La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) DÍA EN FAMILIA #2
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DÍA EN FAMILIA #2

—Joder… —la palabra sonó muy sentida en la boca de Mari que se sintió indignada. Aún pensaba que seguían juntos, es verdad que no le preguntaba, pero ¿Cómo no se lo podía haber dicho?

—Lo siento, pensaba que lo sabías y que si lo hablaba conmigo, que al menos tú estarías enterada.

—Carmen se sentía mal, pero Mari la apremió a que siguiera con lo de Pedro.

Ya dejarían para otro momento el tema de su hijo— Pues eso, en el coche le conté mis dudas, mis inquietudes y si te soy sincera me ayudó mucho.

Si te soy sincera es como si lo pudiera ver todo de otra manera.

No es que no esté enfadada, pero… me lo tomo… ¿Con más filosofía?

—Me alegro —aunque no mentía, la cara de Mari reflejaba el mal trago que se había llevado por lo de su hijo.

—¿Cielo, estás bien? De verdad, no sabía nada, joder… si lo sé me cayó.

—No, no… para nada tienes tú la culpa, Carmen.

Lo que en verdad me molesta, es lo poco “íntimos” que somos mi hijo y yo.

Siempre ha rondado en mi mente acercarme más a mis hijos, preguntarles por su vida de forma…

seria… no casi por cortesía, pero no me sale, tengo una barrera, que no…

que no me deja avanzar. —en su cara se podían atisbar trazos de pena— Creo que soy muy fría con ellos, en especial con Sergio, es el mayor y bueno no sé…

quizá puse más atención en su hermana… yo qué sé.

La cosa es que me gustó el abrazo y el beso que me dio, pero me da hasta vergüenza ir y dárselos…

—Mari veía sus propias palabras como una chorrada.

Sin embargo en el fondo eran tan reales…

— si me los da los recibo de mil amores, pero si es al revés, me cuesta… ¡Mierda, es mi hijo!

—Quería hablar de nuestros maridos y esto acaba derivando en Sergio.

—ambas sonrieron ante lo curioso del tema— Aunque me parece bien hablar de ello.

Lo único que puedo decirte es que tienes que actuar más como yo.

Cuando le veo me encanta darle abrazos y si quiero darle un beso, se lo doy.

—no podía evitar pensar en cómo le tocaba esa misma mañana— Sé que es diferente, soy su tía…

sin embargo deberías ser más cariñosa, es tu hijo, Mari.

Además que es un amor, cariñoso, bueno, sensato, lo tiene todo, yo lo amo con locura…

deberías forzarte un poquito, según le des el primer abrazo quizá ya no pares.

—Entiendo lo que dices, pero me es tan complicado. Si lo pienso, tampoco con Dani… bueno a él le doy otro tipo de cariño, pero cada vez menos… creo que estoy mezclando dos problemas en uno.

—Pues hablemos de ambos, cariño —le dijo Carmen dirigiéndole una sonrisa a su hermana para que alegrara el rostro—. ¿Quieres hablar de la relación con tu hijo? Hablemos, ¿quieres despotricar a tu marido? Lo hacemos. A mi Pedro ha llegado un punto de que me da igual, te lo juro.

—Y, ¿eso gracias a Sergio?

—Sí y no. Al principio, como es obvio, me decía que no, que no podía ser, pero viendo la realidad consiguió que lo viera todo de otra forma. —aunque Carmen también recordó la noche en que le hacía ver las cosas de otra forma mientras estaba encima de ella.

—Conoces más a Sergio que yo —dijo con una sonrisa irónica y negando con la cabeza— ¿Qué más te contó de Marta?

—Pues eso que estaban bien y de repente de un día para otro, se fue con su ex, un chico que hacía…

creo que tres años que no veía, no me acuerdo de las fechas.

Que había estado un poco mal en lo anímico y también, en otras cosas…

. Ya te imaginas… es un adolescente… había pasado de tener mucho a nada y estaba mal.

Entendible, es un chico en la flor de la vida.

—Vale… perfecto… incluso te habla de sexo ¡Estoy alucinando!

—decía Mari dando un sorbo a su café para serenarse— Creo que me van a dar el premio a madre del año.

¿En qué lugar estaré en la lista de Sergio para hablar de algo?

¿Última? O quizá aún más abajo. Me siento fatal, en menos de un día estoy viendo que la relación que soñaba tener con mis hijos cuando eran pequeños ni se parece.

—miró al final de la calle, como si su hijo fuera a parecer con las respuestas y diciéndola lo buena madre que era.

Pero no aparecía nadie— Apenas me cuenta cómo le va en la universidad y contigo habla de todo…

siempre he pensado que debo cambiar, pero me cuesta tanto… tengo que hacerlo…

—Ni se te ocurra decir eso, Mari —respondió su hermana con rapidez—. Eres una gran madre, simplemente os falta ese punto de “amistad”, debéis ser más cercanos y ya. La confianza no marca que tú seas una gran madre o no, mira ¿recuerdas con mamá? Ni se nos ocurriría contarle nada.

—Eran otros tiempos…

—Sí, pero aun así no nos atrevíamos, con papá era otra cosa y ninguno de los dos fue peor que el otro. —Mari asintió evocando a sus padres, con sus virtudes y defectos, su hermana tenía razón.

—¿De qué más hablasteis Sergio y tú?