ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Bajaron por elevador hasta la cubierta cuatro.

El trayecto fue rápido y silencioso. Una vez arribados, Eira siguió al jefe de seguridad dos pasos atrás, admirando como el uniforme blanco se ajustaba con precisión a su cuerpo esbelto y trabajado.

Si Cat estuviera a su lado ya hubiera dicho algo de sus nalgas y como ese pantalón se adhería a su cuarto trasero cada vez que daba un paso largo. Se rio sola.

—¿Cómo es la maleta?

—Louis Vuitton. My LV Heritage. Grande, muy grande.

—Louis Vuitton. Clásico… —repitió él.

—¿A dónde vamos?

Llegaron a un pasillo donde las entradas parecían de camarotes pero tenían otra señalización. Como oficinas. Nunca hubiera imaginado que había oficinas en un crucero. El jefe de seguridad más sexy de esas latitudes y longitudes golpeó la puerta suavemente con los nudillos y esperó respuesta.

—¡Adelante!

Abrió la puerta y le hizo un gesto con la mano para que pasara.

Se encontró frente a frente con el Capitán.

El hombre, que se había presentado con mucha formalidad e interés cuando subieron al barco, la miró de arriba abajo y ella se maldijo internamente.

En el momento en que necesitaba parecer una diosa sexy como Cat, para conseguir que los hombres hicieran de sus deseos, órdenes, con solo chasquear los dedos, ella estaba vestida como una refugiada recién rescatada del mar. El capitán miró a su jefe de seguridad.

—¿Kier?

—Disculpe, Capitán. La señorita Walker acudió a mí por un grave inconveniente con su equipaje. —El capitán la miró, desconcertado primero, y luego se suavizó notoriamente. Eira miró a Kier por sobre el hombro.

—Señorita Walker… usted dirá cómo puedo ayudarla.

—La maleta de mi amiga desapareció. —El capitán enarco una ceja, esperando más detalles. Le pareció una buena idea remarcar lo que dijo Cat sobre el contenido— Cientos de miles de libras en ropa de alta costura, carteras y accesorios. Los zapatos iban en otra maleta, gracias a Dios.

Los dos hombres sonrieron y ella se contuvo, intentando darle seriedad al asunto.

—¿Qué dijo Pietro?

—Que tenemos que esperar una hora para…

—No podemos esperar una hora para recuperar una maleta tan importante… —El capitán levantó el teléfono que estaba en su escritorio, marcó cuatro números y de inmediato se puso a hablar.

—Pietro. Aquí su Capitán. ¿Tiene un reclamo de equipaje extraviado? ¿Camarote 8039? Quiero que se localice la pieza y que esté en manos de su dueño en cinco minutos. ¿Entendido? Esta noche quiero saber quién ha sido el responsable del descuido y se las verá conmigo directamente.

Eira abrió los ojos y retrocedió un paso. Tampoco era su intención que alguien perdiera el trabajo por una maldita maleta, por muchos millones que contuviera en ropa.

—Disculpe… capitán… En verdad le agradezco la gestión y la celeridad pero es algo que puede suceder. Es solo que… mi amiga…

—Su amiga… ¿Qué, señorita Walker?

—Bueno… yo… —Ahora se sentía una tonta. Miró a Kier, que le sonrió discretamente. El capitán avanzó hasta quedar muy cerca de ella.

—Hagamos una cosa, porque no puedo permitir que un inconveniente de este tipo arruine el comienzo de una travesía en mi barco. Me gustaría invitarla, a usted y a su amiga, por supuesto, a compartir la cena de gala de esta noche en mi mesa.

—Oh…

—Y dadas las circunstancias, no puedo aceptar un no como respuesta.

Eira miró alternadamente al capitán y al jefe de seguridad; trató de pensar como Cat.

—No creo que sea posible. Se lo agradezco, pero no…

—¿Por qué no?

—No somos solo nosotras dos, vinimos de vacaciones con tres amigos más y es nuestra idea compartir todo, juntos. No sería justo separarnos de ellos la primera noche.

—Eso no es ningún inconveniente. Están todos invitados, por favor. —Eira se iluminó— Kier, por favor, indícale a Solicity que tome nota de los nombres y camarote de los invitados. Los espero a las diez en mi mesa.

—Muchas gracias, capitán —le retribuyó, extendiendo la mano para saludarlo. Él la tomó firmemente.

—Por favor, señorita Walker. En mi barco todos tienen la primera obligación de pasarlo bien. Y mi primera obligación es que todos puedan hacerlo.

—Gracias.

Se despidieron y Kier escoltó a Eira hasta la mesa de conserjería, donde una empleada, Solicity, tomó nota de los datos de ella y sus amigos para esa noche. Luego la acompañó a los elevadores.

—Nunca pensé que terminaríamos cenando en la mesa del Capitán. Muchas gracias por su ayuda.

—Ha sido un placer.

—¿Algún requerimiento especial de etiqueta?

—Es la única noche donde se pide a los hombres que asistan con traje o esmoquin y las mujeres de largo. En nuestro caso, uniforme de gala.

—¿Usted asiste?

—Sí. Tengo el privilegio de estar en la mesa del Capitán.

—Entonces nos veremos esta noche…

—Eso espero.

—Hasta la noche, señor Byrne.

—Hasta la noche, señorita Walker.

Kier le abrió la puerta del elevador y Eira miró adentro. Le hizo un gesto negativo con la mano y buscó las escaleras del costado. Subió corriendo porque necesitaba descargar un poco de tensión de los diez minutos más intensos del día. ¡Dios! ¡Los chicos la iban a amar por lo que había conseguido!