Aunque me dé miedo Capítulo 52
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Capítulo 52

Lía

Recogí mis cosas a toda prisa cuando el entrenador dio por finalizado el entrenamiento de ese jueves.

Tenía guardia y siempre iba apurada. Luego recordé que tenía que esperar a que todos los jugadores se ducharan, y me lo tomé con más calma.

Que la universidad estuviera tan lejos del hospital era un fastidio al que todavía no me acostumbraba.

—Lía —me llamó Oliver, acercándose con Bastian—. ¿Te importa echarle un vistazo en la muñeca? El muy animal se la ha reventado rematando la pelota.

—Exagerado —protestó este a su lado, poniendo los ojos en blanco.

El entrenador le pegó una pequeña colleja en la nuca que le hizo encogerse y a mí se me escapó una pequeña risita. Bastian me miró con las cejas alzadas, enmarcando su felina mirada y provocándome un maldito hormigueo.

—No entiendo qué haces jugándotela así en un puto entrenamiento —lo reprendió—.

Estamos en octavos, tienes que medir las fuerzas.

Como sigas así, acabarás lesionado y a la mierda la liga y a la mierda todo .

—Por la forma en la que enfatizó esa última palabra, supe que se refería a las ofertas profesionales de las que Bastian apenas quería hablar.

—Que síííí —arrastró este las palabras, aburrido.

Oliver le lanzó una mirada de advertencia y se marchó.

—A ver, déjame ver. —Me senté en el banquillo y él lo hizo a mi lado—. Aunque esto sería mejor que te lo mirase Nico.

Cogí su mano y empecé a inspeccionar en busca de signos de alarma.

—¿Por qué cada vez que me pasa algo, me mandas a Nico? —preguntó, haciendo una mueca cuando le doblé un poco la muñeca hacia atrás.

—Porque es el que está estudiando fisioterapia y entiende de lesiones, no yo.

Tenía la muñeca un poco inflamada, pero no había derrame ni hematoma, por lo que no parecía nada alarmante.

—¿Cómo te lo has hecho? —inquirí, presionando diferentes zonas de su mano para buscar puntos de dolor.

—Se me ha doblado un poco de más la mano, nada más.

Por lo que tenía entendido, la competición empezaba a ponerse bastante seria.

Los Silver Jaguars habían pasado a octavos siendo los primeros de grupo solo con dos partidos perdidos, y eso solo hizo que aumentaran su nivel de exigencia en los entrenamientos.

Y tal y como decía Oliver, sería peligroso si no medían la intensidad del entrenamiento.

—Si no hubieras estado tan atenta a tus apuntes, te habrías dado cuenta —se mofó.

—Y si tú estuvieras más pendiente de la pelota que de mí, a lo mejor no te la habrías doblado.

Bastian soltó una suave risa. Me mordí el labio para que no se me escapara una sonrisa. A veces me sentía un poco tonta siguiéndole las bromas; otras, me convencía de que no era bueno que lo hiciera. Pero, en el fondo, a mí también me divertían.

No debería.

No debería.

Seguí inspeccionando su muñeca, tratando de disimular que no notaba su mirada clavada en mí. Pero me estaba poniendo demasiado nerviosa.

—Deja de mirarme.

—¿Dónde quieres que mire entonces?

—A la red.

—Me interesa menos.

Levanté la vista de su muñeca con las mejillas encendidas. Entonces vi sus ojos divertidos y supe que solo me estaba vacilando.

—Estúpido… —murmuré, volviendo con mi trabajo, aunque la que se sentía así era yo.

—A ratos.

—Bueno —lo ignoré—, no parece que sea nada grave. Seguramente no sea más que una pequeña distensión. De todas formas, que te la mire luego Nico. Igual… mañana no deberías jugar.

—Anda ya, Lía. —Agitó la mano al aire y se levantó—. Si no es nada, tampoco me duele tanto.

—Porque está en caliente, pero después posiblemente te moleste más. Si fuerzas, puedes empeorarlo y…

—Como si fuera la primera vez que me hago una de estas —me interrumpió sin darle mayor importancia mientras se quitaba la cinta del pelo y se retiraba el sudor de la cara.

Era tan temerario como cabezota, así que era tontería hacerle entrar en razón.

—Al menos ponte hielo en casa y tómate un antiinflamatorio.

Echó la cabeza hacia atrás, resignándose, mientras esperaba a que recogiera mis cosas para salir juntos del pabellón. Llevaba días haciéndolo, pero todavía no me acostumbraba a ello. Sabía que no era nada significativo, Nico y Asier también lo harían en su lugar.

—Diles que se duchen rápido. Y tú también, que tengo que irme al hospital —le pedí cuando llegamos a la altura del vestuario.

Bastian me hizo el gesto del saludo militar mientras se metía en el vestuario y yo me giré negando con la cabeza y ya sí, dejando salir la sonrisa que llevaba todo el rato reprimiendo.

La guardia estaba siendo más tranquila de lo esperable y eso no era bueno.

Necesitaba estar distraída para que mis pensamientos no se colaran con tanta facilidad cuando no debían y ocuparan mi mente.

Y así fue cómo, mientras pasaba las tensiones de los pacientes de la observación al programa del ordenador, recordé las palabras del entrenador.

Si Bastian se lesionaba, se acabaría la competición para él.

Apenas quedaban poco más de dos meses para la final, y su recuperación duraría más tiempo.

De ser así… podría perder la oportunidad de llegar a lo más alto en su carrera como deportista.

No sabía por qué me preocupaba tanto.

Aprovechando que estaba sola en el control de enfermería, saqué el teléfono de mi bolsillo.

Lía:

Dime que te has puesto el hielo y que Nico te la ha visto, xfa

Bastian:

No pienso dejar q Nico se asome ahí, lo siento

Fruncí el ceño. Levanté la vista de la pantalla cuando escuché un pitido; un electrodo se había desconectado. Me volví al móvil cuando me aseguré de que una de las enfermeras ya se encargaba de ello.