Aunque me dé miedo Capítulo 26
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Capítulo 26

Lía

El aire agradable de principios de octubre me acariciaba la piel, en contraste con la calidez que proyectaba ese sol de mediodía. Respiré hondo y el olor del otoño me envolvió.

Me encantaba esa sensación.

—No me puedo creer que te haya pedido perdón —dijo Abril a mi lado.

Estábamos las tres tumbadas sobre el césped del campus, aprovechando el pequeño impasse que teníamos tras la comida.

—Ya, ni yo. —Me encogí de hombros, con los ojos todavía cerrados—. Pero lo ha hecho.

—No sé por qué os parece tan raro —replicó Claudia a mi otro lado—. Bastian a veces se pasa de visceral, pero tampoco es un monstruo desalmado.

— Demasiado visceral —puntualizó Abril—. Bueno, por lo menos nuestro piso va a dejar de ser un campo de batalla. —Me dio un pequeño tironcito en el pelo para que me diera por aludida.

Me reí, aunque sabía que yo también tendría que poner de mi parte para que nuestra tregua funcionara.

Guardamos silencio, recreándonos en esa tranquilidad a la que pocos minutos le quedaban. Creo que esos eran los momentos que más me gustaban, cuando simplemente nos limitábamos a estar juntas y disfrutábamos de nuestra compañía.

—¡Moved el culo!, ¡que llegamos tarde al laboratorio! —vociferó Asier a unos metros de distancia.

Abrí los ojos y me incorporé con un poco de dificultad al estar apretujada entre las dos.

Abril masculló algo para sí misma antes de ponerse en pie y dirigirse hacia él.

Cuando llegó a su altura, Asier le rodeó los hombros con un brazo, y por la sonrisa burlona que dibujó, imaginé que mi amiga le habría soltado cualquiera de sus burradas.

A su lado, Nico y Bastian se despedían con una fraternal palmada en la espalda.

Antes de que Claudia también se levantara, le agarré de la muñeca.

—Oye, Claudia. Lo del otro día con Nico… lo del beso, sabes que solo fue un juego, ¿verdad?

Parpadeó y desvió la mirada al suelo.

—Sí, ya lo sé —contestó con indiferencia. Intentó sonar fría, pero era imposible asociar ese adjetivo a Claudia.

—No quería que te molest…

—¿Por qué me iba a molestar? —Me interrumpió, arrugando la nariz—. Nico solo es un amigo.

Sonreí y, concediéndoselo, asentí. Antes de que volviera a hablar, se levantó y se echó la bandolera al hombro.

—Esta noche nos vemos —se despidió con una alegre sonrisa y se fue hacia los demás.

Cuando llegó hasta ellos, la mirada que Nico le dirigió me encogió el corazón con una cálida sensación. Quizá era fácil verlo desde fuera, pero a ellos todavía les hacía falta darse cuenta.

Me levanté yo también. Si seguía rezongando, llegaría tarde al entrenamiento. Me atusé la sudadera y me sacudí los restos de hierba de la parte trasera de mis piernas. Me colgué la mochila a la espalda y me encaminé hacia las instalaciones deportivas mientras me recogía el cabello con una coleta.

Sin darme cuenta, yo también estaba sonriendo.