Capítulo 44
Lía
Me desperté con un vocerío familiar llegando desde el salón. Me froté los ojos y me permití unos segundos para desperezarme y, después, salí corriendo a recibirlos. Me resbalé por culpa de los calcetines de lana, pero tenía tantas ganas de verlos que ni siquiera me di cuenta de si me hice daño.
Abril y Claudia me recibieron las primeras y nos fundimos las tres en un cálido abrazo.
Me pareció ver que Abril tenía una expresión demasiado triste para la alegría que siempre desprendía su cara; supuse que luego nos tocaría charla.
Asier se unió, abarcándonos a las tres y apretujándonos entre sus brazos.
—Hola, canija —me saludó Nico con cariño mientras me estrechaba contra su cuerpo.
Me reí cuando me alzó del suelo con su abrazo.
Justo entonces me di cuenta de que Bastian estaba apoyado contra el marco de la puerta de su habitación, todavía adormilado, mirándonos con una mueca divertida.
Desde que bajamos anoche del descansillo, no habíamos vuelto a cruzar palabra, y no imaginaba que me aliviaría tanto dejar de estar a solas con él.
Claudia y Abril le avasallaron las primeras, igual que a mí, solo que él no se lo esperaba.
—Decidme por favor en estos días sin nosotros no habéis vuelto a declararos la guerra —dramatizó Abril, entrelazando sus manos como gesto de ruego.
Bastian y yo nos miramos.
—La tregua sigue en pie —dijo él.
Me sonrió con una calidez diferente, desconocida, y no me gustó aquel incómodo hormigueo que provocó en mi cuerpo.
Pero me negaba a admitir lo que era.
Porque me daba miedo que realmente lo fuera.