Aunque me dé miedo Capítulo 17
19%

Capítulo 17

Lía

La cafetería de la universidad estaba a rebosar tras las clases; se notaba que era viernes. Por lo menos, pudimos encontrar una mesa en la que apretujarnos los cinco para comer juntos.

—¿Os hace mañana noche de pizza y verdad o reto? —propuso Asier, llevándose un trozo de filete a la boca.

—Tío, que siempre acabamos mal con ese juego —replicó Nico.

—Porque tenéis la piel muy fina y os ofendéis con unas simples preguntitas.

—O porque a ti se te pira la pinza con los retos —respondió con una pícara sonrisa Nico, pasando el brazo por detrás del respaldo de su silla y rozando a su paso la castaña melena de Claudia.

Asier se encogió de hombros, como si eso no fuera problema suyo, mientras le daba un trago a su refresco de cola.

—¿Mañana? Imposible. He quedado —contestó Abril con una pequeña risita.

Nos volvimos todos para mirarla.

—¿Conquista a la vista? —inquirió el vasco.

—Ah… —Mi amiga alzó las manos, haciéndose la interesante.

—¡Pero bueno, pelirroja! ¿Ya vuelves a las andadas de cama? —insistió.

—¿A ti desde cuando te interesa tanto mi vida sexual?

—Desde que te conocí.

Nico, Claudia y yo nos miramos con una expresión entre confundida y divertida. Pero a Abril no pareció pillarle desprevenida esa declaración.

—Ah, ¿sí? ¿Y qué te interesa más? —Apoyó los codos en la mesa y se inclinó hacia él—. ¿Saber cómo va o formar parte de ella?

Estuve a punto de atragantarme con la lechuga. Bebí un poco de agua para dejar de toser.

—Eso lo dejo a tu elección. —Asier se dejó caer en el respaldo de la silla y ladeó la cabeza con una mueca burlona.

Abril se mordió el labio, posiblemente para contener su respuesta, y se contemplaron durante unos segundos en los que solo ellos entendían qué era lo que estaba pasando. Hasta que Asier desvió la mirada y la centró en el resto de nuevo.

—Bueno, ¿esta noche mejor? Si lo preferís, podemos pedir sushi.

—Tengo guardia —respondí con fastidio.

—Pues naaada —alargó la sílaba—. Lo dejaremos para el finde que viene entonces.

—Pero hoy hay partido, ¿no? —Nico frunció el ceño, dirigiéndose a mí—. Bastian nos ha pillado entradas a todos.

Los partidos deberían ser los fines de semana, pero por ajustes del calendario, algunos se saltaban la norma.

Asentí y sin querer se me escapó un suspiro.

—Del partido me voy directa al hospital.

—Por cierto, ¿dónde está? —Abril se giró sobre su hombro, buscándolo con un rápido barrido de la cafetería.

—Comía con los del equipo. Estarán en modo concentración —respondió Nico con sorna.

Puse los ojos en blanco lamentándome por la tarde que me esperaba.

—¿Estáis algo… más tranquilos? —preguntó Claudia, casi con cautela.

—Mientras no nos hablemos, sí.

Así habíamos vuelto a pasar la semana. Sin dirigirnos la palabra. Ni en casa, ni en los entrenamientos, ni cuando coincidíamos por los pasillos de la uni. Nos apartábamos la mirada cada vez que nos cruzábamos.

Como dos completos desconocidos.

—Joder, es que se pasó tres pueblos —apuntó Asier—. Al menos tuvo la decencia de arrepentirse.

Solté una carcajada sarcástica mientras jugueteaba con la comida.

—Esa sí que es buena.

—Sí, Lía. Es un poco cabroncete, pero tampoco es un monstruo. —Cabeceé, yo no pensaba igual—. Cuando llegaste a casa, ¿no viste que tenías el móvil lleno de mensajes nuestros?

—Lógico, me fui sin avisaros.

—Y no nos enteramos hasta que Bastian nos lo dijo y nos pidió que te llamásemos para que volvieras.

Incrédula, levanté la mirada hasta llegar a los ojos azules de Nico. Este me asintió con la cabeza y algo extraño se me removió en el estómago. Aparté la ensalada, me estaba sentando mal.

—Puedes estar tranquila. —Abril me cogió del antebrazo—. De mi bronca no se libró. Se la tragó enterita. Con su habitual cara de perro, pero como un campeón.

Me reí con ella, pero seguí notando esa rara molestia en la tripa.

La comida de la LUHS era una mierda.