Capítulo 16
Lía
Regresé a la residencia cuando ya había perdido la noción del tiempo que llevaba en ese banco sentada.
Me dolía el trasero por culpa de sus rígidas tablas, y se me había llenado el pelo de cachitos de hojas secas.
Llamé al telefonillo mientras intentaba quitármelas y me sobresalté cuando, al abrir, me encontré una figura sentada en la oscuridad del portal.
—¿Te parece normal irte a estas horas tú sola?
Me recorrió un escalofrío al escuchar su voz.
Encendí la luz y lo que vi me sorprendió mucho más. Bastian estaba sentado en uno de los escalones, con la cara escondida en sus manos.
—¿Te parece normal echarme? —repliqué, cruzándome de brazos.
Soltó un suspiro. Levantó la cabeza despacio y clavó sus ojos en mí. Unos ojos cristalinos, casi agotados.
—No hacía falta que te fueras de casa —respondió con toda la contención que no había mostrado en la fiesta.
Nos quedamos unos largos segundos mirándonos, en silencio. Con algo flotando entre nosotros; algo demasiado incómodo. Su pierna rebotaba contra el suelo, como si algo le inquietara. Aparté la mirada ya que él no lo hacía, y negué con amargura.
Estaba cansada. Quería irme a dormir ya.
Sin decir nada más y con su vista todavía sobre mí, subí los primeros escalones.
—Feliz cumpleaños —murmuré, seca, al pasar por su lado, con un extraño peso lastrándome el pecho.