Aunque me dé miedo Capítulo 5
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Capítulo 5

Lía

Abril, Claudia y yo aprovechamos la hora de la comida para vernos. A ellas aún les quedaba una clase por la tarde, pero yo ya podría haberme ido a casa. Y digo podría, porque en una hora empezaba el primer entrenamiento y no me daba tiempo a ir hasta la residencia, comer y volver.

—Venga, Lía. Que seguro que no es tan malo.

Vale que son un poco cazurros, pero te vas a hartar a ver tíos espectaculares —dijo Abril con una pícara sonrisa mientras partía el pollo de su plato—.

Caleb estará todo lo bueno que tú quieras, pero los de vóley están a otro nivel.

Seguro que cuando los veas, no va a ser tanto trauma que les canalices unas cuantas vías —añadió, exagerando la intencionalidad de sus últimas palabras.

Entorné los ojos sin poder remediar una pequeña risa. Siempre estaba igual.

—Tú lo sabes bien, ¿no? —pregunté, divertida.

—Lo mío con Robert Jones no funcionó, pero me sirvió de aprendizaje. —Dibujó una mueca ladina—. Fíjate en los rematadores, esos son los mejores… Y en la cancha también.

Escupí un poco del agua que estaba bebiendo por culpa de una carcajada. Llevaba unos pantalones vaqueros cortos, así que acabe mojándome las piernas.

—A lo mejor pasar más tiempo juntos fuera de casa os sirve para limar asperezas y llevaros un poco mejor… —intervino Claudia con su dulce voz, devolviéndome a mi realidad mientras me secaba con una servilleta.

—O para que terminéis de mataros —acertó la pelirroja con la boca llena de comida.

Me decantaba más por esa opción.

Suspiré, cogí el tenedor y me concentré en mis guisantes.

—¿Qué tal el primer día? —cambié de tema. Me quedaba una hora de paz y no quería desaprovecharla.

—Con decirte que nos ha tocado el profesor Lewis en Anatomía III… estamos jodidas para lo que queda de año —vaticinó Abril.

—Pero mucho —Claudia puso cara de horror, haciendo que nos riéramos las tres al unísono.

A veces las envidiaba un poco. Las dos estudiaban Medicina y pasaban mucho más tiempo juntas.

Yo en clase apenas había logrado entablar mucha amistad con mis compañeros, y tampoco lo esperaba.

Ni ellos se acercaban ni yo tenía mucho interés en hacerlo.

Pero no me importaba, porque mis verdaderos amigos me esperaban en casa.

Y lo que me esperaba en cuanto llegaran las cuatro de la tarde era mucho peor que una clase de tres horas con el profesor Lewis.