Capítulo 3
Lía
—¿Qué has hecho qué? —preguntó Abril, indignada, bajándose las gafas de sol.
Pensé que contárselo mientras nos relajábamos en la piscina de la residencia ayudaría a que se lo tomaran algo mejor, pero no.
—Le he dado una última oportunidad, nada más.
—¿Después de lo que te ha hecho? —La pelirroja chistó con fastidio.
Me hundí un poco bajo mis hombros, pero la buena de Claudia salió en mi ayuda.
—Venga, Abril. Tú también lo habrías hecho.
Soltó una hueca carcajada.
—Ya te digo yo que no. A mí me la hacen una, pero no más.
—A mí tampoco me lo va a hacer más —rebatí, un poco irritada.
Me recoloqué los tirantes del bikini para fijar la atención hacia otro lugar.
—¿Y eso cómo lo sabes?
Me di pequeños mordisquitos en el interior de la mejilla antes de atreverme a responder.
—Porque me ha prometido que no va a beber más alcohol en las fiestas —bajé un poco la voz. Era tan patético que me resultaba vergonzoso escucharlo de mi propia boca.
Claudia frunció el ceño y Abril se rio con otra carcajada sarcástica. A ellas también se lo parecía, claro.
—El problema no es el alcohol, Lía. El problema es que no es capaz de mantener la…
—¿Y tú le crees? —intervino de pronto Claudia, interrumpiendo así la ordinariez de Abril.
Solté una larga exhalación, mientras perdía la mirada por mis piernas.
—Supongo.
—Claro que no le crees. —Abril se giró en la toalla y se incorporó—. Si no, estarías ilusionada y no así de mustia.
Le hice un gesto con la mano para que bajara la voz. A nuestro lado, Nico y Asier jugaban a las cartas y no me apetecía que se enteraran.
—Sí que lo estoy —murmuré, apoyándome en las palmas de mis manos y jugando a chocar mis pies.
—No, te estás engañando a ti misma porque te gusta la atención y el cariño que te da Caleb cuando estáis juntos. Pero sabes que, en cuanto pueda, te lo va a volver a hacer.
Sentí un pequeño arañazo en el pecho que me hizo tensar la mandíbula, pero no contesté. Era triste, pero quizá no se equivocaba.
—Abril, tía. No te pases —la reprendió Claudia.
Soltó un sonidito de exasperación y gateó hasta mi toalla. Me rodeó con sus brazos y achuchó su mejilla con la mía.
—Siento ser tan brusca, Lía. Me enerva la sangre que ese idiota juegue contigo otra vez. Pero si confías en él y de verdad es lo que quieres… adelante. Aquí estaremos nosotras, para lo que sea.
Sonreí y le di un apretón en el brazo, forzándome a ignorar que estaba dando por sentado que Caleb me traicionaría de nuevo. Levanté la vista y me di cuenta de que Asier y Nico nos miraban extrañados.
—¿Has vuelto con Caleb? —preguntó el último, entrecerrando la mirada con desconfianza.
Entorné los ojos; qué cotillas eran.
—Vosotros a lo vuestro, ¡marujas! —contestó Abril antes de que pudiera hacerlo yo.
Entonces, el que se giró para escuchar nuestra conversación fue Bastian, borrando su estúpida sonrisa de golpe.
Llevaba toda la tarde merodeando por la piscina.
Iba de chica en chica, tonteando con todas las becadas que se encontraba.
Éramos de varios países, y el año pasado ya lo había visto elegir la nacionalidad según se le antojaba.
Así era él; elegía a quién quería. Pero, por lo que fuera, le interesaba más nuestra conversación que lo que aquella chica italiana le contaba con una fascinada mirada. Pobrecilla.
En cuanto vi que dejaba a esa chica atrás y se acercaba a nosotros, cambié de posición y me abracé a mis rodillas. Resoplé en cuanto se sentó al lado de Claudia.
No podía tener un rato tranquila con mis amigas.
—¿De qué habláis? —inquirió con fingido interés.
—De las prácticas de este año. —Claudia era tan tímida como rápida.
—Bah. —Sacudió una mano al aire.
—¿Ya te las han asignado?
Le lancé una mirada de reproche a Abril. No quería que le diera coba; quería que se largara.
—Terapias conductuales en el centro de día de drogodependencia. Interesantísimo, vamos.
—Lía, ¿y tú? Aún no nos has dicho en qué unidad te ha tocado.
—Todavía no lo sé… Mañana tengo reunión con mi tutora para que me asigne servicio y horarios. —Hice una mueca de desagrado; solo de pensar en estar a solas con esa mujer, me revolvía.
—Querías paritorio, ¿verdad?
—O UCI. Cualquiera de las dos me ape…
—Me piro al agua —soltó Bastian antes de que acabara la frase.
Bufé a su espalda y Claudia me lanzó una reprobatoria mirada. Me encogí de hombros, me daba igual que lo escuchara.
Asier y Nico se le unieron, tirándose en bomba para salpicarnos lo máximo posible.
—¿Vamos con ellos? —preguntó Abril, que ya se estaba recogiendo su larga y rizada melena que tanta envidia me daba en un moño.
Claudia se levantó con entusiasmo y tiró de mi mano. Negué con la cabeza, arrugando el gesto.
—Id vosotras, no me apetece mojarme otra vez.
—Lía, tía…
—Prefiero quedarme aquí, de verdad. Así me da un poco el sol, que estoy blanquísima de pasarme el verano encerrada en casa —me excusé, intentado sonar convincente.
Las dos suspiraron resignadas, pero no insistieron más y yo lo agradecí. Unos segundos después, se tiraron a la piscina, salpicándome ellas también.
Me tumbé bocabajo en mi toalla y desenlacé el nudo de mi bikini. Así por lo menos, el poquito color que cogía no me dejaba marca en la espalda. Cerré los ojos e intenté relajarme con el sonido del chapoteo y las risas de mis amigos de fondo.
Ya estaba entrando en una tranquila calma cuando la vibración de mi móvil me sobresaltó.
Me incorporé un poco para mirarlo, con cuidado de que no se me viera nada.
Era Caleb, quería que nos viéramos luego.
Mientras le contestaba, unas gotas frías me cayeron en la espalda.
Se me escapó un gritito ahogado de la impresión.
Giré la cabeza y vi que por mi lado pasaba Bastian, sacudiéndose el pelo igual que un perro.
—Mira por dónde pasas, que me has mojado la pantalla del móvil —protesté con desdén, pegándome el sujetador del bikini, todavía desatado, al pecho.
—Desde luego que a ti no te miraba —contestó impertérrito y, tal y como decía, sin mirarme.
—Estúpido —murmuré, siguiendo con la mirada cómo se tumbaba en la toalla de enfrente.
—Niñata.
Resollé con hastío y me até el bikini de nuevo. Fijé mi concentración en el móvil, en Caleb y en el plan que me proponía para esta noche. Me apetecía mucho más que la novatada que querían hacerles mis amigos a los nuevos becados que llegaban este año.
Pero no podía ignorar lo mucho que me irritaba tenerlo tan cerca. No lo soportaba y solo llevaba un día con él.
Y todavía me quedaba un curso entero.