Aunque sea mentira Capítulo 31
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Capítulo 31

Hannah Carter

Descubrí que estaba saliendo con Zak Prescott ante toda la universidad antes de abrir completamente los ojos y terminar de cepillarme los dientes.

Mi celular vibró sobre el lavabo una vez, después otra.

Ignoré las dos notificaciones, pero Briana apareció en la puerta del baño con su propio teléfono en la mano y su expresión hizo que me sacara el cepillo de la boca.

—¿Qué pasó?

—¿Ya lo viste?

—Dependiendo de lo que sea, prefiero seguir sin verlo.

Giró la pantalla hacia mí y allí estaba una foto mía con Zak.

Él estaba apoyado contra el auto, con una mano en mi cintura.

Yo sostenía la correa de la mochila y le sonreía.

Recordaba aquel momento: acababa de decirle que no almorzaría con él si seguía intentando decidir lo que haría durante el descanso, pero en la foto parecía que todo lo que salía de su boca me resultaba maravilloso y el pie de foto no ayudaba.

¿Prescott fuera del mercado? Una falta a clase y nos perdemos un acontecimiento como este.

Me enjuagué la boca antes de tomar el celular de su mano.

—¿Quién publicó esto?

—La página del campus.

Había otras dos fotos. En la última, él me estaba besando.

—Perfecto —murmuré.

Briana se apoyó en el marco de la puerta.

—¿No estaban escondiéndose?

—Sí, pero Caleb se enteró y esconderlo perdió un poco el sentido. —Le devolví el teléfono y tomé el mío.

Una compañera con la que apenas hablaba me había enviado tres signos de interrogación. Otra quería saber desde cuándo. También había un mensaje de alguien preguntando si podía conseguirle un lugar en la lista de la próxima fiesta de los Bad Kings. Se lo mostré a Briana.

—La relación ya vino con funciones administrativas.

—No respondas. —Se rio.

—Esa parte será fácil.

Abrí la conversación con Zak.

Hannah: ¿Viste la publicación?

La respuesta tardó menos de un minuto.

Zak: Buenos días para ti también.

Hannah: Zak.

Zak: La vi.

Esperé. Empezó a escribir otra vez.

Zak: Quiero saber por qué nunca te ríes así cuando soy yo quien toma la foto.

Puse los ojos en blanco, pero terminé sonriendo.

—¿Es Zak?

—Pones una cara diferente.

Borré la sonrisa de inmediato y ella soltó una carcajada.

—Me encanta esta versión tuya, sobre todo viniendo de alguien que se moría de miedo de los Bad Kings.

—Me di cuenta de que, de todos, Archie es el más aterrador. —Mi respuesta hizo que Briana soltara una carcajada.

Escribí antes de que pudiera continuar:

Hannah: Me están mandando mensajes.

Zak: ¿Diciendo alguna mierda?

Volví a mirar las notificaciones.

Hannah: Todavía no he leído todo.

Zak: Entonces no lo leas. ¿Te veo en la entrada en veinte minutos?

Había planeado salir más temprano, comprar un café y revisar algunas notas antes de clase. Durante un segundo pensé en pedirle que me esperara en otro lugar. Briana seguía allí, observándome.

—¿Qué piensas? —pregunté.

—¿De la foto?

—De todo esto.

—Creo que necesitas decidir si te molesta que la gente lo sepa o que opinen sobre ello. —Guardó el celular en el bolsillo.

Bajé la mirada hacia la conversación abierta. No me arrepentía de haberme quedado en su casa. Ni de haber aceptado ser su novia. Lo que me molestaba era imaginar a gente que no sabía nada de mí decidiendo qué significaba aquello.

—La segunda parte.

—Entonces no dejes que la segunda arruine la primera. Sé cuánto cree la gente que ellos son intocables, yo paso por eso todos los días, en algún momento te acostumbras.

Respiré hondo y le respondí a Zak.

Hannah: Veinte minutos. Y necesito café.

Zak: Entendí la indirecta.

Zak me esperaba en la entrada con dos vasos, lo vi antes de que él me viera.

Hablaba con un chico del equipo, sosteniendo los cafés en una mano y el celular en la otra.

Cuando levantó el rostro y me encontró, interrumpió lo que estaba diciendo.

No hizo ningún gesto exagerado. Simplemente guardó el teléfono y esperó a que llegara.

Aquello hizo que mi corazón se acelerara.

—Llegas tarde —dijo, entregándome el café.

—Dos minutos. ¿Quieres que me vaya y vuelva a intentarlo?

Zak tomó mi mano libre.

—No. —Se inclinó para besarme, pero se detuvo lo bastante cerca como para hablar solo para mí—. ¿Todo bien?

Lo miré. Después miré al chico que se alejaba, a dos chicas que subían las escaleras y a la puerta abierta detrás de nosotros.

—Todo bien. —Fui yo quien terminó de cerrar la distancia.

El beso fue breve, pero cuando nos apartamos había una sonrisa engreída en su boca.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Tienes cara de estar a punto de decir algo irritante.

