UN NUEVO DÍA
La primera imagen ya le sorprendió, seguramente algo tendría que ver todo los sentimientos que su cuerpo albergaba.
La mujer vestía con ropa de deporte, un sujetador deportivo que apretaba sus senos y una camiseta corta que dejaba ver un vientre plano.
Tenía el pelo recogido en una coleta, algo poco usual de ver, y las mallas le apretaban tanto piernas como el trasero.
El muchacho tuvo que contener sus pensamientos y a su amigo más fiel, que también quería ejercitarse. Estaba observando a su tía, lejos de sus ropas de marca, más al “natural”. Apretada en unas mallas que la moldeaban como una escultura y un sudor que por extraño que pareciera a Sergio le encantó.
—O sea que este es el gimnasio, está muy chulo —dijo el joven mirando alrededor para evitar los ojos de su tía.
—Para estar sola es muy grande, ¿me acompañas? —le respondió Carmen secándose el sudor.
—Bueno… ¿Por qué no? —cada uno se montó en una bici estática y casi a la vez comenzaron a pedalear.
—Tengo que contarte algo, cariño, he hablado con tu madre —tenía la respiración acelerada— y…
casi me grita por meterle el “paquete”, palabra de ella, de traerme el coche, pero va a venir.
Me han dicho los del taller, que han arreglado el coche antes de lo previsto y que mañana estará.
Por lo que mañana a la tarde la tendremos aquí —hizo un alto para respirar— He cogido cita para la peluquería y para el salón de belleza.
Eso de primero, luego de segundo nos iremos de compras y quizá de postre a tomar algo, tengo el plan montado, ¿tú tienes algo pensado?
Espero que entiendas que me la lleve sola.
—No molestar, eso haré. Cuando acabéis estoy con vosotras no te preocupes.
—Como quieras, cariño, eres tan bueno… pienso que le vendrá bien estar un rato a solas conmigo.
—Entonces, tía —añadió Sergio poniendo cara de tristeza irónica— ¿ya no estarás conmigo?, ¿Me abandonas?
—Es por una causa mayor. Además que hoy estamos los dos juntos, ¿te apetece hacer algo?
—Aun ni he desayunado, no tengo el cerebro para pensar.
—Bueno, los hombres eso de pensar… —jadeó debido al esfuerzo— ni a la mañana, ni a la tarde, ni…
—Creo que lo he entendido —cortó a Carmen.
—¿Seguro? Te lo puedo explicar. Sé que tardáis en pillar las…
—Tía, ¡Por dios!
Carmen se bajó de la bici resoplando y se secó el sudor tranquilamente con la toalla.
Con paso pausado se acercó a Sergio que había dejado de pedalear aunque sin bajarse de la bicicleta.
Desde su beneficiosa altura, el canalla pudo otear algo del escote que la camisa holgada le dejaba ver mientras escuchaba a la hermana de su madre.
—Quiero pedirte algo, sé que lo vas a hacer, pero no sé si merece la pena perder la tarde en eso, quiero que me contestes tú.
La parte más oscura de la mente de Sergio, rezaba por que le pidiera que pasasen la tarde de la forma más íntima que conocía “sin parar de…” retumbó en su mente. Sin embargo una cosa era la imaginación casi paranoica de un adolescente con las hormonas disparadas y otra, la realidad.
—Es lo que me comentaste ayer, me gustaría hablar contigo, ya sabes… de cómo estoy, no quiero hablarlo de momento con tu madre, quiero que disfrute. Mis problemas ya los debatiremos más tarde, ¿Qué te parece?
—Me parece perfecto —se bajó de la bici, más que nada para no tentarse a mirar de nuevo esa parte de su tía y propuso— ¿en la piscina, con una copa, sol y hamaca?
—Me has leído la mente.
—No tengo ese poder, pero sí que te voy conociendo más a fondo —“¡¿pero qué digo?!” pensó nada más terminar la frase, rezaba porque su tía no pensara de forma indebida.
—Me alegro, cariño —Carmen le miró a los ojos, “si esa frase tuviera doble sentido…”— bueno, voy a subir que creo que ya bajé el sándwich de ayer.
Tan pequeño… y como cuesta de quemar, —se dio la vuelta dirigiéndose a las escaleras a la par que aún le daba vueltas a la frase del chico, “más a fondo…”.
Se rio por dentro, pensando lo niñata de instituto que parecía, con ilusiones tan irreales, pero cuando su cabeza se lo gritó de nuevo, un cosquilleo nació en su entrepierna y este, era muy real.
—Tía, no mientas —escuchó la voz de Sergio que le sacaba de sus pensamientos eróticos— ese pequeño sándwich no te hace mala figura… eres una privilegia, seguro que muchas de mi edad no te harían sombra.
—Uy gracias, cielo —“¡cambia de tema o lárgate!” se exigió Carmen.
Ambos se sonrieron, Carmen sin poder evitarlo se sonrojó, saliendo del sótano y resoplando cuando supo que Sergio no estaba cerca.
Pasar tiempo al lado de su sobrino había pasado el límite de la comodidad, su cercanía le provocaba una satisfacción incalculable.
Además… esas conversaciones… ¿Por qué exageraba la normalidad?
Si no había nada de doble sentido en ellas.
No obstante, su mente las hacía de lo más inapropiadas, desde la noche anterior su cuerpo había cambiado y seguramente más la estaban por suceder.