Capítulo 18
Caminaban por un largo pasillo a un destino incierto.
Quizás era porque él era el jefe de seguridad del barco o porque estaba en modo “atreverse” pero no sentía miedo.
El contacto de Kier era caliente, por no decir ardiente, su mano en la parte baja de su cintura tanto la guiaba como la perdía. Tomando aire, se animó a preguntar.
—¿Cómo es ser el responsable de la seguridad de un lugar así?
—Si yo le preguntara, señorita Walker, “¿Cómo es ser la administrativa contable de una empresa?” Usted, ¿qué me respondería? —Eira se detuvo en seco ante la repregunta y lo miró, sorprendida.
—¿Cómo…? —Kier sonrió ante su reacción.
—Ser responsable es conocer la información básica de cada uno de los pasajeros y profundizar en aquellos que puedan resultar…
—Ante la pausa, Eira enarcó una ceja y Kier le taladró el alma con la mirada— “interesantes”.
Ser muy responsable es saber quiénes son, qué hacen…
Hacer bien mi trabajo resuelve muchos problemas antes de que se conviertan en eso.
Mucha gente descansa en mí. Las 1196 personas a bordo, de los cuales 390 corresponden a tripulación y 806 son pasajeros, confían en que pondré todo de mí para que su travesía sea segura.
—¡Wow! Eso es… asombroso… —susurró Eira, un poco inquieta.
—¿Podemos continuar?
Kier presionó de nuevo la mano en su espalda, instándole a seguir.
—Pero… no entiendo algo. Está bien conocer las características demográficas de los pasajeros.
Su origen y si tuvieron antecedentes penales.
Si están o fueron acusados de terrorismo pero…
Saber de cada uno, qué hacen… en ese nivel…
¿No es demasiado? ¿Con qué propósito? —le preguntó cuando llegaron hasta una puerta sin cerradura.
Kier sacó una tarjeta, la deslizó por un lector electrónico que iluminó un cuadrante del lado derecho.
Apoyó su dedo índice y se escuchó cómo la puerta se destrabó.
—Señorita Walker… —dijo, antes de ingresar por la puerta— No está poniendo atención. Ese nivel de detalle solo lo obtengo de los pasajeros que llaman mi atención y usted, definitivamente, es alguien a quien quiero conocer.
Le hizo un guiño cómplice y extendió la mano para que entrara a un recinto oscuro y desconocido.
Kier tenía razón, no estaba poniendo atención.
Estaba desorientada, mareada, absorta por un absoluto desconocido que ya sabía mucho de su vida, quién sabe cuánto, mientras él seguía siendo un misterio.
El misterio más sexy que se había cruzado en su camino de vida.
¿Y ella llamó su atención? ¿Por qué? ¿Por perder su maleta?
¿Por pedirle ayuda? ¿Cuánto tiempo tuvo para investigar sobre ella? Horas. Y otra vez, ¿por qué?
Contra todo su buen juicio, dejó de lado los prejuicios y entró a la habitación.
Cuando ingresaron al lugar se encontró con una pared llena de televisores, que mostraban en forma aleatoria imágenes de lo que sucedía en el barco.
Distintos uniformados observaban atentos a la gente en la discoteca, en los distintos bares, restaurantes, pasillos, cubiertas, todos estaban ahí y ellos podían verlo todo.
Él podía verlo todo. Del otro lado se veían monitores con números e indicadores en barras y colores.
Todo estaba siendo observado. Todo estaba siendo monitoreado.
Kier tomó su mano y la guio frente a una gran pantalla, la más grande de todas. Continuó con su lección práctica de Gran Hermano.
—Las cámaras dispuestas por todo el barco, contabilizan la cantidad de gente que hay en cada una de las cubiertas y cuántas se encuentran en sus camarotes.
Esto nos permite distribuir y mover al personal de seguridad por las distintas cubiertas y salones dependiendo la cantidad de personas que hay en cada uno de ellos —Eira estaba asombrada, segura de que si observaba con detenimiento las pantallas encontraría a sus amigos en ellas.
Eso la hizo sentir incómoda, constantemente observada por un grupo de desconocidos.
—No sé cómo sentirme respecto de todo esto. Quiero decir… saber que esté donde esté en el barco, estoy siendo observada, no es algo muy grato. Estamos de vacaciones y deberíamos poder disfrutar de todo libremente sin que nadie mire lo que hacemos o dejamos de hacer.
