ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

Cuando las puertas del Cabaret Lounge se abrieron, los cinco quedaron extasiados con el lugar y su ambientación: Decorado en tonos blancos y negros, con detalles color plata y varias bolas de espejo estilo “disco” colgando del techo, justo sobre la pista de baile.

Había un escenario de poca altura con un cortinado y dos barras laterales habilitadas.

La iluminación, la música y el ambiente eran sugerentes, y de alguna manera Cat se sintió estimulada como la noche anterior.

Observada y admirada. Tenía público y sabía que media concurrencia querría acercarse a ellos y la otra mitad quería matarlos por ser el centro de atención.

Mirando sin ver, escrutando la oscuridad y los rostros anónimos, buscó.

En ese momento comenzó a escucharse “I am a good girl” de Christina Aguilera y ella lideró el grupo hasta la pista para desatar la acción.

Al grito de “The hell is divine” Andrew, Cat y Eira se movían seductoramente y animaban a Lean y Jannie a acompañarlos.

El alcohol comenzó a circular. Cinco copas aflautadas con champagne, llegaron a ellos mientras coreaban, “They all say my feet never do touch the ground!”, riéndose y bailando, siendo observados por todos en la fiesta.

Cat miró un poco por aquí, otro poco por allá, mientras contoneaba las caderas para ver con quién podía pasar un lindo rato esa noche.

Había de todo: altos, bajos, gordos, flacos, modernos, antiguos, piratas, policías, caballeros, soldados.

Y ese domador de leones que no le quitaba los ojos de encima.

Levantó la copa, brindando con él a la distancia, y regalándole una sonrisa sexy mientras seguía bailando.

El domador respondió a su gesto de la misma manera, pero no se acercó.

En ese momento alguien apoyó una mano en el final de su espalda y al girar se encontró un apuesto capitán uniformado.

—¡David! ¿Cómo estás?

—Muy bien, pero no tan bien acompañado como tu amigo. Dichoso él de tener a cuatro bellezas como ustedes acompañándolo siempre…

—Andrew es un amor y todas lo queremos mucho, aunque no nos elija como pareja a ninguna… —dijo, juntando los labios en un mohín triste que requería consuelo. El capitán le hizo levantar el rostro, sosteniendo su mentón con dos dedos y le sonrió con esa sensualidad madura que tanto le gustaba.

—No pondría mis manos en el fuego por eso, mi rubia debilidad. Él parece tener ojos solo para tu amiga. Quizá me equivoco, pero… —Cat sabía que el capitán tenía un buen ojo para identificar a la gente, y esa era una conclusión a la que ella sola ya había llegado.

—Esos dos juegan con fuego, pero nunca se queman, se quieren como hermanos.

—Si tú lo dices…

—Mi querido capitán, ¡que linda fiesta! ¡Me encanta todo! La música, la ambientación, los disfraces, los tragos. ¿El capitán puede bailar con los pasajeros? ¡Por favor!

—No en público —susurró, acercándose a su oído, y agregó: — Terminada la fiesta, podemos bailar solos…

Cat se rio y se dio la vuelta, mientras en ese momento atronaba en los parlantes “Crazy in Love” de Beyoncé, contoneándose delante de él y alejándose, para reunirse de nuevo con sus amigos.

Canción tras canción, los cinco bailaban, bebían y jugueteaban entre ellos, provocando amores y odios, erecciones y celos.

¡Estaban desatados! Cat cruzaba miradas y brindaba a lo lejos con el sexy domador de leones, pero no se le acercaba.

“Si la montaña no va a Mahoma, pues entonces Mahoma irá a la montaña”, pensó.

Avisó a sus amigos que ya volvía y se dirigió a la barra donde estaba acodado él, tomando un vaso de whisky tras otro.

Para seguir con la línea de bebidas, Cat pidió un “Bellini” y se acomodó a su lado.

—Hola, domador de leones. Brindas conmigo, pero no te acercas…

—Hola, chica sexy… Te disgusta que no te brinden toda la atención que necesitas, ¿verdad?

Cat giró lentamente el rostro hacia él, su voz ronca inconfundible, su magnetismo. Ese cabello rubio y esa mirada profunda, como el mar que navegaban. Se quedó sin aire al exhalar:

—Eres tú… —El tipo sonrió y su cuerpo ardió en el recuerdo de llevarlo adentro.

—Sí, soy yo, el hombre que provocó el orgasmo más increíble de tu vida, anoche.

—¡Ja! —dijo ella, echando la cabeza hacia atrás, exhibiéndose un poco más.

Podía sentir su mirada como una caricia caliente, la incendiaba, pero no lo podía reconocer.

Simplemente no podía. Provocar y dominar era su naturaleza y él era una fuerza que la quería someter.

— ¿Quién te crees que eres? Ayer fue solo un buen momento, un poco de sexo creativo, no detuviste el barco, cariño.

El rubio norteamericano se inclinó un poco para hablarle, un susurro áspero que se arrastró por su piel hasta su sexo.

—Tu gozo no se fue hasta el cielo, sino cuando yo intervine.

—El capitán hizo mucho…

—Niégalo —se miraron a los ojos, dura y firmemente. Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Ninguno lo hizo.

—Supongamos que te digo que sí. No puedo negar que fue una muy buena maratón sexual y que hiciste un buen aporte… Te lo concedo —Él asintió y giró, apoyándose en la barra para enfrentarla, jugueteando con el látigo en su mano.

—Me llamo Galen. Domador de tigresas.

—Me llamo Cat. Y puedo ser tantas cosas… Galen…

—¿Domada?

—¡Ups! Eso todavía no. Soy “Indomable” —le dijo, entrecomillando al aire con los dedos, justo frente a su nariz.

—Aún no, nena…

—Sigue soñando, nene… —Se movió apenas para tomar su bebida y le sonrió mientras batía las pestañas—. Me voy con mis amigos. Te veo después, domador.

—Hasta luego, gatita.