas podía comprender algo en ese momento— lo digo, porque…
yo me he… ido… en tu boca… por si tú… ya sabes.
—No, tía —apretó los dientes gozando de placer— no me va mucho… ¿Y si luego te beso? Me… me… daría como cosa…
—¿Quién te ha dicho que me puedes besar? —aquel comentario la soltó un poco y agarró el miembro con más dureza.
—No… no sé… —gimió al sentir como de nuevo su prepucio salía a la luz por maña de la mujer— quizá…
te apetecía. —había pensado que era lo que más le gustaba y que Marta nunca le había permitido, pensó en probar suerte con Carmen.
Pero cierta vergüenza casi le impide decírselo— Te importaría…
en tus… por… ya me entiendes —se rodeó con la mano su propio pecho para hacerla entender.
—¿En mis tetas? —rio con cierto nerviosismo— no me importa, cariño, ¿me quito el sujetador?
—No, no, mejor así, están… muy… —Carmen subía y bajaba la piel de su sobrino con más velocidad— grandes… ¡No me aguanto!
—¿Te… gustan mucho? —se vio con más confianza y muy sensual. Carmen, soltando el pene de su sobrino llevó ambos brazos bajo su sujetador y desde la parte baja, elevó ambos senos para que se vieran a la perfección— ¿así?
—Son perfectas… me vuelves loco…
—Cariño…, —río volviendo a coger el sable duro de Sergio— ¿te gusta… acabar en los pechos?
—Sí… y… no… —Sergio podía notar los primeros esbozos de placer y apenas se la estaban tocando— será… la primera vez que lo haga.
—¡No me lo puedo creer! —fue la primera vez que habló con un tono normal— ¡Qué honor!
—Sergio la miró. Vio cómo se dirigía la punta el pene a sus pechos y añadía— Si lo deseas, puedes hacer los honores.
La coges así cuando vayas a explotar, pum…
—señalando una zona de su pecho con el sexo de su sobrino— pum… pum…
—Carmen…, por favor…, empieza, me estás matando.
—Claro, cariño, siento la espera… ojalá te guste… hace mucho que no lo hago.
Sergio casi impaciente porque su tía comenzara, disfrutó de la visión perfecta cuando Carmen abrió la boca y engulló toda la carne que pudo.
El joven echó hacia atrás la cabeza con brusquedad, cerró los ojos y se estremeció.
La mojada lengua de la mujer, humedecía la parte inferior de su pene, al tiempo que la totalidad de la boca envolvía la carne restante, el calor le llegaba a cada milímetro.
Aun haciendo muchos años que Carmen no “practicaba” una felación, se desenvolvía con suma fluidez. Subía y bajaba su cabeza succionando el pene de Sergio sin parar, al tiempo que su mano hacia lo mismo moviendo la piel.
El placer llegó a los quince segundos. “Imposible” pensó Sergio, pero sí lo era.
El líquido preseminal había comenzaba a salir.
“No me lo creo, ¿ya?” se dijo el joven observando como su tía seguía centrada en la felación y al mismo tiempo, le dedicaba una salvaje mirada con sus preciosos ojos.
“¿Quién podría aguantar algo así? Es normal…”
—Carmen… —ella le seguía mirando con sus ojos del color del mar, mientras su cabeza subía y bajaba. Aún no le había dado ni tiempo a que su pelo se alborotase— tía… creo… que… que…
—¡¿Ya?! —dijo la mujer atónita por la rapidez, separando sus labios de la prisión que tenían sometida al pene, pero sin detenerse en la masturbación— ¡¿De verdad?!
—¡Mierda! Sí, sí, sí… ¿Hacemos…? ¿“Eso”? —dijo como pudo recordando en lo que habían quedado.
—Claro, claro.