Capítulo 27
Claramente, el disfraz que se disputó con Candem era perfecto para él.
Domador de leones, con látigo y todo: Una chaqueta ceñida al cuerpo, roja y dorada, pantalones muy ajustados que marcaba su miembro, guantes y galera.
El conjunto completo resaltaba su cuerpo trabajado y la parte más importante de su equipo.
Practicó con el látigo algunos movimientos para no sacarse un ojo en el intento, lo movió hacia el aire con una rápida sacudida, haciéndolo restallar contra el piso.
Fuerte, potente, preparado para domar. Esa noche iba a encontrar una dama rebelde y la haría suya a como dé lugar.
Cuando la vio esa tarde en la piscina, con sus amigas, tan decidida, divertida, atrevida, había provocado una conmoción en su interior, un choque de sensaciones que minaban su voluntad.
Hubiera querido volver a buscarla, pero se sobrepuso con rapidez.
Se dirigió al salón donde se desarrollaría la fiesta de disfraces, ubicó rápidamente la barra y pidió el primer whisky de la noche.
El salón se fue llenando, los pasajeros pasaban bajo sus narices, bailaban, alternaban, se conocían, pero a él nada de esto le interesaba; solo buscaba cruzarse con la rubia sexy y atrevida, tal y como la llamaba para sí, ni sabía su nombre.
Había pasado casi una hora y varios vasos de whisky cuando notó que varios pasajeros, hombres y mujeres, giraban hacia la entrada, un suspiro contenido en grupo porque en ese momento las cuatro amigas, a cuál más bella, acompañadas por ese amigo que estaba con ellas noche y día, irrumpieron en el lugar.
Disfrazadas para matar la noche, rápidamente se hicieron de la atención de todos los presentes, bailando, cantando, divirtiéndose.
Marcaron el ritmo de la música, se adueñaron del lugar.
Su rubia era la líder natural. Su belleza y presencia lo tenían subyugado, casi tanto como su desparpajo y control de la situación.
Ya se había dado cuenta de que era una mujer que llevaba el control y eso era un desafío para él.
Someterla parecía haberse convertido en su nueva obsesión, casi tanto como complacerla.
La quería sudando bajo su cuerpo, chupando su miembro, bailando para él.
La quería sometida a sus designios, y que el cielo lo ayudara, todo parecía estar combinándose para que eso sucediera, porque ella levantó la mirada hacia él.
¿Lo había reconocido? La conexión se estableció de inmediato y él levantó su vaso tallado para brindar a la distancia con ella.
Ella saludó con la cabeza y lo provocó con sus movimientos, como lo había hecho con el capitán del barco hasta hacía un momento.
La dejaría actuar para ver hasta dónde era capaz de llegar.