Capítulo 25
Había mucha producción, disfraces muy elaborados y divertidos, y otros muy sexis.
Justo en ese momento vio al grupo de amigos de Edimburgo, que pareció abrirse para que él pudiera ver en toda su gloria a Lean.
Solo conocía su nombre, y sus cicatrices.
Tenía que pedirle perdón por su reacción en la piscina y por haberla ofendido.
Se dio cuenta de que la estaba mirando con la boca abierta y probablemente estaba babeando. Se acercó hasta la entrada y escuchó a la recepcionista decir que era exclusivamente con disfraz.
—Disculpa —le dijo a la anfitriona—. Una amiga me dijo que en una de las tiendas del crucero hay disfraces disponibles para alquilar.
—Sí, en The Quest Shop. Entre a este pasillo cubierto, pasando los ascensores y más allá de la tienda de fotos y The Den, está el negocio.
—Muchísimas gracias.
Salió atravesando la multitud como un sueño surreal. Siguió las indicaciones de la empleada, casi corriendo, y llegó justo cuando la encargada estaba cerrando.
—¡Hola! Perdón… —dijo, agitado—. Me dijeron que ustedes rentaban disfraces.
La encargada no demostró ningún malestar que él llegara exactamente en el momento que ella estaba cerrando, casi como una cachetada del destino por su malhumor cuando eso le sucedía.
—Los disfraces grandes ya se rentaron todos… quedaron algunos pequeños —se lamentó, mirándolo de cuerpo entero. Aun en la duda, se tomó el trabajo de volver a abrir el local, encender las luces y revisar para él.
—¿Algo?
—Creo que no, podríamos probar con algo así —le mostró un disfraz que no le entraba en una pierna.
—Está bien. No hay problema. Gracias por tu disposición.
—Lamento no haber podido ser de utilidad.
—Igualmente, gracias.
Salió del local y se quedó con las manos en la cintura, mirando la nada, mientras las luces se iban apagando. Pateó una piedra imaginaria y maldijo por lo bajo. Estaba yendo hacia los elevadores cuando una voz masculina llamó su atención.
—Señor… —Dan se dio vuelta y se encontró con uno de los tripulantes.
—Sí.
—¿Está bien? ¿Puedo ayudarle?
—Solo si sabe algo de costura… —El muchacho hizo una mueca como que fuera imposible y se rio—. Necesito un disfraz.
—Entonces no necesitaré habilidades con la aguja, sino saber buscar en el lugar correcto. Si me acompaña…
—¿En serio? No sé cómo agradecértelo…
—Kier Byrne, jefe de seguridad del Acmar Quest —se presentó y extendió su mano mientras esperaban el ascensor.
—Dan Reynaud, pasajero primerizo del Acmar Quest que no sabía que había una noche de disfraces.
—Afortunadamente, podemos tener una solución.
Bajaron hasta la última cubierta y recorrieron pasillos donde el movimiento era rápido y silencioso. Llegaron hasta un depósito que Kier abrió con una de sus llaves electrónicas. El lugar estaba oscuro y lleno de cajas, así que por las dudas, Dan no entró hasta que Kier encendió las luces.
—Aquí se guardan los vestuarios de los números que se presentan en el barco —Dan lo ayudó a mover unos bastidores para que no llenara de polvo su inmaculado uniforme blanco. El primer disfraz que sacó, fue de payaso.
—Alguna vez me dijeron que era un payaso.
—No es lo que tenía en mente —dijo Kier, accediendo a un perchero móvil con prendas que parecían del siglo I o II DC. Los dos sonrieron. Fue sacando de a una, midiéndoselas sobre el cuerpo hasta que encontró una que le pareció acorde.
—¿Te molesta si me cambio aquí?
—Claro… pero que no nos vean salir juntos. Tengo una reputación que cuidar.
El jefe de seguridad le dio espacio y privacidad, esperando en la puerta mientras Dan se desvestía y se colocaba todas las partes del disfraz, un uniforme de gladiador completo, que incluía armadura pectoral, sandalias, casco, escudo y espada.
Salió vestido, con el casco colocado y la ropa en la mano.
Kier lo miró con una sonrisa gratamente sorprendida.
—Te ves genial… yo sabía que esto era lo que necesitabas.
—Me siento Russell Crowe… —dijo, empuñando la espada y acercándose peligrosamente al jefe de seguridad—: “Me llamo Máximo Décimo Meridio”.
—Tan recio como el original… felicitaciones.
—¿Verdad que sí? —dijo Dan, haciendo un malabar con la espada, que salió despedida de su mano y terminó casi en la otra punta del pasillo.
—Bueno… debemos trabajar en la manipulación de las armas. Por suerte no tiene filo.
—¿Dónde podré dejar mi ropa?
—Déjamela a mí. Mañana la enviaré a tu camarote.
—Estoy en el 8071.
—¿Eres parte de la comitiva del actor Gabriel Grecco?
—No, solo soy un desafortunado espectador.
Kier asintió y tomó la ropa que Dan había doblado. Lo acompaño de regreso a la cubierta 9. El jefe de seguridad había ganado un amigo esa noche.