14 Córdoba #3
—Qué va. Sale con alguien, lleva tiempo con una abogada o algo así.
Tampoco lo sé con certeza. Solo sé lo que me contó la comisaria la última vez que hablamos.
Pero, eh, que yo no ando preguntando por él, no te vayas a creer.
Eso forma parte del pasado, como todo lo demás. Ahora me limito a vivir al día.
—Pues yo espero encontrar a alguien algún día —confiesa con voz soñadora—. Alguien que entienda nuestra profesión y me ame tal como soy.
Solo nos llevamos dos años de diferencia, pero, a pesar de las dificultades que ha atravesado, a ella la quisieron en su hogar. No como a mí.
—Estoy segura de ello. Te lo mereces.
—Tú también —responde, soltándome la mano cuando el camarero regresa con una tarta que tiene una pinta de chuparse los dedos.
Intento sonreír sin lograrlo del todo, imaginando un hipotético futuro al lado de alguien, una estampa que se desdibuja con la misma velocidad con la que aparece.
Tras el postre y la conversación se me quitan las ganas de salir de copas e intento disuadir a mi amiga. Por supuesto, no lo consigo y terminamos en el pub de moda con la música a todo volumen y la promesa de que en un rato actuará un grupo en directo.
«Yuju».
—Joder, Ava, de haberlo sabido ni te saco el tema. Venga, olvídalo, que nos espera un fin de semana libre tras la mierda de las últimas semanas.
—No es culpa tuya, sé que no lo haces con mala intención.
Nos pedimos una primera ronda y, cuando ella hace ademán de ir a la barra a por la siguiente, me ofrezco a ir yo.
—¿Otro Jameson? No entiendo cómo te puedes tomar ese matarratas.
—A ver, esas mierdas cursis que pides tú no van conmigo.
El ambiente ha mejorado a estas horas: hay más gente de nuestra franja de edad y, si me paro a observar, se descubren algunos ejemplares bastante interesantes.
—Hola —le digo al camarero, alzando la voz por encima de la música. Me dedica una sonrisa amable. ¿Es que en estos sitios todos los empleados parecen sacados de una agencia de modelos?—. Un Jameson con hielo y un Puerto de Indias de melón con tónica, por favor.
—Marchando, preciosidad.
Pago con la aplicación del teléfono, recojo los vasos y, al darme la vuelta, casi se los estampo en el pecho a un tipo que se ha situado demasiado cerca. De haberme dejado espacio me habría girado sin rozarlo.
—Joooder... —acierto a articular, deteniendo el cristal a un milímetro de su camisa blanca.
Alzo la vista para mirarlo y descubro a un chico de una belleza impresionante.
Posee unos ojos deslumbrantes... ¿Verdes?
¿En serio?—. Podrías no pegarte tanto a la gente; he estado a punto de darte una ducha de alcohol.
—No esperaba tanta efusividad. Ya sé que soy resultón, pero de ahí a que te me eches encima… —será capullo.
—¿Has oído hablar del espacio vital? Es un concepto que no has respetado. Ya sé que mi culo llama la atención, pero oye, si te tiño la camisa de licor la culpa es tuya.
—Ja, ja, ja. Eres rápida, chica. Por cierto, soy Lucas. Y tienes razón en lo de tu culo; de hecho, me he puesto detrás de ti a propósito.
—¿Siempre ligas con esa falta de tacto? Soy Ava —se aproxima y me planta dos besos en las mejillas, dejando una ráfaga de su perfume sobre mi piel.
—No sé… ¿Funciona?
—Ja, ja, ja. Tú tampoco te quedas corto, chaval. Si no te importa, mi amiga está a un segundo de venir a quitarme la copa de las manos, así que o se la llevo o presenciarás algo parecido a la transformación de un Gremlin. Nos vemos si sigues por aquí más tarde.
—Mi amigo es el que está detrás de tu amiga.
—O sea, que es verdad que llevas un rato pendiente de nosotras —le espeto, alucinada.
—A ver, es que no sé si no te has observado en un espejo, pero eres para mirarte y para mucho más...
Lo miro fijamente con intención de responderle, pero se encamina hacia la barra y me deja sin réplica. Vaya con Lucas. No me percato de en qué momento ha vuelto a aproximarse hasta que su perfume se adelanta a su susurro al oído:
—No busco un ligue. Y sí, llevo un buen rato pendiente de ti.
Mierda. Esas simples palabras consiguen lo que nadie lograba en mucho tiempo: que se me erice la piel y desee que continúe.
No se detiene; prosigue su camino hacia su mesa mientras yo deposito las copas en la nuestra. Saray me observa, señalándolo con un gesto de cabeza. Me encamino hacia su posición, me aproximo a su oreja de la misma forma en que él lo ha hecho, le apoyo la mano sobre el hombro y le murmuro:
—Tampoco es un ligue lo que busco yo. Así que déjame que sopese si me apetece ser tu presa o no.
Doy la vuelta sobre mis tacones y me acomodo de nuevo junto a mi amiga, que no comprende nada de lo que acaba de presenciar.
—¿Me puedes explicar qué me estoy perdiendo? —inquiere tras verme dar un trago a mi copa.
—Ni idea. Supongo que tiene ganas de echar un polvo. Porque si asegura que no busca un ligue casual, es la única opción que queda.
—O igual el otro chico es su pareja y no busca chicas —sugiere ella, planteando una posibilidad que ni se me había pasado por la cabeza; aunque dudo que van por ahí los tiros si recuerdo la dilatación de sus pupilas al desafiarme cuando nos hemos cruzado.