—No entiendo su punto, señorita. Las calles de la mayoría de las ciudades están siendo monitoreadas todo el tiempo.
Edimburgo es monitoreada y observada por policías las 24 horas, y por ello usted se siente segura también.
¿Por qué entonces en este barco, en las mismas circunstancias, usted se encuentra molesta con eso?
¿Acaso piensa portarse mal en este barco?
Su interés profesional transmutó en algo puramente seductor. Su modo estaba en completo modo depredador.
—No… Bueno… No sé… —respondió confundida—. Estoy de vacaciones. Podría portarme mal si quiero…
—¿Le gusta portarse mal? Me gustaría ver eso… —Eira enrojeció hasta la raíz del pelo recordando sus pedidos a Josh para “portarse mal”—Temo preguntar qué está pensando que la hizo sonrojarse.
—Sí… Bueno… Tendrá que quedarse con las ganas de saber...
—dijo, correspondiendo su sonrisa con la mejor pose sexy que encontró en su arsenal.
Podía jugar el juego del jefe de seguridad.
Era solo un juego y estaba dispuesta a intentarlo.
¿Qué podía perder? Solo iba a estar ahí una semana, una semana para ser libre y disfrutar.
—Dese la vuelta —Le ordenó de pronto. Eira lo hizo lentamente y giró su cabeza para poder observarlo por encima del hombro. Él se pegó a su espalda.
—¿Ve esta pantalla? En ella monitoreamos todo lo que sucede en el agua.
—¿Para evitar chocar con un iceberg como el Titanic? —preguntó, divertida.
—Podría decirse… —le respondió con una sonrisa.
—¿Por qué no me tutea? —inquirió ella, de pronto un poco cansada que la tratara de usted.
—Señorita Walker, le aseguro que no va a faltar oportunidad donde le vaya a hablar como usted desea.
Mientras yo me encuentre de servicio y usted sea solo una pasajera, así es como me dirigiré a usted.
¿Ve esa última pantalla? —El abrupto cambio de tema la dejó sin réplica— El barco cuenta con cámaras infrarrojas con sensores de temperatura.
Si una persona tuviera por más de dos horas una temperatura corporal mayor a 37.
5 °C los monitores lanzan inmediatamente un alerta.
Esta es una travesía corta, pero en viajes más largos es importante monitorear la salud de los pasajeros.
No queremos que el servicio médico desborde por no haber anticipado una posible epidemia.
—No comprendo… ¿Dos horas? ¿Por qué esperar?
—Señorita Walker… La gente está aquí para divertirse.
Si yo hiciera esto… —dijo, retirando el largo cabello de Eira de su espalda al hombro, dejando su cuello al descubierto.
Acercó su boca para susurrarle al oído—…
y esto… —pasando luego, lenta y sensualmente, un dedo, rozándola apenas, desde la parte posterior de la oreja y deslizándose por la línea del cuello hasta el hombro— ¿Lo siente?
Su respiración cambió, sus pulsaciones se incrementaron y le puedo asegurar que su temperatura corporal se incrementó. ¿Responde eso a su pregunta?
Eira estaba petrificada. Avergonzada por la reacción de su cuerpo al toque de ese hombre. Indefensa en sus brazos y sin saber qué hacer, mucho menos qué decir.
—Disculpe, Señor Byrne.
Eira y Kier se apartaron bruscamente cuando fueron interrumpidos por una voz masculina desde atrás.
—¿Qué sucede? —respondió él en forma enérgica.
—Tenemos una situación con un pasajero y necesitamos su intervención.
—¿Dónde?
—Cubierta Cinco, señor. Sector Casino.
Eira se sintió momentáneamente decepcionada pero sabía que él debía cumplir con sus funciones. Se sintió un poco mejor cuando vio en sus ojos un espejo de su frustración. Tomó su mano y la presionó suavemente.
—Señorita Walker, lamento tener que suspender nuestra visita a las instalaciones de mando pero el deber me requiere. Espero que podamos completarla en otro momento —Besó delicadamente sus nudillos sin apartar sus ojos de ella—. Señor Lowell, acompañe a la señorita a su camarote, por favor.
—Por supuesto, Señor —Con un gesto caballeroso, Lowell le indicó a Eira por donde salir y avanzar de regreso a su habitación.