—Estoy intentando respetar este momento en el que decidiste que te gusto en público.

—Camina. —Tiré de su mano, Zak se rio y me acompañó.

No tardé en notar las miradas. Algunas discretas. Otras, ni un poco. Un chico saludó a Zak y miró nuestras manos antes de seguir caminando. Cerca de las escaleras, una chica susurró algo a su amiga, pero mantuve el rostro hacia el frente.

—¿Quieres que pida que quiten la foto? —preguntó.

—¿Harías eso? —Lo miré, sorprendida.

—Si tú quieres.

Lo pensé durante unos segundos. La foto ya había sido vista. Quitarla no haría que la gente la olvidara, pero me gustó que hubiera preguntado.

—No hace falta, hasta salimos bien en la foto. —Mi respuesta lo hizo reír. Apretó mis dedos y seguimos caminando.

Cerca de mi pasillo, encontré a Nicolas saliendo de un aula con un libro bajo el brazo. Sonrió cuando me vio.

—Hannah. ¿Pudiste abrir el archivo que te envié?

—Sí. Hice algunos comentarios al final, después los revisas.

—Los veo en el descanso.

—¿Todo bien? —Su mirada pasó por Zak.

—Todo bien —respondió Zak.

Educado, breve y con su mano todavía sosteniendo la mía.

—¿Nos vemos en la biblioteca mañana? —Nicolas volvió a dirigirse a mí.

—A la misma hora. —Asintió, siguió por el pasillo y esperé hasta que estuviera lejos para mirar a Zak.

—Ni empieces.

—No dije nada.

—Estás pensando demasiado fuerte.

—¿A qué hora es «la misma hora»? —Miró en la dirección en la que Nicolas se había ido.

—Eres imposible. —Solté una risa.

—Es una pregunta sencilla.

—Es la hora en la que estudio con mi compañero.

Zak volvió a mirarme y, durante un instante, pensé que insistiría, pero en cambio tomó mi café para que pudiera abrir la mochila.

—Está bien.

—¿Está bien? —Dejé de buscar el cuaderno.

—¿Prefieres que me queje?

—Así está perfecto —respondí, cerrando la mochila y él me devolvió el vaso.

La puerta del aula se abrió y varios alumnos empezaron a entrar. Di un paso para alejarme, pero Zak todavía sostenía mi mano.

—¿Almuerzo? —preguntó.

—Tengo cuarenta minutos.

—Puedo trabajar con eso.

—Y yo elijo dónde.

—Hannah, estás quitándome toda mi autoridad en esta relación.

—Qué bueno que te hayas dado cuenta pronto.

Se rio y soltó mis dedos. Entré al aula con el café en la mano y la sonrisa todavía en el rostro.

Durante el descanso, descubrí que cuarenta minutos eran tiempo suficiente para escuchar más preguntas sobre Zak que sobre el trabajo que estábamos a punto de entregar. Una chica de la clase quiso saber cuánto tiempo llevábamos juntos. Otra preguntó si conocía a su familia.

—Todavía no —respondí, cerrando el estuche.

—Valiente. —Levantó las cejas.

—¿Por qué? —pregunté, incómoda por su tono.

—Nada. Es que… es Zak… —Esperé a que terminara. Pareció darse cuenta de que yo no iba a ayudarla—. Ya sabes cómo es.

—Conozco algunas cosas —respondí—. Las que no conozco, prefiero preguntárselas a él.

Tomé mi mochila y salí antes de que la conversación se convirtiera en un inventario de todo lo que había hecho antes de mí.

No era ingenua. Sabía que Zak tenía una reputación y parte de ella se había construido delante de mí. No necesitaba que nadie me recordara a las chicas, las fiestas o la facilidad con la que podía ser cruel cuando quería. Aun así, escuchar aquello me dejó inquieta.

Lo encontré afuera, mirando el celular. Cuando me vio, guardó el teléfono y extendió la mano para tomar mi mochila.

—Puedo cargarla —dije.

—Lo sé. Dámela.

Se la entregué sin discutir. Pasó la correa por su hombro y me miró fijamente.

—¿Qué pasó?

—Nada. —Zak no se movió, esperando a que hablara, y suspiré.

—Algunas personas decidieron recordarme que tú eres tú.

—Espero que les hayas dado las gracias. La información es difícil de conseguir.

Intenté contenerme, pero me reí. Había pasado de ser un idiota insoportable a alguien irónico y ligeramente divertido.

—¿Qué dijeron?

—Que debería tener cuidado y alejarme.

Su sonrisa disminuyó. Esperé una provocación. Alguna frase engreída sobre cuánto le interesaba su vida a la gente.

—¿Y tú quieres? —Zak se pasó la mano libre por el cabello.

—¿Qué?

—Alejarte.

—Quiero almorzar, quiero estar contigo hoy, ahora y siempre —respondí.

—Entendido. —Asintió—. Vamos a comer, Hannah.