Capítulo 73
Lía
Después de los últimos acontecimientos, lo que menos me apetecía era estar en una fiesta y encima rodeada de gente que ni siquiera conocía.
Pero Abril y Claudia fueron demasiado insistentes para que fuera, y lograron convencerme.
Así que, tras el entrenamiento del viernes, me ayudaron a arreglarme, y junto con Nico y Asier, nos fuimos al piso de su compañera de clase.
El que no vino fue Bastian. Las cosas en el equipo parecían haberse calmado después de que todos los test dieran negativo.
Aun así, imaginé que tras la que se lio en esa última fiesta no quiso arriesgarse.
Eso, o no quería estar cerca de mí; no lo tenía claro.
Después de ese desastroso beso, no volví a verlo hasta que coincidimos en el entrenamiento de por la tarde.
Evadí por todos los medios cruzarme con su mirada, pero me sorprendí varias veces cuando era él el que tenía los ojos puestos en mí.
Me miraba como si quisiera decirme algo; como si ese algo se le quedara en la punta de la lengua y esta fuera un precipicio del que no se atreviera a saltar.
Prefería que no me dijera nada. Que lo dejara estar. Él me había asestado un doloroso golpe acusándome de traicionar su confianza, y yo me había equivocado besándolo. Lo quería olvidar. Necesitaba borrarlo de mi cabeza. Era lo mejor para mí.
Tenía que pensar por una vez en mi estabilidad emocional.
Tenía que centrarme en la fiesta y disfrutar.
La compañera de Claudia y Abril, Lucy, me resultó una chica bastante simpática, tal y como adelantaron mis amigas. Pero tampoco tuve mucha ocasión de conocerla más, porque se pasó la noche saltando de grupo en grupo.
Asier me obligó a bailar bachata con él cuando sonó una canción de Manuel Turizo, y aunque muerta de la vergüenza, consiguió arrancarme las primeras risas de la noche.
Nico y Abril se nos unieron, y busqué a Claudia para que no se quedara rezagada.
Me olvidé por unos cuantos minutos de todas aquellas cosas que en los últimos días me hacían sentir tan abrumada, y me reí con mis amigos como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
Tras unas cuantas canciones dejándome guiar por ellos, paré para tomarme un respiro.
Estaba agotada. Me dejé caer contra el respaldo del sofá en ese desconocido salón, sintiendo como mi cuerpo multiplicaba su peso al hundirse entre los cojines.
Paseé mi mirada por todos los universitarios que reían, bailaban y hablaban, hasta que mis ojos dieron con la mirada azul que un día me atrapó pero que ahora no era más que hielo para mí.
Caleb.
Abril y Claudia no me avisaron de que vendría, pero debí imaginarlo.
No estaba solo. Apoyado en la barandilla de la terraza que quedaba justo frente a mí, rodeaba con su brazo a una chica de larga melena morena.
Chloe, la chica con la que me engañó la segunda vez.
Caleb me sonrió con una especie de culpabilidad, y tras unos segundos en los que me olvidé de cómo moverme, conseguí devolvérsela, pero solo por cortesía.
El mismo día que me confesó creer que Bastian sentía algo por mí, me admitió que él no estaba hecho para estar en pareja.
Pero meses después, él seguía con esa chica con la que me traicionó, mientras que mi corazón latía herido por el rechazo de Bastian.
Volvió su vista hacia Chloe, y a ella la sonrió de una forma mucho más cálida y sincera; como si en medio de esa fiesta solo tuviera ojos para ella.
Parecían felices. Y aunque ya no sintiera nada por Caleb, mi eterna herida de no ser suficiente volvió a sangrar, porque estaba demasiado tierna y la noche anterior yo misma la había rajado al arriesgarme.
Tal vez Caleb nunca supo respetarme porque yo no era la chica adecuada para él.
Durante mucho tiempo me esforcé en ser perfecta y suplir todas mis carencias para que no quisiera dejarme, pero ni aun así pude impedir que me engañara.
Y dos veces. Intentó convencerme de lo contrario en el rellano de mi casa, pero estaba claro que en mí nunca encontraría lo que estaba buscando.
Y no sabía si algún día alguien lo encontraría.
Y me negué a verbalizar en mi mente el nombre de ese alguien que desde hacía meses era el único que la ocupaba.
Me levanté del sofá porque yo misma me estaba clavando un puñal autosaboteándome de esa manera.
Busqué a mis amigos por el salón. Quería bailar con ellos de nuevo, olvidarme por un rato de lo mal que me sentía y disfrutar como una universitaria más de la fiesta.
Encontré a Abril y a Asier, apartados del tumulto.
Iba acércame a ellos cuando que me di cuenta de que bailaban una lenta canción de Olivia Rodrigo con la luna llena de esa noche asomándose por la ventana.
Abril lo miraba con unos ilusionados ojos brillantes, y Asier la sujetaba por la cintura como si no quisiera que nunca se escapara.
Me tragué una sonrisa y me di media vuelta; ahí solo estorbaba.
Busqué por varias de las habitaciones de esa enorme casa, hasta que en una de ellas di con Nico y Claudia. Hablaban sentados en la cama, separados por unos tensos centímetros de distancia. Se callaron en cuanto me vieron llegar.
—Eh… Perdonad, chicos —me disculpé, todavía agarrada al marco de la puerta—. Ya me voy.
—¿Pasa algo? —me preguntó Nico con su habitual tono protector. Desde que sabía mi lío mental con Bastian, había aumentado de forma exponencial.
—No, tranquilos. —Me giré para marcharme, pero la voz de Claudia me detuvo.
—¿Segura?
Asentí con otra falsa sonrisa. No sabía cuántas llevaba ya en esa noche; a ese paso me olvidaría de cómo era sonreír de verdad. Bajo su poco convencida mirada desaparecí de esa habitación y les di la intimidad que, por algo que todavía no sabía, necesitaban.
Ahí también sobraba.
Estaba claro que ese no era mi lugar, así que con el repentino y frío vacío que sentía en mi pecho por no tener un sitio que ocupar, me marché de esa fiesta.