ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 1
67%

Capítulo 1

Aprovechó para bañarse y cambiarse; hizo un cálculo mental de la diferencia horaria con Banff y New York, y le envió un mensaje a Anwa y a su madre. Ninguna de las dos contestó de inmediato, para su desilusión personal.

Paolo tocó la puerta de su habitación y juntos fueron a la suite que estaba justo al lado. “Dueño del mundo” decía en el contramarco y se rio por lo bajo porque le caía a la perfección el mote. Una empleada abrió la puerta.

Otro camarero estaba armando la mesa para tres en la pequeña terraza de la habitación, mientras Gabriel se paseaba con su bata blanca. Paolo fue a saludar a su representado, en tanto Dan se iba a investigar las charolas plateadas que estaban sobre carritos con ruedas.

—Buenos días —saludó al camarero— ¿Puedo…

—Buenos días, señor. Por supuesto. El servicio es completo, idéntico al del buffet principal, pero si tiene algún requerimiento especial…

—Esto parece más que suficiente.

—¿Prefiere té, café o alguna otra infusión? También tiene una selección de jugos naturales.

—Yo me sirvo, muchas gracias.

—Buenos días, Dan —le dijo Gabriel, extendiendo la mano para saludarlo— ¿Descansaste?

—Bastante bien, muchas gracias.

Dan miró a Paolo, dudaba que le hubiera contado que se derrumbó en su cama, agotado hasta los huesos. Como estaba haciendo culto a los consejos de Anwa, de no meterse en las decisiones, problemas y vidas de los demás, decidió que Paolo era lo suficientemente adulto para hacer sus elecciones.

—Toma asiento… —dijo, invitándolo con la mano a una de las sillas. Se sentó con la taza de café negro en la mano y disfrutó de la vista, que era como la de su habitación, pero mucho más grande. Todo era lujo y abundancia en ese barco, y esa suite era como el muestrario de ese despliegue.

—Bueno… —dijo Paolo— Hoy atracaremos en la isla de Córcega. Habrá posibilidad de bajar. Si quieres podemos hacer alguna excursión.

—No tengo intenciones de bajar del barco —dijo Gabriel— Quisiera poder descansar. Ve si es posible reservar algún momento en el Spa, con suficiente privacidad.

—¿Alguna preferencia? —le preguntó Paolo, tomando nota.

—Déjalo abierto, elegiré en el momento.

—¿Qué tal fueron las cosas anoche con Lean?

—Bien —dijo, secamente. Dan trató de ignorar la conversación pero no podía— Oye Dan, ¿Y tú qué hiciste anoche? ¿Por qué no viniste con nosotros?

—Estaba cansado, todavía estoy padeciendo la resaca del jetlag. Además, no tenía ropa de gala.

—Esa no es excusa, tienes mi guardarropa abierto a disposición, tenemos una contextura física parecida, aunque eres más joven… pero, creo que puedes usar…

Gabriel no debía saber que Paolo ya se había servido de esa propuesta, pero el ofrecimiento sirvió para justificar usar sus prendas.

—Eres muy generoso, muchas gracias.

Comieron un poco en silencio, con algún comentario salteado al que no le prestó atención, cuando cayeron en el tema de la entrevista.

—Janette considera que el día de mañana, sería perfecto para la entrevista. Hay algunos lugares muy fotogénicos para la propuesta. Me gustaría que te reunieras un rato con ella para ponerse de acuerdo.

—¿No lo hiciste ya?

—Las generalidades… si… pero…

—Por mí está bien. ¿Acordaron con el fotógrafo?

—Janette no consiguió fotógrafo de su equipo, pero creo que podemos contratar alguno de los profesionales del barco.

—Lo que sea… pero recuerda que la producción visual es fundamental.

—No me lo tienes que decir a mí. ¿Qué tal anoche todo con Lean?

—Más que bien… caminamos a la luz de las estrellas, bebimos al arrullo de las olas… todo digno de una película romántica.

—¿Y Janette qué te dijo? ¿Se percató de ella?

—Por supuesto…

—¿Y?

—Dijo algo en la línea que podría entrevistarla a ella también. No recuerdo…

—Perfecto.

—¿Quién es Lean? —dijo Dan, finalmente.

—Pues… —Le extrañó que a Paolo le fallara la palabra, él que siempre sabía qué decir— Lean es una fanática de Gabriel que vino desde Edimburgo, con un grupo de amigos, y estuvo presente en el evento de anteanoche. Y anoche estuvo sentada con nosotros en la mesa del capitán, justo junto a…

—Lean es la razón por la que subimos a este crucero —dijo Gabriel, con resolución, levantándose de la mesa y regresando al interior de la suite.

