ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

—Disculpe, señor.

Kier Byrne, en todo su modo jefe de seguridad del Crucero Acmar Quest, se dio la vuelta esperando encontrar alguna de las ancianas perdidas en los pasillos, intentando encontrar su camarote, o alguna mujer plástica recién divorciada de su tipo rico, queriendo meterse en sus pantalones blancos.

Pero no, se encontró con una ninfa enviada por los dioses, con todo el aspecto de damisela en desgracia, escapando de piratas en unas cortas calzas ajustadas y una camiseta sin mangas que se pegaba a su piel transpirada.

Respiró profundo para no delatarse. Le tomó un segundo retomar sus funciones y papel, porque lo dejó completamente desarmado.

—En qué puedo ayudarla, señorita…

—Eira Walker, buenas tardes —dijo ella, extendiendo su mano para saludarlo.

No era parte del protocolo pero no se iba a perder la oportunidad de tomar contacto.

Sostuvo su mano brevemente y aprovecho para mirarlas.

Sin anillo. Podía ser un buen indicio de ser soltera.

En su mente algo se encendió. ¿No era ella parte del último grupo de mujeres que subió al barco y había llamado la atención del capitán?

Las había estado buscando para hacerles una invitación formal a la cena de esa noche, a su mesa, pero se habían perdido en la multitud.

Sonrió para sus adentros. Podía ser una muy buena oportunidad para anotarse varios puntos con el capitán y lograr sentar a Eira a su lado; esa noche le tocaba estar en la mesa, en el brindis inaugural.

—Tengo un problema.

—Dígame, señorita Walker. Estoy aquí para ayudarla —Ella sonrió aliviada y su brillo le llegó al alma. ¿Era eso posible?

—Estoy en el camarote 8039 y no han entregado una de las maletas de nuestro equipaje. Es de mi amiga, y de verdad es muy… muy importante que aparezca.

—Muy bien. Permítame ver que puedo averiguar.

—De verdad, señor…

—Kier Byrne. Jefe de seguridad.

—Bien… Sí… Señor Byrne. Este es un problema de vital importancia. ¿Recuerdas el simulacro de hace un rato? Bueno, vamos a tener que ejecutarlo si la maleta no aparece. Esto va a ser peor que el hundimiento del Titanic.

Kier no pudo evitar la carcajada.

—Bueno, tranquila. Aguarde un minuto, por favor.

Mientras la muchacha intentaba controlar su respiración, Kier estaba hipnotizado con el subir y bajar de su pecho, con una gota de sudor bajaba por su cuello y él estaba anticipando el recorrido que iba a hacer. Tomó su handy, tecleó un número y activó la llamada en el altavoz.

—Pietro. ¿Me copias? Tengo a la pasajera del camarote 8039 reclamando una maleta extraviada. ¿Podrías confirmar si todo el equipaje está entregado?

—¿Tiene el ticket de equipaje? —Kier la miró de arriba abajo, aprovechando la pregunta, confirmando que no llevaba el ticket a simple vista. Ella negó con la cabeza.

—No. ¿Hay algo que haya quedado sin entregar?

—Los bagboys están regresando. Tardarán una hora en reportar faltantes y omisiones.

Eira se apoyó en la pared del pasillo y se cubrió el rostro con ambas manos. Kier le sostuvo la muñeca, mientras terminaba la comunicación. No me ocultes tu bello rostro, princesa.

—Necesito que agilices la búsqueda. Son pasajeros VIP. Voy para allá.

Kier enganchó el Handy en el cinturón de su uniforme y se acercó a Eira. Le bajó la mano y se inclinó para buscar su mirada.

—Venga conmigo. Sé de alguien que hará que su maleta aparezca como por arte de magia…

—¿Dios?

—¿Arriba de este barco? Sí. Dios.