ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Fue la presencia de Andrew lo que la trajo de regreso a la tierra, o al mar, para ser más exactos.

Aunque seguía encadenada a la mirada de Gabriel Grecco, por fin pudo soltarse cuando Jannie y Andrew la flanquearon, y rodearon la mesa por el extremo opuesto en el que Gabriel esperaba que el capitán se acercara a hacer los honores.

Eira y Cat se acercaron hasta Lean y Andrew.

—Perdón… ¿El alcohol está haciendo estragos en mi cerebro y empecé a alucinar… o realmente Gabriel Grecco está aquí? —dijo Cat, mirando intercalado entre su grupo de amigas y el capitán estrechando la mano de la celebridad de moda.

—Está aquí… —dijo Andrew, sosteniendo a su amiga— Me los encontré en el pasillo, a Gabriel y su séquito. Paolo me recordó y luego me vendieron una historia rara… pero cuando dije que Lean estaría loca de contenta de verlo, y Paolo me hizo un guiño cómplice, ya no necesité otra basura.

—¿Por qué no me lo dijiste antes de entrar? —Lean lo miró, desencajada. Andrew estaba a punto de contestarle alguna barbaridad de las suyas, cuando Eira lo interrumpió.

—Bueno, no importa. Gabriel está aquí, en el mismo barco que tú… en el mismo salón que tú… en la misma mesa que tú. ¿Qué vas a hacer, encerrarte en el baño? —La opción no le desagradó del todo pero, ¿qué iba a hacer? Pues en principio, nada.

—No. No voy a escapar.

Tomando la situación en sus manos, se sintió hasta más alta cuando levantó la cabeza y atravesó la barrera que se había formado a su alrededor.

Mirando más allá del hombro del capitán, que lo presentaba a otro hombre que parecía muy refinado y de alta sociedad, logró captar la atención de Gabriel, que pareció excusarse de su anfitrión, y salió a su encuentro.

Cat pasó a su lado, caminó al encuentro con su capitán.

Lean y Gabriel convergieron casi en el medio de la mesa principal.

—Lean…

—Gabriel —Ella extendió su mano para saludarlo y él la tomó como si fuera algo frágil y precioso. Sin dejar de mirarla a los ojos, se llevó esa mano a los labios y presionó los labios sobre sus nudillos.

—No sabía que tenías programado un viaje en crucero. Y qué casualidad que hayamos coincidido, ¿verdad?

—Creo que algo te dije sobre esto anoche, cuando nos conocimos… —Lean lo miró confundida.

—No me dijiste nada de que irías a un crucero. Lo recordaría.

—No. No sobre el crucero, sino sobre las causalidades. Ahora, Lean, ¿me honrarás con tu compañía esta noche?

—Que estemos aquí, juntos, en esta mesa, ¿también es una “causalidad”?

—le dijo, mientras aceptaba la silla que Gabriel tan caballerosamente estaba moviendo para que ella ocupara.

Grecco se rio discreta pero genuinamente, y una vez que ella estuvo sentada y acomodada, deslizó las manos del respaldo de la silla a sus hombros, y se inclinó para hablarle al oído.

—Tengo bastante poder y bastante dinero, pero no…

hay algunas cosas en las que debo confiar en la divina providencia —Su aliento cálido envió una ráfaga de pura y cruda lujuria por su columna.

El calor de sus manos se filtró a través del encaje de su vestido, consumiendo hasta sus huesos.

Ese hombre tenía un poder sobrehumano sobre ella.

Se sentía a la deriva y al mismo tiempo segura y tranquila, cuando estaba bajo su influjo.

Para distraer su mente y recuperar el control, miró a lo largo de la mesa y ubicó a sus amigas.

Cat estaba sentada a la derecha del capitán y junto a un hombre con el que conversaba animadamente.

Junto al distinguido caballero estaba Eira y a su lado un increíble tripulante en uniforme de gala, idéntico al que vestía el capitán a diferencia de los galones del rango.

Andrew y Jannie estaban casi al final de la mesa, conversando con Paolo, que la saludó de lejos con un movimiento de la cabeza.

Cuando estuvieron todos sentados, los camareros encargados de la atención esa noche, comenzaron a moverse entre las mesas, partiendo de la principal hacia las colindantes, distribuyendo los menús, sirviendo bebidas de aperitivo antes de la primera entrada y tomando los pedidos a aquellos que ya habían decidido. No era su caso.

—Buenas noches, ¿puedo ofrecerles un aperitivo? —Gabriel la miró y ella negó con la cabeza mientras se entretenía con el suculento menú.

—No —dijo Gabriel.

Cuando el mozo volvió a dejarlos solos, Lean se inclinó un poco hacia él y le habló sin dejar de leer los nombres de los platos.

—Entonces… ¿A qué milagro de la divina providencia debemos agradecer que estés en el mismo barco donde nosotras estamos? —Levantó solo los ojos para mirarlo y lo vio sonreír pícaramente.

—Bueno… Un evento de último momento. Teníamos pautada una entrevista exclusiva muy importante y la producción pensó que este era el lugar indicado para hacerla —Recordó las palabras de Andrew y su descripción de las razones de Gabriel: Ahora le querían vender a ella una historia rara.

—Muy de último momento, porque Paolo tampoco me comentó que estarían aquí, y él sí conocía el nombre del barco y la travesía que hacíamos.

—Paolo tiene tantas cosas en la cabeza… pobre… —se lamentó Gabriel, sin mucha gracia, por supuesto—. Lean, no quisiera que te sientas incómoda con mi presencia.

Una ráfaga de pánico le borró la sonrisa confiada y la soberbia prestada.

—No… no es eso…

—Sé que estás en unas merecidas vacaciones, compartiendo con tus amigas, no es mi intención distraerte de su compañía ni de tu objetivo final…

—Se quedó mirando como una tonta esa boca de labios gruesos que eran una promesa de besos de ensueño.

Esa boca que besó en sueños, en medio de la noche. Pestañeó.

—Sí. Vine a Italia con un sueño que está a punto de terminar de cumplirse… —Gabriel sonrió confiado y Lean prosiguió—. Mis amigas y yo, este barco… Este recorrido de ensueño… y…

En ese momento el capitán interrumpió y agradeció a todos la presencia y compañía.

Todos aplaudieron sus palabras. Agradeció especialmente a las celebridades que los visitaban por aceptar la invitación a su mesa, mencionándolos uno por uno.

A Gabriel lo notó visiblemente incómodo al incorporarse un poco y saludar con la mano a los demás comensales.

Hubo gritos y silbidos de aprobación. Cuando volvió a sentarse, ya no tenía su brazo en el respaldo de su silla y se había alejado de ella.

Toda su iniciativa de avanzada se evaporó.

Así empezó la cena.