ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 7
48%

Capítulo 7

—¡Dios! ¡Esto era justo lo que necesitaba!

Cat salió envuelta en una esponjosa blanca bata y una toalla envuelta en la cabeza. Se estiró como un gato que recién se levanta.

—Esto es vida… Y por desgracia no me da tiempo para dar una vuelta por el spa, si no ya estaría disfrutando de unos masajes antes de la primera cena en este increíble barco.

—No seas ridícula, hace solo dos horas que subimos al barco. Los servicios seguramente comiencen mañana. Ahora la tripulación debe estar organizando todo.

Eira, sin embargo, no había desperdiciado su tiempo.

Después de la recorrida que habían hecho todos juntos, y asumiendo que su compañera de cuarto pasaría horas debajo de la ducha, se calzó sus deportivos y fue una de las primeras usuarias del magnífico gimnasio.

Correr sobre la cinta mirando al mar, con la música clamando en sus audífonos, fue una experiencia reconfortante.

Cada minuto que vivía en ese barco era una caricia para su alma, sin dudas una de las mejores decisiones que había tomado en su vida, pese a las circunstancias, que bajo ningún concepto iba a enumerar porque no quería arruinar el momento.

Vestía unas diminutas calzas negras y una camiseta sin mangas haciendo juego; su cabello sostenido en una cola alta se había aflojado y varios mechones habían escapado, húmedos, sueltos.

Se dejó caer en la cama leyendo el folleto que les habían entregado y contenía toda la información del barco: los servicios, ubicación de los principales lugares, horarios, etc.

—Eira, querida… —continuó Cat, sonriendo a su imagen en el espejo— Me extraña. No tengas dudas que, si yo hubiera querido un masaje, a las dos horas de haberme subido al barco, lo hubiera conseguido.

—Seguro… — le respondió, distraída.

—¿Viste al capitán? ¡Voy a vestir para matar esta noche! ¿Ya decidiste que te vas a poner?

—No traje mucho. De seguro un vestido negro y dorado con sandalias doradas también. ¿Y tú?

—Todavía no me decido. Traje tanto que…

La voz de Cat se perdió en un murmullo ininteligible. De pronto se alzó como increpándola, recuperando toda su atención.

—… tres… cuatro… Eira, cariño, voy a decir esto una sola vez. Nos conocemos hace mucho y de verdad quiero tener una travesía en paz, divirtiéndome y pasándolo bien.

Cuando levantó los ojos de la brochure que estaba leyendo, la vio con las manos en la cintura y el ceño fruncido.

— Todas queremos eso, Cat...— retrucó.

—No me estás entendiendo… No me gustan, ni me causan gracia las bromas, así que…

La rubia se llevó los dedos índice y pulgar al puente de la nariz, presionando con fuerza como para detener una hemorragia.

—¡Devuélveme la maleta que falta!

—¿Perdón?

—A ver… la ecuación es simple y con tus conocimientos en números deberías poder seguirme fácilmente.

Cinco maletas mías y dos maletas tuyas suman siete.

¿Cuántas hay aquí? Contemos juntas, por favor: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…

¡Falta una maldita maleta! ¿Y sabes qué?

No es la que tiene los trajes de baño. Si fuera así, convierto este crucero en un barco nudista.

¡No! ¡Es la que tiene lo más importante de todo!

Y no hablo de documentos y dinero. Hablo de mis vestidos de diseñador, Eira.

¿Sabes lo que eso significa? ¡Miles de Libras en vestidos, pañuelos y carteras!

Vera Wang, Hermes, YSL, Givenchy, Tom Ford y puedo seguir.

Así que te pido… ¡Por favor! Que me devuelvas la maleta que falta.

—Cat, tranquilízate, por favor. Ya va a aparecer.

—¡Andrew! —dijo, como iluminada por una idea— ¡Seguro que fue él! ¡Ve a ver si es así, porque si voy yo a su habitación y la encuentro ahí, te puedo asegurar que correrá sangre!

—Bueno, tranquila. Yo me encargo. ¿Puedes decirme cómo es?

—Es una Louis Vuitton modelo Horizon My LV Heritage, la más grande.

Mientras Cat se abanicaba con las manos después del inesperado arranque de furia, Eira tomó el teléfono y marcó cuatro números, tal y como había leído hacía un momento en el instructivo de a bordo, para llamar a otro camarote.

En el de Andrew no contestó nadie, así que intentó con el de Lean y Jannie, que estaban comunicados.

—Hola, Jannie

—¿Eira?

—Sí, soy yo. Escucha, tengo que pedirte un favor. Es urgente.

—¿Qué pasó?

—Necesito que vayas a la habitación de Andrew y me digas si hay una maleta de Louis Vuitton. No le digas nada, solo espía si está ahí.

—¿Se perdió alguna de las maletas de Cat?

—Sí…

—Ok. Dame un minuto.

—Te espero. Gracias. —Dos minutos después...

—Hola. Ya miré. Solo está su equipaje y un gran desparramo de ropa.

—Ok. Gracias. Nos vemos después.

Eira inspiró y se armó de valor.

—Nop. No hay ninguna maleta.

—Eira, por el amor de Dios, ¡Ayúdame a encontrar esa maldita maleta! Puedo morir sin ella…

—Sí, ya sé: “Primero muerta antes que sencilla”. Quédate tranquila. Hagamos una cosa: Empieza a prepararte mientras yo intento ver si la puedo encontrar. Pero te digo algo: si la encuentro, ¡Me vas a deber un favor muy grande!

—¡Lo que quieras!

—¡Ok! Recuerda que trabajas en Recursos Humanos y yo estoy desempleada.

—¡Eira Walker, si encuentras mi maleta te juro que te nombro directora de finanzas de lo que sea que vaya a hacer de mi vida laboral!

—¡Ay, Cat! ¡Si serás exagerada! No pretendo tanto. Enseguida regreso.