La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) UN LEVE REPOSO
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UN LEVE REPOSO

Cerca de la entrada, Carmen sacó un pequeño mando y accionó un botón.

La valla que estaba automatizada comenzó a moverse hacia un lado y les dejo paso para que por fin, llegaran a su destino.

Con el otro botón abrió la puerta del garaje y Sergio mientras metía el coche en el interior, se maravillaba de lo grande que era la casa, todos los años le pasaba y seguramente en el futuro, también.

Una vez detenido el coche, el joven comenzó a bajar las maletas sin dejar a su tía que le ayudase, peculiares maneras de agradecerle el hospedaje en su casa.

La posición del garaje era en un ala del edificio, teniendo conexión directa con la casa a través de una puerta.

El interior aunque no era excesivamente grande, al chico le volvió a maravillar.

El salón les recibió nada más entrar, con la cocina a un lado, equipada con lo más innovador y otra puerta que si no recordaba mal, era el baño de la planta baja.

Carmen le pidió que dejara las maletas en las habitaciones de sus hijas, allí es donde Sergio dormiría, total sus primas hacía muchos años que las deshabitaron. Una vez subidas las escaleras y dejó las maletas en la primera habitación.

La habitación la conocía, era donde solían dormir sus padres cuando la visita se alargaba más de lo debido y con cuatro copas de más no podían volver donde la abuela.

Aunque no posee apenas mueves, solo la cama, dos mesillas y el armario empotrado, es el doble que su habitación, y que decir de la ventana, por la que entraba una claridad de la cual sería difícil escapar.

Comenzaron a andar por el pasillo mientras Sergio admiraba el gracioso andar de su tía, el cual parecía más un contoneo que un paso normal, sin saber por qué, le encantaba.

Pero poco duro, Carmen levanto el brazo señalando la siguiente puerta, Sergio sabía que era el baño de la parte de arriba, no hacía falta esas explicaciones.

Para finalizar, el lugar que menos conocía el muchacho, su tía le llevó a su habitación donde, al fin, el joven descargó la pesada maleta. En medio de la estancia una cama presidía la habitación, la cual era enorme y pegaba de maravilla con la televisión… que más bien era un cine.

Dos pequeñas puertas estaban enfrente, una con espejo que daba a un pequeño habitáculo donde estaba el vestidor.

La otra prácticamente a su lado, comunicaba con un baño, donde su tía le comenta al entrar, que este es su último capricho que se ha dado.

Sergio alucinó al ver lo que hay en el interior, aparte de la ducha y demás cosas evidentes que posee un baño, había un ¡Jacuzzi! El joven no da crédito.

—Eres millonaria, me da igual lo que digas —Carmen no pudo evitar reírse.

—No, cariño, pero sí que tenemos bastante dinero. Aunque piensa que aquí, las cosas son más baratas, la casa en sí, con los terrenos, para que te hagas una idea, valdrá lo mismo que la vuestra. En verdad estamos a las afueras del pueblo, si no estuviera la casa aquí habría un secarral.

—Sí, pero aquí os habéis construido una mansión.

—Donde hemos gastado el dinero ha sido en lo de dentro, eso es cierto, pero la mano de obra también es más barata, creo que vale menos de lo que te imaginas.

Lo que más nos costó fue la piscina, y mantenerla claro, que apenas la llenamos desde junio a septiembre, el resto del año está vacía por razones obvias.

—Tengo ganas de meterme, ya que gastáis dinero en ella hay que aprovechar —Carmen rio de nuevo. Junto a su sobrino no se le iba la sonrisa.

—De momento, vamos a comer algo ¿No te parece? Le mandé un mensaje a Sol para que nos hiciera algo de comer.

—¿A quién?

—Sol, la chica que nos cuida la casa, nos ayuda a limpiar y hace la comida de vez en cuando, es una mujer maravillosa, no vive muy lejos de aquí —Sergio volvió a poner cara de sorpresa.

Antes de que añadiera lo ricos que eran, su tía le cortó— no pongas esa cara que me está dando vergüenza contarte las cosas. ¡Anda, vamos abajo!

Bajaron y en la cocina ya estaba todo listo, la mujer les había dejado para cada uno, un primer plato, un segundo y una tarta de postre, un lujo.

Dieron buena cuenta de todo, tenían tanta hambre que en toda la comida apenas soltaron unos cuantos gruñidos, mejor comer que hablar.

Al terminar y limpiar la vajilla, cada uno se fue a su habitación para descansar del largo viaje.

Sergio antes de tirarse en la cama, sacó de su mochila algo de ropa y la dejó colocada para más tarde.

Todavía dudaba si se quedaría toda la semana, un día, dos…

si sus amigos le llamaban diciéndole que llegaban antes debería marchar y no molestar más a Carmen.

Tenía en su cuerpo unas ganas increíbles de salir de fiesta, emborracharse y olvidarse de todo, y claro, hacer eso en la casa de Carmen por mucha confianza que tuviera no le parecía lo adecuado.

Lo más extraño era que por su mente transcurría sigiloso, sin hacer ruido, otro pensamiento que se estaba arraigando de forma poderosa, ¿Si se quedaba con su tía y pasaba aquellos días junto a ella?

Antes de que pudiera darle vuelta a esa pequeña idea, comenzó a cerrar los ojos, empezando a adentrarse en un mundo entre el sueño y la realidad. Dejó su mente en blanco sin querer pensar en nada más, suficientes sensaciones para un único viaje.

Justo antes de caer completamente en los brazos de Morfeo una imagen le asaltó.

Era una mujer, una mujer preciosa que se acercaba a él con paso firme y una mirada felina.

Su pareo de colores, su piel dorada y una silueta que podía quitar el hipo a cualquiera le delataba.

Lo último que su mente le proyectó antes de dormir fue a una mujer preciosa, increíble… a Carmen, a su tía favorita.