Capítulo 16
—¡Qué día, amigos! ¡Córcega es un lugar bellísimo, sin duda es un lugar para enamorarse más! —Lean se colgó de los hombros de Cat y Andrew y al mismo tiempo, abrazándolos, mientras subían de nuevo al crucero.
—¿Enamorarte más? ¿Es eso posible? —dijo Cat, acariciándole el rostro con cariño— Estás viendo todo a través de tus ojitos enamorados.
—¡Qué lugar soñado! Deberíamos venir con más tiempo la próxima vez. Hasta Jannie lo disfrutó. Incluso guardó su teléfono móvil y prestó atención.
Lean miró hacia atrás y le hizo una mueca a su amiga, que se la devolvió. Pero era cierto. Jannie había estado con los pies en la tierra, atenta a los guías y a las bromas entre todos. Todo un logro. Ahora miraba alrededor como si buscara algo. O a alguien. ¿El chico de la piscina, tal vez?
—¡Escuchen! —dijo Eira, incorporándose rápido— Deberíamos ir a la cubierta a ver el atardecer como ayer, y ver como zarpa el barco.
—Sí, pero primero necesito pasar por la recepción para reservar un turno en el spa. Quiero estar resplandeciente para esta noche.
—¿Para el capitán? —Cat hizo un gesto misterioso y Andrew se rio a carcajadas.
—El capitán ya está en el rubro “obtenidos”. Vamos por una nueva conquista. ¿Elegiste disfraz?
—Bueno, estoy entre dos de los cuatro que traje, pero me parece que me voy a inclinar por el de látex negro.
—¿Dominatrix?
—No, Andrew… no necesito un vestido de esos para serlo.
—A mí me gustaba el disfraz de Harley Quinn. Te veía rompiendo mesas y vidrios con ese bate de béisbol.
—Sí. Sexy. Pero resalta con el maquillaje corrido y me siento en otro mood…
—No me animo a preguntar…
—Y eso es mucho que decir…
Pasaron por la recepción, donde Cat pudo reservar su turno en el Spa, y después se acogieron a la sugerencia de Eira para presenciar el atardecer.
—Y entonces… cuando el chofer dijo que podíamos parar en Clos de Bernardi para la degustación, me dije… —Andrew perdió el tren de narración de su aventura, mirando más allá. Las cuatro se dieron vuelta para mirar el objeto de su distracción.
—Es Candem —dijo Lean.
—¿Quién?
—¿Lo conoces?
—Dime que no es gay… por favor.
—Ok… —le dijo Andrew a Jannie, respondiendo a su inquietud. Le dio un beso en la frente y sin mirar nada más, levantó una mano y lo saludó— Veré que puedo averiguar para ti.
El hombre caminó rápido pero sin demostrar para nada ansiedad, lo cual lo hacía un gran actor, y se encontró con el muchacho. Entablaron una breve conversación y desaparecieron por el sector opuesto. Tres de las cuatro sorprendidas miradas recayeron en Lean, que se vio obligada a responder.
—Lo conocimos en el desayuno. Parece que a Andrew le gusta…
—¿Le gusta? No sabría decirte quién es la presa y quién el cazador, pero sea quien sea, el método está funcionando perfectamente bien —dijo Cat, mirando por sobre su hombro— Y esa es la razón por la que la mayoría de las mujeres hermosas e inteligentes de este mundo nos estamos quedando solteras.
La mayoría de los tipos más lindos y abiertos, sexualmente hablando, terminan siendo gays.
—No seas exagerada, Cat —replicó Lean— Si alguien no se puede quejar, esa eres tú.
—Porque juego su juego: rápido, caliente y sin compromisos. Como caída del cielo.
—No todos son así…
—Por eso dije —recalcó, entrecomillando al aire— “la mayoría”.
—No pierdas las esperanzas. Quizá tiene un hermano —La consoló Eira.
Todas se rieron y retomaron su camino hacia el crepúsculo.