ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 36
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Capítulo 36

Gabriel llegó a su habitación con una Lean casi inconsciente.

A medio camino se dio cuenta de que ella no tenía una cartera ni nada donde portar su llave electrónica, así que tomó la decisión unilateral de llevarla a su suite.

Al traspasar el umbral, la levantó en brazos y cerró la puerta con un pie.

La contempló un momento en sus brazos, dormida, tranquila, etérea.

Se acomodó en el nido de su pecho como un pajarillo y perdió la noción del tiempo, no supo cuánto estuvo ahí, parado, mirándola como un tonto.

“¿Qué estoy haciendo?” se preguntó, en silencio. “¡Esto no está bien! ¿Quién soy yo para usar a una mujer inocente para mis propósitos?

Sentía un revuelo en el pecho. Sentimientos.

Lean había cavado su propio espacio en su corazón, de alguna manera había sobrepasado sus expectativas y ahora todo lo que habían planeado se sentía mal, terriblemente mal.

Conocía sus sentimientos, no solo por lo que ella dijera sino por lo que su mirada delataba, era sincera, honesta, simple, todo lo que él no era, prácticamente una joya en esos tiempos donde ya nada tenía valor sino precio.

Atravesó la suite a oscuras y la recostó en la cama; la cubrió con la manta liviana que adornaba el mueble y se dispuso a desnudarse.

Lentamente y sin dejar de mirarla, se quitó todas las prendas de su disfraz.

Ella se acomodó sobre un costado, girando hacia él, murmurando algo entre sueños.

Buscó una camiseta y un short deportivo, cubrió su decencia y volvió a su lado.

Le quitó los zapatos y ella volvió a murmurar.

Se acostó a su lado, mirando el techo y tratando de ignorar su presencia como si de un elefante rosa en la habitación se tratase. Imposible.

Entonces Lean giró sobre sí, como atraída por su calor, y se pegó a su lado. Suspiró, y él con ella. Estiró un brazo y lo metió bajo ella, atrayéndola, abrazándola. Y el sueño llegó a su llamado, pacífico, para envolverlos juntos.