Aunque me dé miedo Capítulo 37
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Capítulo 37

Bastian

Me desnudé, dejando que la ropa cayera al suelo con un ruido seco, y me metí en la ducha, permitiendo que, por fin, el calor me quemara la piel.

Para que el dolor me hiciera olvidar.

Para que me hiciera no pensar.

Pero lo veía a él y en lo que se había convertido. La única versión que yo había conocido.

Su llanto me desgarraba a jirones las entrañas. Pero no podía hacer nada. No podía ayudarlo. No podía consolarlo.

Estaba lejos. Demasiado como para poder hacerlo.

Me froté los ojos cuando empezaron a escocerme. El vapor de la ducha ya se había expandido por las paredes del baño y lo tenía pegado a mi cuerpo. A mi garganta. A mis pulmones. Quizá por eso me costaba tanto respirar.

Apoyé las palmas de las manos contra la pared y hundí mi cabeza, como si así me fuera más fácil coger aire. Y, así, me quedé un rato más bajo la cálida contención que me proporcionaba la ducha, hasta que los oí llegar.

La escuché reír y, por un momento, mi cabeza se embotó y el ruido del agua al caer se apagó.

Recordé lo que podría perder, pero cada vez me costaba más asumir que lo que de verdad quería no podría ser para mí.

Porque querer era perder.

Pero ya no conseguía blindarme y doler, como había asumido que haría toda mi vida.