Capítulo 5
Los cuatro estaban en la piscina adyacente al Spa.
Por supuesto que seguían hablando de la noche de anoche y solo levantaron la mirada cuando ya estaba al borde del agua, todavía con la bata de algodón blanco que les proveía el hotel.
Respiró profundo, vio a Andrew incorporarse, como si hubiese leído su mente, y abrió la bata, mirándolas a todas a los ojos.
Sintió cuando contuvieron la respiración, ellas sabían del accidente y sus cicatrices pero nunca las habían visto, no es que tuvieran mucha oportunidad en un lugar como Edimburgo.
Solo Andrew las conocía. Se miró de cuerpo entero y miró a sus amigas.
—Necesito una opinión honesta —les dijo, con seriedad.
—¡Me encanta ese color de traje de baño! —exclamó Cat, con una sonrisa enorme.
—Es verdad, contrasta divinamente con el tono de tu piel —agregó Eira.
—Te ves preciosa… —dijo Jannie.
Se señaló con ambas manos las cicatrices más prominentes y las tres se encogieron de hombros.
—Tengo otros bañadores enterizos, pero estoy segura de que todas van a ir en bikini… y…
—Usa lo que te haga sentir cómoda, ¿realmente crees que alguien se va a detener en eso cuando vean lo hermosa que eres?
—He visto cosas peores, créeme… —dijo Cat, entre risas, y luego agregó, mirándose las largas uñas rojas:— Si alguien osa decirte algo o hacerte sentir mal, le daré sus propias marcas para que aprendan.
Lean sonrió ampliamente y se metió en la piscina con cascada y movimiento como si estuvieran en el mar. Disfrutaron de la calidez del agua un rato, en silencio, hasta que Eira habló.
—Que noche la de anoche… Dormir tanto te sirvió para tomarte con mucha calma estar en todos los medios digitales de Roma.
—¿Qué? —dijo Lean, incorporándose. Todas la miraron, sorprendidas.
—¿No entraste a mirar nada de lo que publicaron anoche? —dijo Cat.
—No. Ni siquiera lo encendí…
Andrew salió de la piscina y fue a buscar su teléfono, mientras todas convergían en Lean.
—Tus fotos con Gabriel, no solo son Trend Topic en IG, sino que están en los portales europeos especializados en entretenimiento —dijo Jannie, toda una erudita.
—O sea… en las páginas de chismes —completó Andrew, mientras le alcanzaba el teléfono.
Lean recorrió, con la incredulidad grabada en el rostro, todas las páginas que Andrew tenía abiertas en su navegador y después saltó de publicación en publicación dentro de los hashtags, de un sinnúmero de fanáticas como ella, que habían subido su foto. La foto de Lean y Gabriel.
—¿Qué es esto?
—Bueno… evidentemente no solo nosotros vimos lo que pasó entre ustedes.
—Es que… hubo algo… yo lo sentí. No quiero engañarme porque voy a deprimirme si perdí la oportunidad de “algo más” pero…
—Fue como haber protagonizado tu propia película romántica —se solidarizó Eira— Dilo, fuerte y claro, porque fue así. Saltaron chispas sin fricción.
—¿Y qué hago con todo esto? Nos estamos yendo…
—Deja que el destino juegue sus cartas —dijo Eira.
—Y hablando de eso —murmuró Jannie, mirando su reloj— Deberíamos ir a prepararnos…
—¿A qué hora embarcamos?