ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

Las piscinas para adultos estaban en la cubierta nueve.

Preguntó específicamente porque no quería problemas con madres desquiciadas por situaciones de adultos; y no es que ella pensara dar ningún tipo de espectáculo, no señor, ella consideraba que había un espacio y un tiempo para todo, y un lugar donde los niños pudieran disfrutar, y los adultos también.

Y estaba claro, con lo de anoche, que esa era una premisa a bordo del Acmar Quest.

Encabezó el grupo, seguida de cerca por Lean.

Un poco más atrás Andrew con su amigo Max, que después tomó su rumbo hacia el lado opuesto al que ellos buscaron: cerca de la barra de tragos, con acceso a la sombra a pedido de Jannie, que no podía soltar la computadora, como si en eso le fuera la vida, una esquina estratégica de paso hacia la escalera que llevaba a la cubierta superior.

El ambiente era distendido y agradable. El barco había atracado en Bastia, el puerto principal de la Isla de Córcega, propiedad de Francia; en esa isla había nacido Napoleón.

Mucha gente había bajado después del desayuno para tomar excursiones e ir de compras.

Quizá bajarían después de almorzar, pero era una pena desperdiciar un primer día tan hermoso lejos del sol y el agua.

Tenían poco más de dos horas de benéfico Febo para acicalar su bronceado mediterráneo.

La música Chill Out invitaba al relax en la piscina y dos jacuzzis; no eran tan grandes como los que conocía de otros cruceros pero servían para su propósito.

Después de inspeccionar las instalaciones, como si fuera dueña del lugar, se desprendió de su vestido de verano en gasa Dolce, develando el mentado y brevísimo bikini de la última colección de La Perla.

—Este lugar es divino. Con un par de arreglos florales en lugar de globos, sería glorioso, ¿verdad, Andrew? —comentó Lean.

—Completamente de acuerdo. Después hablaré con el capitán amigo de Cat para hacerle unas recomendaciones en privado.

No te molesta, ¿verdad, cariño? —le preguntó juguetón mientras ella se acomodaba en uno de los camastros, calculando el mejor ángulo para recibir la caricia del sol. Levantó sus Ray Ban Aviator y sonrió.

—Por supuesto, “cariño”, por mí puedes recomendarle lo que quieras. Yo ya le di mis propios consejos.

—¡Cat! —gritó Eira— ¿De ahí viniste tan tarde anoche?

—Chicas, por favor… —No dijo nada más, con un gesto cerró sus labios y arrojó lejos la llave. Lean se sumó a las risas.

—Eres terrible…

—Lean, mi querida, te juro que me encantaría enamorarme y encontrar mi media naranja, regalarnos flores y bombones, pero me parece que salí defectuosa. No me sale eso… lo del amor…

—Bueno, tampoco es que a nosotras nos vaya saliendo todo derechito: estamos solteras… —dijo Jannie, y quiso retractarse al mirar a Eira, pero esta se adelantó.

—Solterísimas. Y por favor, no permitan que recuerde el pasado…

—Bajo ningún concepto… sobre todo cuando tu presente está parado en la escalera… mirándote.

Ninguna miró hacia el lugar que Andrew mencionó.

Simplemente terminaron de prepararse para recostarse al sol.

Cat atrajo a Eira, mientras Lean ocupaba uno de los camastros, dejando uno vacío antes del que Jannie había movido para guarecerse a la sombra.

El hombre del grupo se ofreció para buscar las bebidas.

—¿Qué les traigo, chicas?

—Licuado de durazno —pidió Lean

—Yo una limonada…

—Yo voy con Eira —dijo Jannie.

—Yo voy a abusar de tu servilismo…

—Abusa… todo lo que quieras… —dijo él, plantándose con una rodilla a los pies de Cat.

—Un jugo de naranja y un plato de frutas. Muero de hambre.

—¿Bananas?

—Enteras…

—¡Esa es mi chica! —le plantó un beso en los labios y se fue hasta la barra, arrojando su camisa en el camastro reservado para él.

Acomodaron sus cosas y se tendieron al sol perezosamente. La temperatura era ideal, quizás unos 32 grados. Cuando Andrew volvió con sus pedidos, Cat agradeció fuerte y claro.

—¡Por Dios! ¡Estoy famélica!

—¿Gastaste mucha energía anoche? —Eira moría de la intriga pero ella mantenía su código de silencio.

El capitán había sido muy claro. Tal vez, si las cosas prosperaban entre Eira y el jefe de seguridad, lograba invitarla, aunque no veía a su amiga en esos horizontes.

Si bien era un poco más jugada que Lean, también tenía ese tinte rosa que arruinaba la diversión.

—¡Ay, chicas! Quemé como mil calorías.

—Bueno… —dijo Andrew haciendo sonar las palmas— ¡Bañadores afuera! Llegó el momento del bronceador.

—¡No podemos desnudarnos! —dijo Cat muy fuerte. La mitad de los presentes en la cubierta ya estaba con todas las antenas apuntando al grupo de cinco—. Hubiéramos elegido un crucero nudista para eso, que los hay.

—Será para el próximo viaje, cuando Gabriel nos invite a todas para estar con su amada Lean.

—Podrían casarse en un barco, como para conmemorar el nacimiento del amor en alta mar.

—Eira, ¿no estás yendo un poco muy rápido?

—Soñar no cuesta nada… y a ti los sueños se te hacen realidad.

Disimuladamente, Cat chequeó a sus espaldas y ahora, además del jefe de seguridad, se había sumado el capitán; conversaba animadamente con dos pasajeros mayores pero no les sacaba los ojos de encima.

Ella decidió inyectarle un poco de acción al asunto: Sacó de su bolso el envase de “Vita Liberata” acelerador de bronceado, que había comprado en Roma.

Se inclinó sobre Eira, que se preparaba para recostarse y tomar sol, y le susurró:

—Sígueme la corriente… —Vio el desconcierto en su amiga y le mostró el envase de bronceador— Eira, ¿te doy una mano?

Cat hizo girar a Eira para que se acostara boca abajo en el camastro de madera y ella también se percató de la presencia de Kier; con ese público, la morena también se puso juguetona.

—Sí, Cat… es tan complicado llegar hasta la espalda…

—Con toda intención, giró sobre el camastro exhibiendo su trasero, mientras la rubia vertía una cantidad generosa del líquido traslúcido y empezando por los hombros y bajando sinuosamente por toda la espalda hasta el borde del bikini.

Deslizó un poco el elástico, mostrando un poco más de piel prohibida.

Profundizó el masaje— Tienes buenas manos para masajes…

Cat levantó sus anteojos y los enganchó sobre la frente, apartando su cabello y liberando sus ojos para clavarlos en el par que ahora no perdía detalle de ellas dos. Sonrió de costado e inclinó la cabeza.

—Me lo han dicho…

Acomodó la parte inferior del bikini de Eira y vertió directamente un chorro de bronceador sobre su trasero, haciendo que este resbalara.

—¡Ay! ¡Está frío! —gritó la morena entre risas, sacudiendo su melena y ahora mirando también a su objeto de seducción.

—Necesitas un poco más de bronceador aquí —dijo, acariciando subrepticiamente sus nalgas— y aquí…

Andrew se acercó al borde del camastro y se sentó entre las dos.

—Chicas… esto está en llamas. Yo soy gay y me estoy calentando… No miren ahora pero los tienen a todos hipnotizados. Pasajeros… tripulación…

—Esa era la idea...

—Necesito refrescarme antes de entrar en combustión.