Capítulo 6
Viajaron al puerto de Civitavecchia en una minivan para poder acarrear todo el equipaje; solo Cat llevaba cinco maletas en juego de la última colección de Louis Vuitton.
Hicieron los trámites de migraciones, obligatorio como en todo crucero que navegue aguas internacionales, despacharon el equipaje y subieron la escalinata del imponente Acmar Quest a las seis en punto, con el vapor en marcha.
Las cuatro con anteojos oscuros, escoltadas por Andrew, que mostraba su costado más masculino y sexy, acapararon la atención de todos a bordo, pasajeros y tripulación.
Junto a la encargada de recibirlas, estaba un hombre vestido de blanco que por los galones en sus hombros debía ser el Capitán.
Después de la cordial fórmula de bienvenida, el hombre dio un paso para saludarlas, a todas, pero extendiendo su mano indefectiblemente hacia Cat.
—Buenas tardes. Bienvenidos al Acmar Quest. Será un placer para mí hacer todo lo que esté a mi alcance para que su travesía sea inolvidable.
—Gracias —dijo Andrew, aunque el capitán jamás lo miró.
—Gracias —le contestó Cat, bajando sus anteojos oscuros para dedicarle una sensual mirada apreciativa.
Cat avanzó, liderando al grupo. Andrew se le acercó y se apoderó de su mano, para luego enlazarla en su brazo.
—Ya tienes comiendo de tu mano al capitán del barco. Siempre he creído que me las sé todas en materia de seducción, pero me vas ganando —Cat se rio y palmeó la mano de Andrew.
—Descuida, mi joven padawan, para mí será un placer instruirlos a todos en las artes del disfrute y el placer sin culpa.
Antes de zarpar se realizó el simulacro de evacuación obligatorio, donde se explicó el acceso a botes, salidas de emergencia, ubicación, uso y colocación de chalecos salvavidas. Personal del barco les entregó folletos explicativos y respondió todas las dudas al respecto.
Las chicas se dirigieron a las barandas, como el resto del pasaje, y disfrutaron del espectáculo de la salida del crucero, alejándose lentamente del muelle. Tomaron fotos, bromearon y empezaron a mezclarse con la gente, recorriendo las cubiertas comunes del barco.
No fue sorpresa que Eira y Andrew quedaran impactados con el moderno gimnasio, perfectamente equipado, que estaba en la cubierta nueve.
En el mismo espacio, Cat admiró el salón Spa y la piscina de Talasoterapia.
Fue una promesa implícita que todas pasarían aunque fuera una mañana en ese lugar.
Incluso había un sector de acupuntura. Lean se enamoró de la hermosa biblioteca que estaba en la cubierta diez, entre los restaurantes exclusivos Aqualina y Prime C.
Jannie se quedó parada frente a un enorme cartel que anunciaba que una de las películas de James Bond, “Spectre”, se exhibiría durante las tardes en el Cabaret Lounge ubicado en la cubierta cinco.
También había opciones para niños y cine clásico italiano.
Nada que a ella le interesara. Andrew la sostuvo desde atrás y le habló al oído:
—Ni se te ocurra desperdiciar un día de sol para meterte en un cine. Hazlo en Edin.
—No sabía que podía haber un cine en un barco.
—No tienes idea la cantidad de cosas que tiene “este” barco.
Cuando la gente empezaba a dispersarse, dirigiéndose a sus camarotes, las cuatro amigas y su fiel acompañante se dirigieron a la cubierta once para contemplar el crepúsculo.
Con sus bebidas favoritas en mano, Aperol Spritz para Cat, Cosmopolitan para Eira, Caipiroshka para Lean, Margarita para Jannie y Gin Tonic para Andrew, alinearon sus camastros y vieron como en cámara lenta el sol parecía sumergirse en un mar teñido de naranja, con destellos dorados sobre las tranquilas olas del Mediterráneo.
Era una postal que Lean supo capturar con su cámara profesional mientras ellas embebían sus retinas con ese recuerdo.
—Es como si avanzáramos hacia un nuevo destino, cazando el horizonte. ¿No tienen esa sensación? —dijo Eira sin dejar de contemplar el ocaso.
—Quizá son las cosas que nos han tocado vivir en tan pocos días. Seamos honestas, ninguna de nosotras pensó la semana pasada que estaríamos aquí, los cinco, en la cubierta de un crucero en Italia.
—De todas las cosas locas que podíamos hacer…
—Bueno… mira a Jannie… ella quería irse a la India —dijo Andrew, queriendo reírse a sus expensas— Eso es loco. Adoran a las vacas.
—Como sea —dijo Lean, levantando su trago de Caipiroshka— No hay ningún otro lugar en el mundo en el que quisiera estar ahora. Esto es un sueño hecho realidad y compartirlo con ustedes lo hace el mejor regalo del Universo.
—¡Brindo por muchos regalos más! —dijo Eira.
—¡Brindo por muchos hombres más! —exclamó Cat.
—¡Yo también! —gritó Andrew.
—¡Yo brindo porque Cat y Andrew dejen a algún hombre para el resto de nosotras! —dijo Jannie, achispada.
—¡Apoyo esa moción! —canturreó Lean.
El mejor lugar, el mejor momento, la mejor compañía. El inicio de un viaje que en sí mismo guardaba ese significado. Atravesando el mar, persiguiendo el atardecer, en busca de un nuevo destino.