Capítulo 41
Zak Prescott
—¿Cómo que Caleb va a ocupar mi lugar? —grité.
—Exactamente lo que oíste. —El entrenador ni siquiera se movió detrás del escritorio.
—¿En la primera línea?
—Sí.
—Estás bromeando. —Solté una risa incrédula.
—No.
—Soy el capitán de este equipo.
—Y abandonaste un partido minutos antes de salir al hielo.
—Mi novia estaba en peligro.
—Y ya dije que entiendo las circunstancias.
—No lo parece.
—Entender por qué lo hiciste no significa fingir que no hubo consecuencias, Prescott. —Respiró hondo.
—¿Entonces vas a poner a Caleb en mi lugar? —Me pasé una mano por el cabello.
—Por ahora.
—¿Y cuánto dura «por ahora»?
—Hasta que decida que estás listo para volver.
—Estoy listo ahora.
—No estoy hablando físicamente.
—No voy a quedarme en la segunda línea.
—Entonces quédate en el banco.
—¿Estás bromeando? —Lo miré indignado.
—Ya preguntaste eso.
—Y sigue pareciendo una broma.
—Caleb está en forma. Está concentrado. Está pasando por una excelente etapa y aprovechó la oportunidad cuando tú no estabas. —El entrenador se levantó.
—La oportunidad que le di porque fui a impedir que abusaran de su hermana.
—Nadie está cuestionando eso.
—Parece bastante que sí.
—Zak, basta.
—No. —Lo señalé—. Pasé años en esa primera línea.
—Y nadie está borrando eso.
—Entonces no le entregues mi lugar.
—No estoy entregando nada. Caleb se ganó la oportunidad de demostrar lo que puede hacer.
—¿Y yo?
—Tú vas a jugar en la segunda línea, todas las posiciones son importantes.
—¿Esto es alguna especie de lección de humildad? —Me reí sin humor.
—Llámalo como quieras —respondió con indiferencia.
Siguió hablando, algo sobre disciplina, responsabilidad, equipo. Dejé de escuchar, tomé mis cosas y salí antes de terminar rompiendo algo dentro de aquella oficina.
Crucé el pasillo con la sangre hirviendo, empujé con fuerza la puerta del edificio y me detuve cuando vi a mi padre apoyado contra su propio auto. No sé por qué todavía dudaba de que aquel día pudiera empeorar.
—Es un pésimo momento. —Pasé junto a él.
—Por lo que escuché, me lo imagino.
Me detuve y me giré despacio.
—¿Por lo que escuchaste?
—Caleb ocupa la primera línea. —Richard se apartó del auto.
—Las noticias vuelan.
—Algunas más rápido que otras.
—¿Viniste a celebrarlo?
—No.
—Entonces ahórrate el discurso —dije, abriendo la puerta de mi auto.
—Te lo advertí.
—Papá. —Cerré los ojos.
—Abriste espacio.
—No empieces.
—Saliste de un partido y él entró. Ahora vuelves y descubres que no piensa devolver lo que encontró.
—Caleb no decidió eso.
—No necesita decidirlo. Solo aprovecharlo.
—Es exactamente lo que haría cualquier jugador.
—Incluido tú.
—Incluido yo —confirmé.
—Al menos todavía puedes admitirlo. —Richard asintió.
—¿Terminaste?
—¿Hannah lo sabe?
—¿Sabe qué? —Mi mano se detuvo.
—Que su hermano ocupó tu lugar.
—No tengo idea.
—Interesante.
—Di de una vez lo que quieres decir. —Cerré la puerta con fuerza.
—Empezaste esta historia creyendo que Hannah sería la debilidad de Caleb. —Mi padre se acercó.
—Las cosas cambiaron.
—¿El plan?
—Sí.
—¿Estás seguro de que terminó para todos?
—¿Qué mierda significa eso?
—Piensa. —Richard soltó un suspiro.
—No tengo paciencia para tus juegos.
—Te acercas a su hermana para afectarlo. Te involucras más de lo que deberías. Abandonas un partido para salvarla. Y mientras tú estás fuera, ¿quién ocupa tu lugar?
—No. —La respuesta salió de inmediato—. Ni siquiera termines.
—Zak…
—Hannah no haría eso.
—Ni siquiera dije su nombre.
—No hacía falta.
—Confías mucho en ella. —Mi padre me miró fijamente.
—Sí.
—¿Más de lo que ella confía en ti?
—Vete a la mierda. —Volví a abrir el auto.
—Solo digo que quizá sería interesante considerar la posibilidad de que tú no seas el único capaz de utilizar a alguien para conseguir algo.
—No conoces a Hannah. —Me giré tan rápido que dejó de hablar.
—¿De verdad crees que es imposible?
—Sí.
—Caleb necesitaba una oportunidad.
—Y la consiguió porque jugó bien.
—Después de que tú te fueras para salvar a su hermana.
—Estás intentando convertir una coincidencia en una conspiración porque sabes que estoy cabreado.
—Tal vez. —Su respuesta me hizo dudar. Rara vez admitía algo así—. O quizá simplemente conozco mejor que tú lo que las personas desesperadas por una oportunidad son capaces de hacer.
—Hannah no es así.
—La conoces desde hace unas pocas semanas.
—La conozco lo suficiente. ¿Eso es lo que viniste a decirme?
—Vine a evitar que seas ingenuo.
—¿Preocupación paternal ahora? —Solté una risa amarga.
—Llámalo como quieras. —Volvió hacia el auto—. Solo no olvides una cosa.
—¿Qué?
—Cuando quisiste golpear a Caleb, elegiste a la única persona capaz de sacarlo del partido. —Me miró por encima del techo del auto—. Tal vez ellos hayan descubierto que tú funcionas exactamente de la misma manera.
Entró en el auto y me quedé allí parado mientras se alejaba.
Era absurdo, Hannah no me había utilizado, Caleb no había planeado ninguna mierda.
Ni siquiera sabía dónde estaba su hermana aquel día y había confiado en mí para encontrarla.
Había visto la preocupación en su rostro en aquella foto, había escuchado la desesperación en su voz antes de salir de la arena.
No existía ningún plan. Aun así, cuando subí al auto, las palabras de mi padre vinieron conmigo.
Tal vez tú no seas el único capaz de utilizar a alguien para conseguir algo.
—Vete a la mierda. —Apreté el volante con fuerza. Mi padre estaba equivocado, tenía que estarlo.