Capítulo 35
—Bien, ahora es tu turno —dijo Andrew, presionándolo para hablar. El alcohol era un excelente catalizador de penas y sabía que algo le estaba pasando a Max. Lo leyó como un libro abierto—. Te gusta Jannie.
Max se quedó pensativo, apoyando los codos en la barra, jugando con sus dedos entrelazados y su barba crecida. Andrew le dio algo de espacio sin interrupción, hasta que se hartó del silencio.
—Ella es especial.
—Lo sé… ¿Cómo la conociste?
—En el club de lectura. Al principio yo iba también, para acompañar a Lean. Trabajamos juntos en una florería, compartíamos esa actividad extra laboral hasta que me aburrí. Poca literatura homoerótica.
—Ya veo…
—Somos amigos hace unos cinco años. Jannie estaba recién llegada de Londres, la ciudad le pareció muy grande, por eso volvió.
—Me dijo que tiene novio… —Andrew escupió su bebida y rio con ganas.
—¿Jannie? ¡No! Seguro lo dijo para sacarte de encima… Ella no tiene novio.
—¿Estás seguro? —Andrew le respondió con un gesto contundente.
Max pareció evaluar su situación y antes que Andrew saltara a sus propias conclusiones, lo soltó:
—Yo la conozco, Andrew.
El desconcierto lo avasalló. Soltó una carcajada de las suyas.
—¿Conocerla? ¿A Jannie? ¿De dónde? Ella no sale…
—¿Y qué hace? —dijo, enarcando una ceja, desafiante. Andrew no contestó de inmediato, estudiándolo.
—Está metida día y noche en esa condenada computadora.
—¿Cómo se relaciona con los hombres? —Abrió mucho los ojos, sumando uno más uno.
Él conocía las actividades cibernéticas extra laborales de Jannie, se sentía segura calentando hombres en sitios para adultos, sin mucho detalle, pero él tenía una gran imaginación.
Casi sin solución de continuidad, Max se hizo cargo de la confesión: — Yo estoy en la sala de chat a la que ella concurre.
Yo soy el tipo con el que chatea todos los días y todas las noches desde hace un año y medio.
“Craig” “Quantum” “Skyfall” “Fleming” “Spectre”.
—Mierda… ¿Y ella no te reconoció? ¿Te hiciste una cirugía?
—Nunca quiso conocerme.
—¿Por qué?
—No lo sé…
—Entonces decidiste seguirla y terminaste subiéndote al crucero.
—Algo así…
—¿Estás loco? —Asintió, con expresión desahuciada.
Andrew saltó de su asiento y lo abrazó; Max hizo lo que pudo para sacárselo de encima con decoro.
—Déjamelo a mí, Max. Yo te ayudaré con Jannie. Es lo menos que puedo hacer después de haber escuchado mis penas.
—No… ¡No! ¡Escúchame! Ella no quiso conocerme, yo no puedo presentarme y decirle: ¡Hola! ¡Soy Spectre!
—¿Crees que soy tonto?
—No… pero…
—Escúchame bien… si estamos aquí, montados en este barco… en esta aventura, es porque yo las convencí para hacerlo. Tú sígueme la corriente y vas a estar durmiendo con Jannie antes que este barco regrese a Roma. ¡Brindemos!
Andrew levantó la cabeza, buscando al barman, cuando vio entrar a un tipo vestido de gladiador.
Espera, no era cualquier tipo, era el que había atrapado a Lean cuando él la soltó por Candem, antes de que ella se fuera con Gabriel.
Y ese tipo era parte del equipo de Gabriel, estaba con ellos cuando los encontró en los pasillos, Paolo se lo presentó, ¿Cuál era el nombre? No podía recordarlo.
El gladiador llegó arrastrando los pies, cargando las partes de su disfraz, como si llegara de la guerra.
—¡Ey! ¡Lucius! —lo llamó, aludiendo al protagonista de la segunda versión de la película de Ridley Scott. Cuando no respondió al nombre, Andrew se movió, haciéndole señas para que se acercara y se sentara con ellos. Lo hizo. Cuando se acercó, fue por más— Disculpa… pero te vi un poco perdido.
—No estoy en mi ambiente natural.
—Ninguno de nosotros… pero la cuestión es disfrutar. Soy Andrew, nos conocimos ayer en el pasillo. Estás con el séquito de Gabriel.
—Séquito… —se burló— Es una excelente definición para el Jeque italiano.
—Bueno, no supe definirlo de otra manera. ¿De dónde eres?
—Canadá.
—Has recorrido un largo camino para ser el guardaespaldas de Gabriel.
—No soy su guardaespaldas
—¿Su doble? Podrías… —dijo Andrew, mirándolo de pies a cabeza, levantando las cejas para acompañar sus palabras apreciativas.
—Nop… soy el hijo de su representante.
—¿Eres el hijo de Paolo? Hubiera jurado que ese tipo es el típico Gigolo que jamás se casó ni formó una familia.
—Es el típico Gigolo que nunca se casó ni formó una familia, pero… es una larga historia.
—Y yo aquí con toda la noche disponible…
—Basta, Andrew… —dijo Max entre risas— Lo vas a espantar.
—Tú todavía estás sentado aquí, mis encantos están intactos.
—Soy Max… —extendió el brazo y chocaron los puños— ¿Qué tomas?
—Cerveza.
El barman se acercó y tomó la orden de Dan.
—Entonces, hijo de Paolo…
—Dan… puedes llamarme Dan.
—Disculpa, no quería que mi exceso de confianza te espantara… —dijo, mirando de costado a Max.
Andrew, bastante pasado de copas, se reclinó sobre Dan y lo interrogó.
—Y dime, Dan, ¿Cuál es el verdadero motivo por el que Gabriel Grecco subió a este crucero?
Dan retrocedió y apretó los labios
—Vamos, tú debes saber la verdad.
—No puedo decir nada…
Andrew volvió a acomodarse en su asiento y le alcanzó la cerveza. Max resopló a su lado.
—¿Qué? No le hice nada.