La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) PARADA EN EL PANTANO #3
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PARADA EN EL PANTANO #3

—¿Eres una mujer millonaria de Película? —añadió Sergio medio en broma, medio en serio, necesitaba bromear para evadir sus pensamientos.

—Cariño, millonarios no somos, pero hay placeres que me los puedo permitir y un cóctel al sol, es uno.

—No es mala vida, tía, de mayor me gustaría tenerla.

—Trabaja duro, que buena cabeza tienes. Estudia y todo ira sobre ruedas, verás cómo tu tía tiene razón. —el cambio de conversación le había venido bien para calmar su cuerpo.

—¿Cuándo erais jóvenes os imaginabais la vida así? —Sergio se sorprendió al ver que Carmen comenzaba a reír.

—¡Para nada! Cuando yo era joven, me esperaba una vida totalmente diferente.

—¿Me la cuentas?

—¿Quieres que te cuente historias de la edad de los dinosaurios, cariño?

—Tiempo tenemos —añadió lo siguiente que a Carmen, le encantó escuchar— y me gusta escucharte.

—Pues te la cuento sin problemas —“¿hace cuánto que no me prestan esta atención?” se dijo mientras recordaba su vida—.

Nosotros vivíamos en el pueblo y lo que siempre queríamos era salir de ahí, descubrir el mundo, tu madre decía de pequeña que descubriría otro continente como hizo Colón.

Miraba el globo terráqueo y señalaba zonas sin parar en el mar, decía, aquí, Carmen, aquí.

—la mujer sonrió mientras los recuerdos la transportaban a una época más sencilla— Los años pasaban y esa rebeldía, esa pizca de locura, se fue disminuyendo.

Más que nada por la sociedad, al fin y al cabo era un pueblo pequeño, aunque nunca nos quitaron las ganas de disfrutar a nuestro modo.

Soñábamos con recorrer el mundo en caravana, aprender idiomas en países diferentes, descubrir gente nueva y…

—dudó si seguir, pero… ¿Por qué no?— conocer hombres que nos amaran con más pasión una noche, que otros en una vida entera…

—¿Qué cambió?

—Cambió que te haces mayor, yo conocí a tu tío y los sueños de adolescencia se esfuman.

—resopló levemente y siguió— Me enamoré y poco a poco perdí ese fuego interno, esa pizca de locura que nos caracterizaba a tu madre y a mí.

Pienso… estoy segura, de que tu madre también lo ha perdido, le pasó lo mismo que a mí.

—Esa que cuentas, no parece mi madre —sonrió Sergio.

—Sí que lo era, cariño. Mi hermana siempre me siguió, era su modelo, queda mal que lo diga yo, pero sí.

Me tomó de referencia y las dos pensábamos igual, al final es lo normal, era su hermana mayor.

—sonrió con la mente en aquella época y añadió— Te diré un secreto, era algo envidiosilla, si yo tenía algo, ella también lo quería, no por mal, sino por afán de superación.

Si subía un monte ella también, si yo nadaba en dos minutos de un lado a otro, ella intentaba en uno, si yo tenía novio, ella lo buscaba…

—Carmen cayó de pronto. Su comodidad le había llevado a soltar su lengua demasiado.

—¿Qué pasa, tía?

Sergio la miró fijamente, estaba hilando cabos al tiempo que conducía por la caravana. Si la competitividad de su madre era tal y quería superar a su hermana, ¿qué tenía que ver eso del novio?

—Nada, una tontería olvídalo, se me ha ido la cabeza, estaba pensando en otra cosa.

—Sé que mis padres se conocieron a la par que vosotros, ¿no?

—Ellos algo más tarde, pero más o menos, sí.

—¿Estás diciendo que lo hizo por envidia o cierta competitividad? —le dijo Sergio pareciendo que la idea era de lo más estúpida.

—A ver, cariño, no… bueno, mira no sé… la situación era que cuando yo estaba con Pedro, ella decía que quería también un novio.

Salimos un día y Mari fue con la intención de encontrar pareja, siempre decía que tu tío y yo éramos muy felices que ella quería eso.

Tus padres bailaron y se conocieron ese día —miró a sus piernas donde sus manos jugaban con hilo suelto del pareo— Esto que te digo, solo lo sé yo.

Al de un tiempo tuvo dudas, estuvo un tiempo mal, pero cuando naciste todas se disiparon.

—se llevó una mano al rostro notando un calor que la poseía y siguió algo preocupada— joder, Sergio, creo que no soy la adecuada para contarte eso.

No quiero que te imagines cosas que no son.

—Alucino, ¿me estás diciendo que están juntos por casualidad?

—No es eso, solo que a partir de ese día casualmente encontró a tu padre, el amor es muy caprichoso. Sé que al principio le costó, pero a tu padre le quiere muchísimo. Además, ¿a qué pareja no le cuesta?

—Vaya… —solo pudo decir el joven, que no reparó en la pregunta de su tía. Un adolescente solo entiende el amor como algo maravilloso, no algo complicado.

—Esto Sergio no debería haberlo contado, es algo que debería haberte dicho tu madre, si ella quería. Lo siento mucho de verdad si te sienta mal, es que estoy tan a gusto que no sé… se me ha ido la lengua sola, espero que hagas como si no te hubiera dicho nada.

—Tía, —sintió la agitación de Carmen por haber metido la pata. Pasó su mano hasta la pierna de esta, rozando su piel calentada al sol y le sonrió para seguir diciéndola— no te preocupes de verdad, no diré nada.