Capítulo 16
—Entonces… Gabriel… —dijo Andrew, desde su extremo de la mesa, para captar la atención del actor y Lean— ¿Para qué medio es la entrevista exclusiva que lo subió a este maravilloso crucero?
Gabriel miró hacia el espacio que ocupaba su representante, instalado en una conversación con otra comensal. Se las tuvo que arreglar solo.
—La periodista a cargo trabaja para varios medios, así que seguramente habrá una interesante disputa.
—Claro… —dijo Andrew, torciendo la boca—. Y dime, ¿tienen fotógrafo?
—Imagino que sí, no me ocupo de esas cosas. Paolo está más al tanto de los detalles. ¿Por qué no le preguntas a él?
—Ya hablé con él… —Vio a Lean fulminarlo con la mirada—. ¿Sabías que Lean es fotógrafa?
El amigo de Lean soltó la frase con una sonrisa radiante que ocultaba pura malicia. Se inclinó hacia adelante, mostrando un interés genuino que tomó a Lean por sorpresa.
—¿Fotógrafa? ¿De verdad?
Gabriel aprovechó que el foco de atención estaba nuevamente en ella para darle casi la espalda a Andrew y circunscribirla a su espacio personal, conteniendo miradas y conversaciones con el ancho de su espalda.
—¿Te dedicas a ello?
Ella acomodó su copa sobre la mesa, buscando un segundo para acomodar la voz antes de responder. No quería sonar presuntuosa, pero tampoco pequeña.
-No de manera formal. Estudié fotografía en la Escuela de Arte de la Universidad, pero solo lo hago por hobby, no lo hago profesionalmente.
—¿Y qué haces en realidad? ¿Cómo te ganas la vida? — Lean buscó una copa para servirse agua y él se anticipó para ayudarla
—¡Gracias! —Le respondió con un gesto de la cabeza, porque no quería interrumpirla. Ella continuó: —Tengo una florería en Edimburgo, la heredamos de nuestras familias y juntos la hemos profesionalizado, hoy es una de las mejores.
—¿Heredaron?
—¡Ah, sí! Disculpa. Andrew y yo nos hemos criado como hermanos. Nuestros padres han sido muy amigos desde siempre y fueron ellos quienes fundaron Narcissus. Quisieron que siguiéramos su legado en vida y que la lleváramos a un escalón más. Hoy se ha convertido en un lugar exitoso y maravilloso.
—Suenas feliz hablando de ese lugar, algún día, tal vez si me invitas, podré conocerla.
Lean se iluminó y le sostuvo la mirada como un arte, pero la magia de la privacidad dura poco en una mesa tan atendida y concurrida. Un tripulante los interrumpió para ofrecerles más champagne.
—Señor, ¿le apetece champagne?
—¡Sí, claro! ¡Muchas gracias! Lean, ¿te gustaría una copa para acompañarme? —dijo, anticipándose al camarero.
—¡Sí, por favor! —Le hizo un gesto al camarero para que sirviese y aprovechó a mirarla mientras ella hacía lo propio donde estaban sus amigas.
Continuó su conversación
—Nunca he viajado a Edimburgo.
—Yo tampoco había viajado antes a Italia
—Entonces no estamos parejos. Quizá cuando bajemos de este barco pueda organizar un corto viaje por allá.
¿Cómo se dice? Una escala. ¿Te gustaría ser mi guía?
—De todos los matices que Lean había mostrado durante la cena, fue esa chispa de asombro genuino la que más lo cautivó.
Le encantaba la forma en que su expresión se iluminaba, perdiendo por un segundo esa compostura escocesa para dar paso a una vulnerabilidad radiante.
Era una transparencia que no esperaba encontrar en una mesa llena de protocolos.
—Creo que sí… Creo que puedo organizar algo si vienes…
—¿Te gustaría más champagne? —Aprovechó para colocar la mano en su espalda.
Sintió su asentimiento, y cómo respiró profundo, contuvo el aire en sus pulmones y cómo lo dejó salir, lentamente.
Sintió cada movimiento de ella en la palma de su mano y la vio empinarse el resto de la copa de champagne para recibir más.
En ese momento sintió una presencia a su costado; levantó la vista y se encontró con Janette. Echó a mano su mejor entrenamiento actoral y sonrió.
—¡Janette! No te había visto.
—Estoy en otra mesa, la clase trabajadora no está invitada a la mesa del capitán… salvo que seas tan hermosa como tu acompañante —Gabriel contuvo la respiración y escaneó dos veces la frase en su mente, buscando sarcasmo.
—Permíteme presentarte, ella es Lean de Edimburgo.
Lean, ella es Janette Cassini, una de las periodistas de espectáculos más reconocidas en Italia —Las dos mujeres entrelazaron sus miradas primero, y luego extendieron la mano para saludarse.
Gabriel completó la presentación— Ella está a cargo de la entrevista que te comenté.
—Entonces es verdad… —escuchó que Lean susurró.
—¿Verdad?
—Perdón… no dije nada. Mucho gusto, Janette.
—¿Estuviste anoche en el evento de Piper?
—Sí.
—Vaya revuelo armaste, cara mía. Ahora que te conozco y estás aquí también —Le envió una mirada de costado a Gabriel, con poco disimulo— quisiera saber todo sobre ti.
—No sabría qué decirte, la verdad es que no hice nada más que estar en un evento de mi actor favorito y tener la enorme bendición de conocerlo.
—¿De Edimburgo a Roma? Es un largo viaje.
Gabriel vio el movimiento de los camareros y lo utilizó para sacarse de encima a Janette.
—Ya van a servir el postre, Janette. Te parece si mañana nos reunimos para ultimar los detalles de la entrevista.
—Me parece perfecto. Lean de Edimburgo, ha sido un placer conocerte. Espero que seas parte de algún segmento de la entrevista. Tal vez… no sé… darme tu punto de vista de Gabriel como admiradora.
—Cualquier cosa que sea útil a Gabriel, me tiene más que dispuesta.
—Gracias. Que terminen muy bien la noche.
—Buenas noches, Janette… —antes que la periodista se marchara, Gabriel susurró— Y gracias.
—Un placer —dijo, con una leve inclinación, y se marchó por donde llegó. Gabriel volvió a darle su atención a Lean.
—¿Quieres tomar el postre aquí o te gustaría hacerlo en un lugar más privado?