Capítulo 28
Eira no podía parar, incentivada por la gran cantidad de alcohol que había tomado, el baile y los juegos.
Le dolía el estómago de tanto reírse, eran como adolescentes que les habían permitido salir luego de meses de encierro.
Cat estaba decidida a mandar a la población masculina, ya fuera al servicio médico o a un divorcio seguro.
No había hombre en la sala que no les quitara la vista de encima.
Luego de ir a buscar otra bebida a la barra, Cat arrastró a Eira al escenario, disponible esa noche para bailar, aunque nadie se había animado.
La música las acompañó: la versión sinuosa de “All that Jazz” del musical Chicago las puso en el centro de las luces.
Cat era un torbellino y ella se dejó llevar.
“Come on, babe. Why don’t we paint the town? And all that jazz.”
Se colocó detrás de ella, colocó una mano en la pelvis y comenzaron a ondular con la cintura, en pequeños círculos y ampliando el movimiento, siempre con la pelvis de una pegada al culo de la otra.
Jannie, Andrew y Lean aplaudían desde abajo.
Cat les hizo señas con la cabeza para que subieran también.
Jannie estaba petrificada y negada a subirse, pero entre Lean y Andrew lograron convencerla para poder disfrutar del baile todos juntos.
“I'm gonna rouge my knees, and roll my stockings down. And all that jazz”.
Se acomodaron los cinco en el escenario: Andrew detrás de Cat, que tenía a Eira por delante, Jannie detrás de Andrew con Lean por detrás, comenzaron a hacer círculos con la cintura, siempre el de atrás con la mano apoyada en la pelvis del de adelante.
La gente gritaba y aplaudía por la sincronización.
Andrew gritó “Giro” y todos soltaron al de adelante y comenzaron a girar en el lugar, siempre haciendo círculos y con la mano a la cadera acompañando el movimiento hasta que Lean quedó delante de todo y Eira al final, las manos que se habían soltado fueron nuevamente a la pelvis del de adelante y los círculos eróticos continuaron entre risas y aplausos.
Los movimientos aumentaron de ritmo y velocidad a medida que la canción avanzaba. Luego comenzaron a bajar y subir, sin despegarse, frotándose unos con otros, apoyándose para no caerse, muertos de la risa y alentados por un público enajenado. Alguien empezó a pasarles copas de champagne.
“Slick your hair and wear you buckle shoes. And all that jazz”.
Animadas a seguir, se separaron, Andrew salió de la fila, animando a las chicas a seguir, quienes se pusieron en 90 grados, apoyando los codos en la cadera de la de adelante y la cara apoyada en las manos, como disfrutando las vistas.
Llevando las caderas de un lado a otro, siguiendo el ritmo de la canción.
Andrew iba de una punta a la otra, recorriendo a cada una, y dándoles nalgadas, haciendo la mímica de Catherine Zeta Jones en su personaje de Velma Kelly.
“It's just a noisy hall. Where there's a nightly brawl and all that jazz”.
En el final, a medida que Andrew las azotaba, se fueron levantando, de pie, mirando al público, bailando, subiendo y bajando los hombros, con las muñecas quebradas, y golpeando con la cintura al ritmo de la canción.
Cuando la última recibió la nalgada, entrelazaron los brazos, colocándose cadera con cadera, quebrando las cinturas todos a la vez, terminando la canción, elevando la misma rodilla todos para luego dar una sexy patada para repetir con la otra al mejor estilo can-can.
La tradicional “Lady Marmalade” comenzó.
Rompieron la fila y se dirigieron al final del escenario para comenzar a desfilar al mejor estilo Ángeles de Victoria's Secret, elevando las rodillas a cada paso.
Una vez que llegaban a adelante, se giraban para quedar de costado, bajaban la cola hasta el piso para subirla en forma sensual.
Sus cuerpos ondulaban, la música ascendía y el público aplaudía.
“Voulez vous coucher avec moi ce soir. Voulez vous coucher avec moi.”
Antes que terminara la canción, Andrew les gritó “Voy por más champagne” y Jannie y Lean aprovecharon para bajarse del escenario. Eira las iba a seguir para tomar un descanso cuando Cat la sujetó del brazo y la acercó.
—¡Ni se te ocurra! El jefe de seguridad está como loco, mirando todo, en aquella esquina. ¡Te quedas conmigo! ¡Vamos a volarle la tapa de los sesos!
—¿Estás loca?
—Loca, no… Un poco achispada nomás.
Volvió a colocarla de espaldas a ella. Se agachó en forma sexy y apoyando la mano en su tobillo, comenzó a acariciarle la pierna, ascendiendo, por el muslo, hasta delinear la curva de su trasero.
Luego giró y se apoyó para apoyarse de espaldas e ir descendiendo al ritmo de la música, espalda con espalda, tocándose sobre los disfraces. El público deliraba.
“Touch of her skin feeling silky smooth, color of cafe au lait alright
Made the savage beast inside roar until he cried, More-more-more”
—Cat, no puedo más… Después del paseo por Córcega, y luego el gimnasio, mis piernas no responden. Necesito tomar agua.
—Está bien… Yo también necesito una pausa. Voy al baño.
Caminando hacia la barra, buscó con la mirada el rostro conocido, pero ya no estaba.
De pronto se sintió sola y desprotegida, observada por una jauría que quizá malinterpretaba las intenciones de su baile sensual.
Cuando apuró el paso, un hombre de traje negro la detuvo.
Uniformado como el resto de la tripulación, se inclinó un poco para hablarle.
—¿Señorita Walker?
—Sí…
—Necesito que, por favor, me acompañe.
—No. No voy a ir con usted a ningún lado. No lo conozco…
Levantó la mirada y vio a Andrew acercarse. Por fin pudo respirar con alivio.
—Por favor, señorita. Una de las altas autoridades está reclamando su presencia. Es una cuestión de seguridad. Debe acompañarme.
—¿Qué sucede? —dijo el cowboy.
—Nada, Andrew… me voy un momento. Me voy con el señor… —los dos lo miraron, esperando que se identificara.
—Eric Levere de seguridad. Escolto a la señorita a pedido del jefe de seguridad.
—Bien. Está en tus manos y espero que entiendas que te cazaré como una zorra si a ella le llega a pasar algo. Tengo amigos importantes en este barco.
—No se preocupe, señor —Andrew abrazó a Eira, todavía preocupado.
—¿Estás segura de lo que estás haciendo? —le preguntó.
—Sí… —dijo, esperando haber podido disimular el escalofrío que la recorrió— Pero si en media hora no vuelvo, ve a buscarme en la cubierta tres.
—¿Lo vas a tener listo en media hora?
Eira le golpeó dos veces el pecho y dejó un beso en su mejilla. Siguió al hombre de seguridad hasta la puerta, donde la dejó pasar para avanzar y seguirla como un perro de custodia.