Aunque me dé miedo Capítulo 62
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Capítulo 62

Bastian

Me masajeé la frente de forma repetida, como si aquello me ayudara a relajarme. Pero, qué tontería; claro que no lo haría. Me pasaría otra noche sin dormir.

Y me lo merecía.

Entrecerré los ojos cuando alguien entró en la habitación y encendió la luz dando un golpe seco en el interruptor. Me incorporé sobre mis codos y lo miré con extrañeza.

—¿Qué haces, tío?

Nico me escrutó desde la puerta con una expresión decepcionada. Cerró despacio y apoyó su espalda en la madera.

—Estás jugando con ella —pronunció con absoluta convicción.

Sus palabras me estallaron en la cabeza, impidiéndome hablar.

—No —dije al cabo de unos segundos.

—Bastian, no me jodas. Casi te la comes delante de mis narices —espetó entre dientes—, y en el último momento, la lanzas a mis brazos para irte a tomar una puta cerveza. —Se encogió de hombros y me miró con una áspera incredulidad—. ¿A ti qué cojones te pasa?

Tensé la mandíbula, y antes de que pudiera flaquear, ataqué.

—¿Me lo dices tú? —Alcé las cejas—. ¿Sabes? Me he encontrado a Claudia cuando salía del baño. Llorando. Yo mismo la he tenido que traer a casa, consolándola de algo que me da que tú has sido el culpable —solté con la misma dureza con la que él me habló.

Me pareció ver un titubeo de debilidad en su rostro, pero rápidamente lo borró.

—No sé qué le habrá pasado a Claudia —hizo una pausa para tragar saliva—, pero sea lo que sea, te aseguro que no habrá sido porque yo sea un cobarde o la esté mareando.

—No estoy jugando con ella —repetí con detenimiento.

Porque no era verdad, no lo estaba haciendo.

—Claro que lo estás haciendo, y lo peor de todo, es que quizá no te estés dando ni cuenta. La vas a volver loca.

El estómago se me retorció con un doloroso tirón y tuve que apartar mi mirada.

Yo no quería jugar con ella.

Nico se separó de la puerta y se aproximó hasta mi cama, sentándose en el borde.

—Abril me contó que el otro día te acercaste a ella de una manera muy extraña mientras desayunaba.

En casa no paras de buscarla con la excusa de picarla como si fueras un crío de quince años.

Por lo que tengo entendido, en los entrenamientos haces más de lo mismo…

—me pasé la mano por el pelo, revolviéndolo.

A cada palabra que Nico decía, la angustia de mi pecho crecía—…

y tu mirada habla mucho más de lo que lo hará jamás tu boca.

Y ahora que ella parece querer dar un paso también, te comportas como un auténtico gilipollas —soltó con desdén—. ¿Qué es lo que quieres de ella?

Moví los labios para hablar, pero fui incapaz de decir nada.

Porque admitirlo sería perder.

Porque la vida me había enseñado que querer era perder.

Y por momentos creía que ella podía opacar mis miedos, pero cuando me quedé a un roce de pisar el inicio de una condena, su recuerdo me obligó a recular.

Quizá no era tan fuerte como quería ser.

—Bastian —me llamó—. ¿Qué pasa?

Apreté los labios y negué con la cabeza. Nico me escrutó con confusión.

—Suéltalo.

—Te juro que no quiero jugar con ella —logré decir casi en un hilo de voz.

Su expresión se relajó, dando paso a otra de preocupación.

—Asier tardará en venir, seguía en la discoteca con Abril. —Me perforó la pupila con sus ojos azules—. Así que dispara.