Ava 6 Tal vez la vida pasa muy deprisa #3
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6 Tal vez la vida pasa muy deprisa #3

Lo dejo riéndose en la orilla a mi costa mientras salgo del mar escurriendo el exceso de agua de la gorra y de la coleta. Al regresar a la toalla, su madre me dedica una mirada afectuosa.

—¿Sabías que Tana y Nico empezaron exactamente igual que vosotros? —suelta de pronto, dejándome sin habla—. Tana tenía trece años cuando Nico y ella empezaron a tontear, y fíjate ahora...

—No creo que nuestro caso se parezca —la atajo, acomodándome bajo la sombrilla—. Mis planes no están aquí, y Bosco lo sabe de sobra.

—Los suyos tampoco, aunque me cueste asumirlo —reconoce con una sombra de melancolía—. Sé que va a estudiar Derecho casi por cumplir con el expediente familiar, pero no se quedará en esta ciudad. Yo lo tengo claro; su padre, todavía no.

—No creo que en mi vida haya sitio para una relación. Ni ahora ni más adelante. Tu hijo se merece todo lo bueno que le depare el futuro; sé que bromea cuando dice esas cosas, pero si intuyera que va en serio, me alejaría de él.

—Ava, cielo... Ni siquiera has cumplido los catorce. ¿Cómo puedes afirmar de forma tan tajante que no tienes hueco para el amor? Dudo que seas consciente de lo que significa enamorarse.

—Es verdad, no lo sé —admito, fijando la vista en la arena—. Pero sí conozco de sobra realidades que nadie de mi edad debería haber experimentado jamás. Cosas que me impiden arrastrar a alguien a una relación a la que no podría entregarme al cien por cien.

—Me entra un escalofrío al oírte expresarte con esa frialdad, cariño... ¿Qué demonios te hicieron?

Miro hacia el horizonte. Bosco ha vuelto a sumarse al juego de los chicos; de tanto en tanto me busca con la mirada y se lleva los dedos índice y corazón a los ojos en un gesto cómplice para indicarme que me tiene vigilada. Se me escapa una sonrisa inevitable.

—Tu hijo es un caso aparte, ¿eh?

—Sí —se ríe, ablandando el rostro—. Se parece muchísimo a su padre. Nicolás y yo nos conocimos algo más mayores, pero Bosco y él comparten bastante más que los rasgos físicos. Resulta increíble lo caprichosa que es la genética a veces.

Vuelvo a mirar al mar, aspiro despacio su aroma salado y me siento reconfortada. Por un instante efímero me permito la ilusión de creer que mi vida siempre ha sido así, que esta es la familia que me correspondía y no la que me tocó en suerte en la ruleta de la vida.

El día de mi cumpleaños, Bosco se empeña en que vayamos a comer los dos.

Su hermano nos acerca en coche a la zona de la playa y, una vez allí, me dejan helada al guiarme hasta un chiringuito donde nos aguardan sus padres, Lorena, María y mis compañeras de piso.

Han montado una pequeña fiesta sorpresa.

Si Bosco ha encajado ya los detalles de mi situación personal, no dice una sola palabra, pero la presencia del equipo del centro de acogida delataría la verdad ante cualquiera.

Además de la comida, me abruman con un montón de regalos: unos auriculares de buena calidad para sustituir los míos, varias prendas de ropa, un par de libros y, por parte de Bosco, un peluche de Blancanieves.

Se me hace un nudo en la garganta en cuanto cruzamos el umbral y los descubro allí reunidos, felicitándome entre aplausos.

Las lágrimas se me agolpan tras los párpados peleando por brotar, y no estoy segura de poder contenerlas durante mucho más tiempo.

Hace años que me juré no mostrar debilidad ante nadie, pero esta muestra de afecto desinteresado supera todas mis defensas.

Nadie me hacía un regalo desde que mis abuelos no están. Es algo que no sé cómo asimilar.

—Ava, di algo o empezaré a pensar que estás planeando mi asesinato —murmura Bosco.

—Quiero matarte —susurro, hundiendo la cara en su hombro mientras me rodea con delicadeza.

—Pero al menos me quieres un poco —insiste él con guasa.

—Bobo.

Pasamos un rato divertido y para mí, además emocionante.

Cuando las chicas del piso y las educadoras se disponen a regresar, me preguntan si prefiero volver con ellas, pero Mariana interviene para aclarar que me quedaré un rato más y que luego me acercarán en coche, como han hecho tantas veces a lo largo de estos meses.

Bosco me propone dar un paseo por la orilla y, al ser una costumbre muy habitual entre nosotros —y teniendo en cuenta que la familia se marcha de vacaciones en un par de días—, acepto sin dudar.

Mariana y Nicolás se acomodan en una terraza frente al mar para la hora del tardeo, mientras que Nico y Tana se despiden tras la marcha de mis compañeras, cargadas con los regalos.

Caminamos hasta el extremo de la playa, remontamos el paseo de Levante y llegamos hasta la marina deportiva.

Es un recorrido que nos conocemos de memoria.

Bosco se fija en todos los barcos; su abuelo tenía un pequeñito velero y solían pasar las tardes de verano allí.

No hemos hablado en todo el trayecto, algo raro en nosotros porque charlamos mucho sobre libros, música o cualquier cosa que se nos ocurra.

Hoy no, y no alcanzo a comprender el motivo.

Nos sentamos en uno de los bancos de madera con la vista puesta en la bocana del puerto. Bosco mantiene la mirada fija en el agua, extrañamente callado.

—¿Me vas a contar qué te pasa? —lo interrogo.

—Nada. Solo que no me apetece lo más mínimo irme de vacaciones. Te voy a echar de menos. Vente con nosotros.

—Bosco, no soy tu hermana, ni pertenezco a tu familia —aunque me encantaría—, ni tampoco soy tu novia.

—Eso tiene fácil... —Empieza a decir.

—Ni se te ocurra terminar la frase —lo atajo antes de que descarrile la conversación—. Te lo he repetido un montón de veces este último mes porque pensaba que estabas de guasa, pero empiezo a preocuparme...

—Lo siento, de verdad. No pretendía incomodarte —se disculpa, revolviéndose en el banco—. Pero es la verdad: voy a echarte de menos. Tú te vas a quedar aquí sola, a mi madre no le importaría lo más mínimo llevarte y...

—Oye. Una de las cosas que más valoro de ti es tu madurez, que no te pareces en nada a los chicos de nuestra edad, pero hoy...

—Olvídalo, ¿vale? Tienes razón —corta de golpe—. Al menos nos mantendremos en contacto, ¿no?

—Pues claro. ¿Con quién si no voy a comentar los libros que devore o la música que descubra?