Aunque me dé miedo Capítulo 70
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Capítulo 70

Lía

Las puertas de urgencias abriéndose de par en par a las dos de la madrugada irrumpieron en la caótica normalidad del servicio.

—Joven de veintidós años —anunció una grave voz mientras avanzaban por la entrada—. Intoxicación aguda por metanfetaminas. Consciente, pero confuso y agitado. Constantes alteradas.

Me levanté de inmediato del control de enfermería y el corazón me dejó de latir mientras veía a los paramédicos empujar con rapidez una camilla hacia el cuarto de críticos. Médicos y enfermeras echaron a correr y yo lo hice detrás de ellos.

Me puse los guantes con manos temblorosas. Para entonces, mi corazón había revivido y ya notaba su pulso en la garganta.

—Lía, coge una vía —me pidió Emma.

Cogí la bandeja de vías venosas de emergencia y me dirigí a la camilla.

—Pupilas dilatadas —comentó uno de los médicos residentes.

—Hipertermia y taquicardia severa —informó otra de las enfermeras.

Había tanta gente rodeando a ese chico, que todavía no sabía quién era. Y temía acercarme y descubrirlo. Bastian no se drogaba, y ni siquiera sabía si habría ido a esa fiesta, pero no pude evitar ponerme en lo peor.

Hasta que el médico adjunto se apartó.

Y vi su antebrazo derecho desnudo.

El pulso ya me martilleaba los oídos.

Su piel no tenía ni una sola gota de tinta.

Respiré algo más aliviada, no era él.

Antes de que Emma me apremiara y me ganara otra de sus broncas, le canalicé la vía venosa a ese chico que resultó ser alumno de cuarto de Fisioterapia.

No sabía su nombre, pero lo conocía de verlo por los pasillos.

Miré con lástima como intentaba revolverse y liberarse de las sujeciones que retenían sus articulaciones.

—Es un estudiante de la LUHS. Nos han llamado desde la casa de uno de sus compañeros, donde estaban haciendo una fiesta. Tenían barra libre de alcohol, y viendo a este, no me quiero ni imaginar con qué lo estarían mezclando —comentó uno de los paramédicos.

—Malditos niñatos —masculló uno de los médicos más veteranos mientras revisaba sus constantes—. Se van a cagar cuando demos parte al rectorado de la universidad.

—Había varios chicos de los Silver Jaguars —añadió el primero—. Se pueden meter en un buen lío como el entrenador se entere.

Una fría descarga me recorrió la espalda, pero me obligué a mantener la compostura mientras terminaba de fijar la vía y le administraba la medicación que el enfermero que tenía a mi lado había preparado.

Cuando me vine al hospital, Bastian estaba en casa; en el descansillo, de hecho. Quizá… no había ido a la fiesta.

Salí del box cuando logramos por fin estabilizar a ese chico.

Según los análisis, las cantidades que había ingerido no fueron lo suficientemente altas como para causarle daños orgánicos, pero podría haber sido muy grave.

Me pasé la mano por la frente sudada y, con la excusa de refrescarme, me fui al baño.

Me senté en una de las tazas con la tapa bajada y saqué el móvil de mi bolsillo. Las manos todavía me temblaban.