Aunque me dé miedo Capítulo 71
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Capítulo 71

Bastian

La decepción con la que nos miraba el entrenador me revolvía las entrañas.

—Estamos a solo dos semanas de clasificarnos para la Final Four, y vosotros sois tan gilipollas de montar una fiesta con drogas y alcohol. —Se paseó de brazos cruzados delante de todos nosotros—. No se os ocurría nada mejor, ¿verdad? —alzó la voz, parándose en el centro.

—Oliver, nosotros no organizamos nada. Solo fui…

—¡¡Cállate!! —el entrenador interrumpió a Liam con un grito—. Sé que estuvisteis ahí. ¿Qué os pensabais?, ¿que a mí me la vais a dar? —Esbozó una sonrisa desdeñosa mientras negaba con la cabeza.

—Nosotros solo estuvimos un rato —se arriesgó Davis a intervenir, aunque no fue capaz de controlar el temblor de su voz—. Solo era una fiesta de despedida antes de los exámenes finales. No hicimos nada malo, no…

Oliver dio un manotazo en una de las sillas del banquillo que nos puso firme a todos.

—¡Aquí no habla ni Dios! El sábado atendieron en el hospital a uno de vuestros amiguitos por culpa de una sobredosis. Por suerte se quedó en un susto.

—¿Tú sabías algo? —le bisbisé al oído a Raúl.

Abrió mucho los ojos y negó con la cabeza.

—Sabéis a la perfección cuáles son los valores del voleibol.

Sabéis que las drogas no están permitidas bajo ningún concepto, ni siquiera en vuestro tiempo libre.

Si estáis aquí es porque vivís por y para este deporte.

Y si no estáis dispuestos a cumplir con las normas —sacudió la cabeza hacia la salida del pabellón—, ¡fuera!

Ya que ni a mí ni al equipo nos demostráis el respeto que nos merecemos, por lo menos tenédselo al voleibol.

Oliver nos contemplaba con unos ojos inundados en cólera mientras hablaba.

—¿Quién lo habrá largado? —me susurró Raúl mientras el entrenador continuaba soltando rabia por su boca.

—Ni idea, tío.

Oliver me lanzó una mirada asesina que me cortó la respiración. Durante unos segundos que se me hicieron eternos, el silencio reinó en el pabellón.

—Si os drogáis o no lo sabremos mañana, justo antes del entrenamiento. Los análisis que os ha hecho Lía hace un rato no eran para un control antidoping si es lo que pensabais. Era un test de drogas.

Algo en mi cabeza se descolocó. ¿Lía lo sabía? ¿Y no nos había dicho nada? Mientras me sacaba la sangre estaba muy nerviosa; ni siquiera me quiso mirar a la cara. Sabía que había tenido guardia en el hospital la noche de la fiesta. Y sabía lo enfadada que estaba conmigo, pero…

Sentí un frío sudor corriéndome por la espalda.

¿Había sido ella?

Solo de pensarlo el corazón se me disparó de una forma dolorosa.

No podía ser verdad.

Ella no podía hacerme eso.

No podía odiarme tanto como para hacerme eso, ¿no?

—Si alguno da positivo, ya se puede ir olvidando del equipo, porque está automáticamente fuera —la advertencia de Oliver me sacó de mi angustiosa cabeza—. Ahora, largaos al vestuario. Os quiero fuera de mi vista ¡ya!

Nos lanzó una última mirada de desprecio y se giró a recoger su carpeta de jugadas tácticas.

Nos encaminamos todos hacia la salida con la cabeza gacha y sin atrevernos casi ni a respirar. Caminé de forma automática, sin poder dejar de darle vueltas a esa cada vez más lacerante posibilidad, pero la voz del entrenador me frenó antes de que pudiera salir.

—Lassard, contigo quiero hablar aparte. —Me volví despacio, temiendo el tono que estaba utilizando—. Me dan igual tus circunstancias. Para ti ya no hay más advertencias.

Y en ese momento escuché el sonido de mi mundo al caer.