Capítulo 28
Lía
—Menuda mierda de examen. Han ido a pillar —se quejó Abril mientras caminábamos por los pasillos de la LUHS.
—Pues como en todos. —Claudia se encogió de hombros a su lado.
—Ya, pero este lo llevaba muy bien preparado. No me ha servido de nada estudiar tanto.
—A lo mejor es que la biblioteca te distrae demasiado —murmuré.
Apreté los labios para contener una carcajada cuando la pelirroja me lanzó una mirada con la fácilmente podría haberme aniquilado.
—Todavía no nos has contado nada de ese tal Connor… —dejó caer Claudia mientras abría la puerta del baño femenino y entrábamos con ella.
—Ni pienso hacerlo. —Se quitó la mochila del hombro y me la dejó en la mano para meterse dentro de un cubículo—. Luego os reís de mí —dijo desde el otro lado de la puerta.
—Que no —contestamos Claudia y yo al unísono.
Justo entonces, de la puerta del cubículo de al lado salió una chica que me resultaba familiar. Menuda, con los ojos azules y una larga melena morena y lisa. Ignorando nuestra presencia, se lavó con rapidez las manos y salió del baño con la cabeza gacha.
Cuando pasó por mi lado y vi su perfil, la reconocí.
Y algo se me rajó por dentro.
—¿Qué pasa? —me preguntó Claudia con preocupación.
Tragué saliva, tomándome unos segundos antes de contestar.
—Esa chica es con la que pillé a Caleb en la piscina —mi voz salió en un hilo. Abril se quejó porque desde ahí dentro no nos escuchaba.
Claudia suspiró y me pasó una mano por el brazo.
—Es una chica de segundo de Medicina. Chloe creo que se llama.
Apreté los labios con una sonrisa fingida, casi prefería no saber su nombre.
Abril salió del baño, ajustándose los vaqueros, y abrió el grifo del lavabo.
—Bueno, pero a ti Caleb te da igual ya, ¿no? Quiero decir, que ver a esa chica no debería provocarte nada.
Me giré para desviar la mirada al espejo.
—¿Lía?
—No me jodas…
Sentía un nudo en la garganta que no tenía nada que ver con Caleb, sino con las consecuencias de haber estado con él.
—Dime que no has vuelto a hablar con él, por favor —el tono que utilizó Abril sonó tan suplicante que me revolvió.
Negué apresurada con la cabeza.
Casi había pasado un mes desde que rompí con Caleb, y por mucho que me gustaran los cariños que me daba…
no lo echaba tanto de menos como pensé que haría.
Me di cuenta de que estar con él significaba conformarme con simples migajas que me hacían sentir validada, y yo no quería eso en mi vida.
De hecho, apenas había pensado en él en todo ese tiempo más que cuando Bastian me lo recordó con ese ataque tan rastrero la noche del juego.
Y volver a ver a esa chica que ahora sabía que se llamaba Chloe me removió la fina cicatriz de la misma herida.
La de no ser suficiente.
Si lo fuera, no le habría sido tan fácil engañarme con otra chica en mis narices por segunda vez y justo cuando nos acabábamos de reconciliar.
—¡Lía! —Abril me zarandeó del brazo, sacándome así de mis tristes pensamientos.
Pegué un pequeño respingo y me entretuve en lavarme yo también las manos. No recordaba en qué momento había soltado las mochilas.
—Estoy bien —mentí.
—Por eso tienes los ojos rojos…
Me miré al espejo y me limpié las incipientes lágrimas que no deberían estar ahí. Mis amigas me escrutaban inquietas a través del reflejo del cristal y eso no hacía más que apretar el nudo de mi garganta.
—Entonces, ¿por qué te has puesto así por ver a esa chica? —Me confrontó Abril, cruzándose de brazos.
—Me ha traído malos recuerdos, nada más —simplifiqué, echándome la mochila a los hombros otra vez.
—¿Seguro? No será por alguna de tus paranoias de mie…
—Seguro —la corté—. Me voy a clase, que al final llegó tarde. —Me acerqué hasta la salida y abrí la puerta—. Luego os veo.
Salí del cuarto sabiendo que no les había convencido mi respuesta, pero no me apetecía ni hablar ni echarme a llorar.
Me encaminé rápida hacia el aula II. El profesor de Enfermería de Urgencias y Emergencias, el señor Johnson, nos dijo que en esa clase nos asignaría los trabajos con los que podríamos subir nota, y no quería llegar tarde.
Entré justo después que él, y me senté en el primer pupitre libre que encontré, todavía un poco sofocada. Fue nombrándonos uno a uno para entregarnos una hoja en la que nos explicaba en qué consistiría el trabajo a realizar.
—Con este trabajo podréis mejorar de forma adicional vuestra puntuación en la asignatura al finalizar el cuatrimestre, pero os recuerdo que no hacerlo puede acarrear un suspenso, ya que forma parte del contenido lectivo —nos advirtió en una pequeña pausa que hizo durante el reparto.
Cuando por fin me nombró, casi de las últimas, y leí la tarea que estaba escrita sobre ese papel, no me lo podía creer.
« Exposición de primeros auxilios en una situación de emergencia durante un evento deportivo. Para mayor enriquecimiento de la práctica, deberá contar con la ayuda del capitán de los Silver Jaguars para su demostración en el aula. »
Al final sí que iba a echarme a llorar.
Y no por el motivo que casi me hizo quebrarme en el baño.