—¿Qué? —preguntó, sorprendido que una fanática de Edimburgo fuera quien resolvió el destino de Gabriel y el cambio en sus vacaciones.

—Pues… resulta que…

Paolo hizo un relato breve pero contundente del porqué estaban ahí y Dan no podía cerrar la boca. Estaban en ese crucero para capitalizar lo que se había producido en las fanáticas cuando intuyeron, o se inventaron, una relación entre la chica escocesa y el actor italiano. Estaba estupefacto.

—Dime que es una broma…

—Momentos desesperantes requieren de soluciones desesperadas.

—Eso no es una solución desesperada, es una estafa.

Gabriel volvió a salir al balcón, vestido, y se sentó de nuevo en la mesa.

—Yo ya se lo dije, pero tu padre es un hueso duro de roer.

—No puedo creer de lo que son capaces las groupies…

—Lean no es una groupie.

—Está dispuesta a subirse a esa pantomima para estar cerca de ti. Discúlpame, pero…

—Lean no sabe lo que estamos haciendo —dijo Gabriel, con un tono que podría haber sido avergonzado y quedaba completamente fuera de sintonía con su estampa.

—¿Y qué están haciendo? —La mirada de Dan fue de Paolo a Gabriel, pero ninguno de los dos contestó. Finalmente, Paolo tomó la posta.

—No estamos haciendo nada. Dejamos que la situación fluya. Ella está feliz pudiendo compartir tiempo con su ídolo…

—¿Y en qué te beneficia a ti?

—No hace mucho Janette Cassini, la periodista que te presenté, publicó una investigación sobre la sexualidad de Gabriel.

—¿Y? Es sobre lo que va toda su carrera.

—Su carrera va sobre su heterosexualidad y la publicación hablaba sobre… su… homosexualidad.

Dan abrió mucho los ojos y soltó una carcajada.

—¡Por Dios! Estamos en el siglo XXI. ¿Realmente esto genera siquiera una noticia?

—En Italia, un país tan tradicional y machista, con fuertes convicciones religiosas…

—Créeme, Dan —completó Gabriel, como lamentándose— no ha sido fácil enfrentar esos rumores.

—Como sea… —dijo Paolo, queriendo sacarle solemnidad al asunto— Lean está feliz compartiendo tiempo con su ídolo, a Gabriel le sirve mostrarse con una muchacha hermosa en plan romántico…

—Pero ¿por qué no contrataron a alguien para eso? Estoy seguro de que tienes una base de datos llena de actrices para interpretar ese papel.

—Lo pensé —contestó Paolo— Pero los riesgos son altísimos. Imagina el escándalo y la exposición que recibiría cualquier novata, saliendo a contar ese tipo de miserias.

—Entonces coincides conmigo que esto es, cuanto menos, miserable.

—No hay ningún riesgo. Cero —Lo desestimó y regresó a la conversación con Gabriel—. Volviendo al tema, ¿quedaste en algo con Lean para hoy?

—¿Después de acompañarla a su camarote y besarla? —dijo con pose de ganador.

—¿La besaste? —explotó Dan. Los dos lo miraron, sorprendidos. Estaba indignado.

Su teléfono sonó y llegó en el momento justo para sacarlo de ahí. Miró el origen del llamado y se levantó, negando con la cabeza.

—Permiso, es mi madre. Voy a tener que atender.

—Dale mis saludos —Dan asintió, levantando una mano mientras tomaba el llamado con la otra, entrando rápidamente a la suite y luego saliendo al pasillo. Contuvo las ganas de cerrar con un portazo para remarcar su descontento.

—Hola, mamá —dijo, con el teléfono en el oído.

—Dan, hijo, ¿cómo estás? Disculpa que no te escribí antes pero hay tanto para ver y hacer en esta ciudad, Colb me tiene de aquí para allá.

—Te encanta, verdad.

—No te voy a mentir. Es un sueño hecho realidad. Pero cuéntame tú.

—Te envié las fotos.

—Sí. ¿Un crucero? Paolo siempre tiene un as en la manga para sorprenderte.

—Un hombre de recursos —dijo, entre dientes— Cuéntame que hiciste en New York…

Su madre relató todos los lugares que visitó hasta el momento, todas las noches veían producciones de Broadway, el sistema de cansarla hasta la extenuación, la mantenía entretenida de día y agotada de noche, para que no pensara en la fecha que estaba por venir. Colbert era un genio.

También había funcionado para él, en esos dos días no había pensado ni una sola vez en el aniversario por venir.